Capítulo 1: La llegada.

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La llegada.

- Bella -


Aún puedo recordar cómo se sentía el viento cuando golpeaba mi pálido rostro, cómo se sentía el agua cuando recorría mi piel cada vez que nadaba en el lago cercano a mi casa, cómo era jugar en la nieve junto a hermana... Ahora solo puedo sentir un terrible frío.

—¡Su pulso está bajando! —oí decir a los doctores. —La estamos perdiendo...

Quizá deba comenzar por el principio, contarte mi historia desde el día en que todo comenzó.

Recuerdo que era una noche de esas frecuentes en el invierno donde el cielo rugía, la nieve caía por montones y no se lograba ver nada por el empañado y frio vidrio de la ventana.

Estaba sentada junto a la cálida chimenea de la sala, mi padre estaba sentado en su sillón leyendo un libro en el cual estaba más que concentrado; el teléfono sonó y mi madre dejó su labor en la cocina para venir a contestarlo mientras que mi hermana bajaba corriendo las escaleras pensando que era su novio quien llamaba...

- En el teléfono -

—Buenas noches —dijo mi madre seguido de: —¿Con quien desea hablar?

—¿Hermana mía eres tú? —contestó una voz masculina del otro lado la bocina.

—¿James? Cuánto tiempo sin escucharte hermano. ¿Cómo estás?

—Estoy muy bien —le respondió. —¿Cómo están tu y mis sobrinas?

—Todos estamos muy bien ¿Me escuchas? —preguntó. —Se escucha entrecortado por la tormenta.

—Sí lo sé, seré breve, estoy en el pueblo con mi nueva esposa y sus tres hijos, mis hijastros y necesitamos un lugar donde quedarnos por ahora.

—James, tu sabes que mi casa también es tu casa —dijo mi mamá con ternura en su voz.

—Gracias hermana —agradeció mi tío con algo de pena. —Entonces llegaremos mañana por la mañana.

—Está bien James, te esperamos a ti y a tu familia, te quiero.

- Colgó la llamada -

Luego de colgar mi madre tomó camino hacia nosotros con pasos felices para contarnos que el tío James llegaría después de que se asomara el sol.

Ya con sueño me levanté, me despedí de mis padres con un beso y subí las escaleras junto a Kate para ir a dormir, pensando en que mi tío no me veía desde que era una niña y que seguro se sorprendería.

Al día siguiente desperté gracias a un dulce beso en la mejilla que mi madre me dio.

—Hija —me llamó. —Levántate que ya tu tío y su familia están aquí... Lávate y vístete que quiere verte —me indicó.

—Está bien mamá, en un rato bajo.

Ella salió de mi habitación y cerró la puerta con delicadeza tras su salida, yo me levanté de la cama y me dispuse a ir al baño, lavé mis dientes y tomé una ducha rápida con agua tibia.

Cuando salí del baño tomé el secador de cabello y sequé y peine la que era mi hermosa cabellera rubia, me hice una perfecta trenza la cual pasé por mi hombro izquierdo, tomé un precioso vestido de color rojo que mi madre me había regalado en mi cumpleaños y me puse unas sandalias negras muy lindas y cómodas; no me puse maquillaje, hasta ese entonces nunca lo había usado y sin embargo siempre las personas que me rodeaban solían decir que era muy hermosa; cosa que hacia arder mi sangre y tornar mis mejillas de un intenso color rojizo.

Salí del cuarto y tomé camino hacia el borde de las escaleras, coloqué mi mano en el pasamanos y comencé a bajar... Al llegar al final, lo que vi en ese momento me sorprendió muchísimo.

Mi madre quien se veía muy hermosa estaba de pie junto a mi tío James, él estaba completamente diferente a como lo recordaba, la última vez que lo había visto era un señor barbudo y gordo... Esta vez era un hombre muy guapo, atlético y con la barba recortada con lo que se podía apreciar más su rostro que tenía facciones muy agraciadas.

Me acercaba a ellos y mientras pude ver a su esposa, ella era una mujer muy bella, de cabello castaño y ojos claros, Anna era su nombre... A pesar de que sus ojos eran despampanantes tenía una mirada tan fría que podía congelarte y ponerte nerviosa; apenas la vi supe que ella era una mujer llena de secretos.

Las personas siempre me decían que me caracterizaba por mirar más allá de lo que ven los demás en una persona. Tan solo con ver sus ojos podía saber qué tipo de persona era. «Los ojos son la ventana del alma»

Después, detrás de James estaba una de sus hijastras, una chica de mi misma edad, diecisiete años, Grecia que al igual que su madre era castaña y de ojos claros. Aun más atrás estaba Clara, ella era la menor de sus hijastros, tenía dieciséis años al igual que mi hermana, esta era rubia y con unos ojazos verdes grisáceos que al mirarte ya sabias que era una chica llena de muchos complejos a pesar de ser muy linda.

Y por último... Lo vi a él... Él era apuesto, su cabello era tan rojizo cómo el fósforo, era alto y en serio muy guapo, con ojos verdes y una sonrisa de esas que hacen latir tu corazón muy rápido; él tenía diecinueve años.

Mi padre se acercó a mí y abrazándome me dijo al oído.

—Hija, tu tío puede estar muy cambiado pero sigue siendo el mismo idiota de siempre — dijo añadiendo una pequeña risa ahogada.

Yo tan solo me limite a sonreír y mirar a James.

—Hola tío James —dije abrazándolo. —Te he extrañado un mundo, estás tan cambiado, no puedo creerlo.

—Bella, quien no lo cree soy yo —dijo. —Vaya que en serio le haces honor a tu nombre, estas mucho más hermosa que antes —agregó mientras me devolvía el abrazo. —Ven te presento a mi esposa y a mis hijos que no son míos pero los quiero como si lo fueran.

No le di mucha importancia a las cosas que me dijo, solo quería saber el nombre de ese chico sentado en el mueble mirando perdidamente por la ventana.

— Y este muchacho que ves aquí es Adam —dice James cuando mi hermana lo llamó para saludarlo.

Adam solo volteó a mirarme, lo hizo de arriba abajo para luego volver a ver por la ventana... Me sentí extraña mientras lo hacía. Para cortar el silencio que se había creado le dije:

—Hola ¿Cómo estás? Soy Bella.

—Sí, ya lo sé —dijo sin mirarme. —He escuchado a James, mientras te saludaba.

—Bien, espero te sientas bienvenido —dije y luego me alejé.

Adam tenía un aire de misterio, tal vez por no haberlo visto a los ojos sentía eso, quería hacerle muchas preguntas... Saber de él, pero su indiferencia hacia a mi me hizo saber que ese no sería el momento.


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