Capitulo XII

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Cloe. 

  Jena detecto que nos seguían minutos después de que entramos en la ciudad, para nuestra mala suerte el auto quedo sin nafta y ambas tuvimos que caminar hasta una Estación de Servicio. Quise quedarme a cuidar, en esos momentos no me daba cuenta de lo peligroso que podía ser, solo quería cuidar el auto, pero Jena me lo impidió ya que podrían encontrarme.

Así que comenzamos a caminar, cuando volvíamos al auto ya con la nafta, nos encontramos con la calle cerrada. Ninguna de las dos conoce el barrio, así que tuvimos que preguntar a un policía lo que sucedía, hablo algo de un juego y que debíamos caminar muchas cuadras para llegar al auto.

Fue así como nos perdimos, terminamos a pocas cuadras de un gran estadio y con Jena hablando con Mike.

Un niño pequeño, de unos siete años quizás se acerca a mi lado, sus ojos estaban rojos y las lagrimas caían por su dulce rostro. No pude evitar agacharme hasta estar a su altura y preguntarle que le pasaba, la pequeña criatura me dice que su mamá tuvo un accidente y que él no puede ayudarla ya que es muy pesada. Intento que varias personas lo ayuden, pero nadie le hace caso.

Me enojo la idea, el niño claramente es humilde y pobre. Se nota por su ropa un poco vieja y sucia pero no deja de ser un pequeño inocente en un mundo que descubrí que no es de color de rosa. Su madre es una persona también, necesita ayuda.

Me ofrezco de voluntaria para ayudarlo, miro a Jena quien seguía hablando por teléfono y ella a su vez me mira. Le hice una seña de que volvía rápido y me doy la vuelta para decirle al niño que me guié a su madre. Jena grita algo detrás de mi, pero estoy lo suficientemente lejos para no escucharla.

Espero que no me siga, desde que me escape del hotel donde Drew me mantuvo "secuestrada" tengo una muy buena memoria, no voy a olvidar como volver a Jena. El pequeño niño toma mi mano y me guía a través de las personas, las cuales eran muchas. Sea lo que sea que pasaba hoy en la ciudad, los alteraba mucho.

Pronto el gira y entramos en un callejón sin salida, el olor a basura se hace más fuerte, golpeando mi nariz y resisto la necesidad de taparla para no soltar la mano del niño. Puedo ver la salida, hay algunos contenedores, un par de bolsas por aquí y por haya... Nada más. ¿Dónde esta su madre?

─Lo siento.─ Me susurra el niño. Pisa mi pie y lo suelto con un gemido.

En ese momento el pequeño sale corriendo, su actitud me deja confundida. Miro como huye de mí, hasta quedar frente a tres hombres, uno de ellos le da un papel, el niño lo toma y sale corriendo sin mirar atrás.

Soy una tonta. Realmente lo soy, caí sin problemas en la boca del lobo. No tengo escapatoria esta vez. Comienzo a caminar hacia atrás, ellos sin embargo sonríen y comienzan a caminar hacia mí. Mi pie toca algo y doy un vistazo rápido, un palo. ¡Genial! Puedo usarlo como un arma de defensa.

─Estoy lista─ les digo a esos hombres, una vez que tengo el palo firmemente en mis manos.

Ellos ríen, como si hubieran escuchado el chiste del año. ¿Quieren reírse? Bien, veamos como se ríen con esto.

Aprovechando que están distraídos burlándose de mí, golpeo a uno en la cabeza, automáticamente cae al suelo y no se levanta. Sus amigos dejan de reírse para mirarlo, esperando que se levante, parecen no poder creerlo, es ahora o nunca. Les tiro el palo en la cara y salgo corriendo del callejón, por el mismo camino por donde vine.

Escucho sus gritos detrás de mi, cada vez más cerca, nuevamente la calle esta cerrada. Llas personas ignoran lo que sucede a su alrededor mientras caminan hacia el estadio, parecen felices, riendo entre ellos. 

Miro hacia atrás, los dos hombres vienen corriendo hacia mi, sin pensarlo más salto la vaya de seguridad y camino empujando a todos hasta el medio de la multitud. Comienzo a caminar hacia la misma dirección que todos.


Me siento orgullosa de haber perdido a esos hombres sin ayuda de nadie o eso creía. Siguen corriendo detrás de mi, lo se porque mire atrás cuando escuche a varias personas quejarse, la única razón era porque dos hombres los empujaban para hacerse paso hacia mi.

Comienzo a correr más de prisa, haciendo lo mismo que ellos, corriendo a la gente de mi camino, pidiendo disculpas a todo el mundo y sintiéndome culpable por empujarlos. Hasta que choco con algo duro, o mejor dicho la espalda de alguien.

La persona, un hombre se da la vuelta y me mira, no debe tener más de 25 años, tiene una campera negra de cuero, en realidad iba vestido de negro completamente, sus ojos marrones me miraron con enojo, un pircing en su ceja llamo mi atención más tiempo del necesario. Su cabello negro estaba medio despeinado, me di permiso de mirarlos unos segundos más, por su cuello asomaba un tatuaje. ¡Él tiene un tatuaje! Increíble... Todo en el grita peligro, prohibido, black...

Algo en él llamo más mi atención de lo necesario.

─¿Qué quieres?─ Incluso su voz es hipnotizarte. Abro la boca para responder al mismo tiempo que escucho un grito a mis espaldas. Ellos están cerca.

Atrapar a la Princesa.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora