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Capítulo 24. "Busco el freno, pero ya no está. "

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Toqué mi frente con mi mano derecha, y cerré los ojos con dificultad. Mi cabeza dolía horriblemente, un pitido incesante se instalaba continuamente en mis oídos, al abrir mis ojos, mi vista estaba borrosa y al bajar la mirada, ver las numerosas manchas de sangre en mi ropa y en mis manos, provocaron que mi corazón latiera con muchísima fuerza, como si estuviera decidido en arrancarse el mismo de mi pecho.
Toqué lentamente mis mejillas, con mi dedo índice, y mis ojos se aguaron al ver nuevamente, sangre fresca sobre ellos. De pronto unas enormes ganas de llorar y gritar para quitar toda mi frustración de hizo presente en todo mi sistema, como si aquel sentimiento fuera el prioritario y seguramente así debía ser, por que a medida que pasaban la minutos no aguataba seguir sintiendo este sentimiento de angustia que estaba instalado en mi pecho y se habia adueñado de mis sentidos.

Después de unos segundos en los que aún continuaba mirando mis manos, sentí unos ásperos dedos tocar mi muñeca y al instante levanté mi mentón, topando directamente con el rostro de Jared.
Sus pómulos estaban enrojecidos, sus labios manchados de sangre y agrietados, su cabello marrón estaba cayendo lentamente por su frente sudorosa, mezclandose con aquel líquido que tanto odiaba ver. Su ceño estaba fruncido y su respiración estaba acelerada, pero estaba intentando controlarla. Su camiseta estaba medio rota, y parecía tener la marca de un arañazo sobre ella. La totalidad de sus brazos, estaban enrojecidos y de igual manera, arañados y se podía ver con claridad la profundidad de las heridas que se habían formado. Estaba totalmente destrozado y su rostro se estaba volviendo de un color pálido, como si la sangre lo abandonara y estaba siendo normal, debido a la cantidad de sangre que estaba perdiendo.

Me alejé unos pasos de el, sin dejar de mirarlo de forma incrédula, mis labios estaban entreabiertos, el sudor frío caía por mi frente y mi cuerpo temblaba con brutalidad. ¿Qué demonios había pasado? Aún que la respuesta estaba siendo clara, no estaba preparada para aceptarlo.
Negué lentamente con la cabeza sin dejar de observar a Jared. Mis ojos estaban inundados en lagrimas y apenas podía ver con la cantidad que salían de ellos, mojando mis mejillas por completo.
Me di la vuelta rápidamente, apartándome unos cuantos pasos más de Jared, no podía verle, no podía seguir mirándole, sabiendo lo que había hecho.

Después de unos segundos sentí sus dedos tocar mi hombro suavemente y con cuidado tomó mi brazo y me giró de nuevo, quedando cara a cara con el.
Su ceño continuaba fruncido mientras me miraba, pero no tenía ni un solo signo de enfado por su parte, tan solo podía descifrar preocupación en ellos.

-¿Estas bien?- preguntó en un susurro sin dejar de observar con detenimiento cada facción de mi rostro. Abrí mis labios para hablar pero los volví a cerrar, tomé un poco de aire y después lo solté para tranquilizarme un poco.

-Debes de ser masoquista. - contesté con un hilo de voz después de un par de minutos, mientras limpiaba otra lágrima que caía con rapidez por mi mejilla.

-Bueno, estar contigo es un castigo asi que supongo que si, soy masoquista. - respondió encoginedose de hombros. Fruncí mi ceño con incredulidad y al verme, el fantasma de una sonrisa se hizo presente en sus labios.

-¿Puedo saber por qué demonios sonríes? - pregunté respirando con dificultad, sentía que mis nervios iban creciendo por momentos, sentía la sangre correr con más rapidez por mis venas y mi corazón palpitar el triple de rápido. Estaba asustada. - ¡¿Te parece divertido todo esto?! - grité sin poder contenerme y de nuevo las ganas de golpear algo me inundaron por completo, pero Jared seguía sin contestar y la sonrisa se le borró al instante, tornando su semblante en una más serio. - ¡Quiero estar sola! - grité de nuevo, intentando controlar mi respiración. - ¡SAL DE LA MALDITA HABITACIÓN YA! - Grité con más fuerza y señale con mi dedo índice la puerta. No quería hacerle más daño, quería estar sola y tranquilizarme, pero verlo en ese estado enfrente de mi, no ayudaba mucho. Jared entreabrió los labios para hablar, pero no estaba dispuesta a negociar ni a escuchar palabras alentadoras por su parte. -¡Ahora. Mismo! - solté entre dientes, haciendo pausas entre las palabras, sintiendo como las lágrimas volvían a deslizarse por mis mejillas.

The devil you know.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora