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2. "Un trágico suceso."

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Pude escuchar unas cadenas retumbar contra el suelo y de pronto, un grito desgarrador inundó el oscuro y largo pasillo donde me encontraba.
Miré a mi alrededor, en busca de algún indicio, pero de lo único de lo que me dí cuenta es de que todo estaba sumido en una completa oscuridad, a diferencia de que,de vez en cuando una bombilla del techo parpadeaba con debilidad.
Bajé la mirada poco a poco y observé mi atuendo, tan solo me encontraba en un camisón blanco y totalmente descalza.
Podía sentir por completo el frío que emanaba del suelo, sin embargo un nuevo grito provocó que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo.
Tragué saliva intentando controlar mi respiración acelerada y caminé despacio, con la intención de alejarme totalmente del lugar de donde provenía aquel horrible y sobrenatural ruido.
Por tercera el grito se hizo presente por todo el lugar y comencé a sentir una continua sensación de agobio y miedo en el momento en el que el estruendo de las cadenas fueron más fuertes que antes, como si se hubieran roto y sea lo que sea que estuviese preso en ellas, quedó libre...
De pronto se hizo el silencio en todo el pasillo, y no se por qué, pero sentí la necesidad de gritar en busca de ayuda aunque sabía perfectamente que nadie se encontraría ahí.
Dejé de respirar cuando de pronto escuché unos pasos detrás de mí.
No debía moverme, sea quien sea no podía verme debido a que todo estaba oscuro.
Cerré mis ojos por unos segundos como si aquello me ayudara a volverme invisible y después de unos segundos, volví a abrirlos.
De nuevo silencio...
Este era el momento perfecto para salir corriendo de ahí.
Comencé a caminar despacio intentando no llamar la atención.
- ¿Te crees que es gracioso jugar al escondite, a ver quien encuentra antes a quien? Sé que estas aquí...- dijo y mi corazón empezó a latir con fuerza, como si fuera a salirse de mi pecho. - Siento tu presencia, te escucho respirar ...- susurró en voz baja. - Incluso puedo escuchar tu maldito corazón latir en estos momentos.
Mis ojos dolían y lagrimas amenazaban con salir. ¿Por que demonios me encontraba aquí? ¿Qué estaba pasando?
- Jenner...- susurró como si estuviera canturreando mi nombre y le pareciera gracioso. Me quedé estática en mi lugar en el momento en el que sentí una fría ráfaga de viento y después... noté su respiración en mi cuello.
¿Cómo había logrado moverse tan rápido?
-¿Alguna vez te has preguntado, que siente una persona cuando está apunto de morir? - susurró en mi oido, como si me hubiese contado un secreto. De pronto una de sus manos se elevó hasta llegar a estar a la altura de mi cuello y sentí algo afilado pasando a lo largo, simulando ser una navaja. Aquello me paralizó por completo.
Comencé a gritar con todas mis fuerzas pero... fue en vano. Solo sentí mi garganta desgarrarse pero ningún sonido salió de ella.
Abrí los ojos y me sobresalté. El corazón me latía con muchísima fuerza, mi cuerpo entero se encontraba temblando con violencia y sentí el frío sudor de mi frente, cosa que me hizo pasar el dorso de mi mano por aquella parte.
Miré hacia arriba y entrecerré mis ojos debido a la luz cegadora del techo. Me encontraba tirada en el suelo, con un horrible dolor de espalada y cuello y de pronto recordé todo lo que había pasado.
Intenté levantarme con dificultad e hice una mueca en el momento en el que sentí un horrible pinchazo detrás de mi cabeza. Comencé a levantarme lentamente ayudándome de la camilla que tenía cerca, y en la que había yacido el paciente que debía haber tenido a mi cuidado.
- Joder... - solté una vez estuve de pie, observando la cama deshecha, con las sábanas tiradas al suelo y los numerosos cables esparcidos por todas partes. - ¡Joder! - volví a decir, tapando mi boca con mi mano derecha, intentando ahogar un sollozo. - Se fue... - susurré negando con la cabeza, sin poder creerme que no había hecho absolutamente nada para impedirle que se llevase a aquel chico.
Después de unos minutos hiperventilando, sin dejar de mirar el desastre en el que estaba sumida la habitación, troté rápidamente hasta la puerta, abriéndola con dificultad debido a los nervios que estaba sintiendo.
Cuando la abrí tiré tanto de ella, provocando que se estrellara de nuevo contra la pared en un ruido que sobresaltó a la enfermera que pasaba por delante de la habitación con un paciente en silla de ruedas.
-¿Pero qué...? - comenzó a decir, mirándome con el ceño fruncido, totalmente sorprendida. - ¿Quién es usted y que hacía ahí metida? - preguntó de manera severa, dejando al paciente a un lado, para después comenzar a dirigirse hacia mí con pasos lentos al ver el estando en el que estaba, y la manera tan rápida en la que mi pecho subía y bajaba. -¿Por qué lleva una bata de médico? Nunca la había visto por aquí... está completamente prohibido que los familiares de aquel paciente entren a verlo. No es horario de visitas. - dijo y yo comencé a negar con la cabeza al ver como me apartaba con suavidad para mirar dentro de la pequeña habitación. -¡Díos mío!
- ¡Ha desaparecido! - grité, comenzando a llorar y después comencé a correr en dirección contraria alejándome de la enfermera.
-¡Espera! - gritó detrás mía, pero no tenía intención de parar. - ¡¿A donde vas?!
Continué corriendo, sin pensar un solo segundo en pararme y hablar con la enfermera, ya que ella no tenía la solución al problema, simplemente lo que quería en esos momentos era ir y avisar a los guardias de seguridad y a todos los médicos que se encontraban de guardia por si alguno de ellos consiguieron detenerlos.
Limpié las numerosas lagrimas que corrían por mi mejilla, sin dejar de correr y comencé a bajar las escaleras con rapidez bajo la atenta mirada de los pacientes, enfermeras y familiares que se encontraban ahí.
Después de terminar de bajar las escaleras, llegando a la última planta, corrí esquivando a numerosas personas y enfermeros que gritaban detrás mía, preguntándome que estaba haciendo.
De pronto sentí como alguien me tomaba de la manga de la bata de médico blanca, provocando que cesara mi paso y forcejeé con la persona, hasta deshacerme de la bata por completo, dejándola entre las manos de la persona que me había detenido para después comenzar a correr de nuevo hacia la puerta de la salida.
-¡Que alguien detenga a esa chica! - escuché a alguien gritar detrás de mi y sentí un terrible dolor en las palmas de mis manos al empujar con fuerza las puertas acristaladas de la salida del hospital.
Una ráfaga de viento fría chocó contra mi rostro con violencia y me quedé ahí parada, respirando con dificultad.
Miré hacia todas partes, en busca de ambos chicos, pero la oscuridad en la que estaba sumida la calle no me dejó ver absolutamente nada. Negué con mi cabeza continuadadamente, siendo consciente del lió en el que me había metido.
-¡Señorita quedese ahí parada! - escuché decir detrás de mi y me di la vuelta lentamente, sin molestarme en ocultar el mar de lagrimas que caían por mis mejillas.
Dos guardias de seguridad estaban plantados enfrente de mí , cada uno de ellos intentando acercarse a mi con lentitud al ver el estado en el que estaba. Detrás de ellos, numerosos médicos, enfermeras y pacientes se encontraban mirándome con total preocupación, sorpresa e incluso miedo, pero realmente no me importaba como me estuvieran viendo en esos momentos.
Llevé ambas manos hasta la altura de mi cabeza y tomé un par de mechones entre mis dedos, negando de nuevo con la cabeza.
- Ha desaparecido... - susurré de nuevo, bajo la atenta mirada de los guardias de seguridad. - ¡Ha desaparecido! - volví a decir, comenzando a sollozar de nuevo. Me dejé caer de rodillas, y en el mismo segundo sentí un insoportable dolor en ellas debido al impacto con el duro asfalto.
- No se preocupe, todo va a estar bien...- comenzó a decir uno de los guardias, mientras se acercaba a mi con lentitud calculando cada pequeño detalle de mi actitud, atento por si me levantaba dispuesta a atacarle. Sabía perfectamente que estaba pensando en eso y también en que era una completa loca en esos momentos, pero no me importó. - Venga, levantase... - dijo, tomándome por el brazo para ayudarme.
Me levanté lentamente y limpié mis mejillas con el dorso de mi mano, sin dejar de llorar, mirando todo lo que estaba pasando a mi alrededor. La gente se había reunido fuera como si de un espectáculo de circo se tratase y yo fuera el payaso protagonista, sin embargo al ver como me dirigía hacia dentro junto con los dos guardias, los médicos ahi presentes comenzaron a desalojar la zona, intentando aminorar la situación, pero yo estaba muerta de miedo en esos momentos y no sabia ni siquiera que hacer o decir.
- Llevenla dentro. - dijo un médico en dirección a uno de los guardias, haciendo una seña con la cabeza hacia el lado derecho. - Voy a examinarla. - volvió a decir, una vez estuve dentro del pasillo del hospital, andando escoltada muy de cerca por uno de los guardias y el médico que estaba dispuesto a examinarme.
Después de un par de minutos, bajo la atenta mirada de los curiosos ahí presentes, entramos en una habitación especial para consultas. El médico se sentó en su silla, enfrente de mi y le hizo una seña al guardia con la cabeza, indicándole que podía marcharse y así lo hizo.
- Tome asiento. - dijo el hombre, tomando un par de papeles entre sus manos. Negué con la cabeza rápidamente y el frunció su ceño. -¿Por qué?
- Tenemos que buscarle... - comencé a decír en un balbuceo apenas entendible. - N-no , no pude evitar que se lo llevase... estoy metida en un buen lío. - Dije y volví a negar con la cabeza. - ¿Que va a pasar ahora?
- Señorita, tranquilicese porfavor. - comenzó a decir el hombre y comencé a respirar hondo, intentando hacerle caso. - ¿Cuál es su nombre?
- Jenner Rose. - dije, después de unos minutos, cuando finalmente me vi un poco relajada y dispuesta a tranquilizarme. - Soy hija de la doctora Anne Rose, ella trabaja aquí.
-¿Anne? - preguntó el hombre y yo asentí en respuesta a su pregunta. De pronto, tomó un teléfono que se encontraba en la mesa grande y tecleó un número. - Avisen a la doctora Anne Rose de que debe acudir a la sala dos, es urgente. - soltó y colgó la llamada.
Se cruzó de brazos con su ceño fruncido mirando cada pequeño detalle del pequeño recinto, esperando pacientemente la llegada de mi madre que ha decir verdad no se hizo esperar por mucho tiempo. La puerta de la pequeña estancia se abrió, y me di la vuelta, enfrentando a mi madre.
Su ceño estaba fruncido en el momento en el que entró, pero al verme ahí, parada en medio y con los ojos rojos, su expresión pasó de una confusa a una de total preocupación. Entreabrió los labios con la intención de decir algo, pero de nuevo sentí mis ojos vidriosos y comencé a llorar.
- Mamá... ha desparecido. - dije y de pronto el entendimiento de las palabras que solté, la invadió por completo ya que cerró sus labios y bajó la mirada al suelo, con la intención de no enfrentar al médico que teníamos ahí parado, lo más seguro.

The devil you know.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora