Capítulo 4: Luces en el cielo.

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Luces en el cielo.



- Bella -

Mi hermana entró en mi cuarto, abriendo la puerta sin tocar y con una enorme sonrisa en su rostro.

—¿Qué haces? —me preguntó confundida al verme junto al armario con el florero en mis manos. —No importa. Ven conmigo, tienes que ver esto.

Me tomó del brazo y llevándome con ella no me dio oportunidad de mirar que o quien estaba dentro de mi armario.

—¡Espera Kate! ¿A dónde me llevas? —le pregunté mientras bajábamos las escaleras.

—Lo verás cuándo lleguemos afuera.

Llegamos afuera de la casa y Adam, Grecia y Clara también estaban allí mirando al cielo con una mirada de asombró. También lo hice y me lleve una gran sorpresa al ver una gran aurora boreal que cubría parte del cielo.

Estaba muy feliz, en mi vida era la primera vez que veía una, siempre quise ver una de ellas, con todos esos preciosos colores... Será uno de los momentos que atesorare siempre.

Me encontraba maravillada mirando los hermosos colores de la aurora moviéndose por el cielo que por un segundo se me olvidó lo sucedido en mi habitación hace unos momentos. Con mi curiosidad tocando la puerta, entré a la casa y subí las escaleras corriendo hacía mi cuarto... Para cuando llegué a la puerta que había quedado abierta lo que vi hizo que mi rostro palideciera y mi cuerpo se enfriara en un segundo.

La puerta de mi armario estaba completamente abierta y mi habitación no se encontraba nadie más que yo.

Sentí una mano fría tocar mi hombro y me asusté demasiado, volteé velozmente y el miedo se fue al ver quien era la persona que quería captar mi atención.

—¡Oye! —dijo Adam. —¿Estás bien? ¿Por qué subiste así?

—Yo, este... —no quise decirle nada en ese momento, tal vez todo estuvo en mi imaginación así que solo le dije: —Pensé que se vería mucho mejor desde mi balcón.

Él entró y fue a abrir la puerta del balcón...

—Tienes toda la razón, ven a ver esto —me dijo.

Me acerqué y toda era mágico, era perfecto, quería que ese momento durase para siempre.

—Oye Bella, eso de allá ¿Qué es? —preguntó señalando algo al horizonte y yo miré.

—Eso... Parece fuego —dije. —¿Es fuego?

—Sí eso parece. —me lo confirmó.

—¡No, no, no! ¡La señora Diana! —grité.

Me fui corriendo y él vino tras de mí, bajamos corriendo las escaleras... Salimos de la casa y yo salí corriendo en dirección a donde el fuego se encontraba, la dirección era la misma que debía tomar para ir la pequeña cabaña de la señora Diana. Recé para que lo que estaba pensando no fuera cierto. Adam comenzó a seguirme, las chicas nos vieron correr y también nos siguieron.

—¿Qué pasa? Bella... ¿Qué está ocurriendo? —preguntó mi hermana.

—Creo que la casa de la señora Diana se está incendiando —le dije.

—¿Quién es esa señora? —preguntó Grecia.

—Después te digo, primero tenemos que salvarla —le dijo Kate.

Corrimos y llegamos rápido, como me lo temía, la cabaña se encontraba totalmente prendida en llamas, dentro de ella se podía ver una sombre intentado salir, era Diana que seguramente estaba desesperada por salir del fuego que la rodeaba.

Adam notó mi rostro preocupado y marcho hasta la puerta de la cabaña, la derribó de una sola patada y cubriendo su nariz con la camiseta blanca que tenía puesta entró...

—¡No lo hagas Adam! —le gritó Grecia.

Pero ya era demasiado tarde, ya Adam estaba Adentro... Pasaron un par de minutos, de entre los cuales las chicas y yo estábamos preocupadas y deseando que Adam y Diana salieran sanos y salvos de ese lugar... Vimos dos figuras en medio del fuego acercarse.

Adam traía a la señora Diana, que estaba inconsciente, cargada en sus fuertes brazos, vino hasta nosotras y dejando a Diana en la nieve comenzó a darle primeros auxilios.

De un momento a otro los bomberos del pueblo llegaron, todos nos miramos confundidos pues ninguno de nosotros los había llamado, obtuvimos la respuesta cuándo vimos a nuestros padres acercarse a nosotros.

James y mi padre se aproximaron a nosotros para ayudar pero ya los bomberos se estaban encargando.

Un rato después ya habían logrado apagar el fuego y solo quedaba la madera mojada y quemada, la cual producía un olor asqueroso en todo el ambiente que estaba cercano.

—¿Quién es esa señora? —me preguntó Adam.

—Bien... para resumir, ella siempre nos cuidaba a Kate y a mí cuando éramos más pequeñas —le dije. —Ella es cómo una abuela para mí.

—Que tierno es eso —comentó.

—La señora acaba de reaccionar —nos contó uno de los bomberos que se acercó a nosotros.

Fui a hablar con Diana que se encontraba entre llantos y lamentos, la abrasé y lo único que pude decirle en ese momento fue que todo estaría bien.

—Gracias por rescatarme —le dijo a Adam. —No sé qué sería de mí ahora sin tu ayuda.

—No hace falta que me agradezca señora, sentí que tenía que hacerlo —dijo Adam mientras pasaba su mano por detrás de su cabeza.

Mi madre se nos acercó y antes de que pudiera decir algo le pregunté:

—Mamá ¿Dónde va a quedarse?

—Tranquila hija, ella vendrá con nosotros, no te preocupes por nada —me dijo sonriendo.

—Muchas gracias pero no quiero incomodar a nadie —dijo Diana que ahora estaba más calmada.

—No lo hará, será un placer tenerla en nuestra casa —le dijo mi papá.

—No quiero parecer mala ni nada parecido a eso pero —comentó Anna. —¿Dónde dormirá?

—Se quedara conmigo —contesté dándole un abrazo a Diana.

—Gracias mi niña —me dijo. —tú nunca cambias, siempre serás esa pequeña niña bondadosa y de corazón enorme que conozco.

Cuando todo paso y Anna y nosotros dimos declaraciones a los bomberos y la policía que había llegado para ese entonces, nos pudimos ir a casa. Cuando llegamos ayudé a mi abuela postiza a subir las escaleras hasta mi habitación, ella se dio un baño y mi madre le prestó algo de ropa. Yo dejé que durmiese en mi cama y yo en cambio dormirá en el pequeño sofá cama amarillo que estaba en mi cuarto.

Me fui a dormir tranquila sabiendo que Diana estaba bien, en cuanto cerré mis ojos ya no supe más del mundo hasta el día siguiente.

Al día siguiente la policía tocó a la puerta muy temprano en la mañana y mi madre fue a abrir la puerta, llamó a mi padre y junto con los oficiales se encerraron en la biblioteca que también le servía de oficina a mi papá.

Para cuando desperté la señora Diana seguía dormida, ya los policías se habían marchado dejando a mis padres muy preocupados. Me levanté de la cama y entré al baño tratando de no hacer ruido para no despertar a Diana, me preparé, me vestí y bajé. Cuando llegue abajo mis padres me miraron y mi madre dijo:

—Hija tenemos que hablar contigo.


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