Veinte segundos fue todo lo que necesite para enamorarme una vez mas. No hizo falta que lo mirara, siquiera que adivinara si estaba sonriendo o gruñendo. Veinte segundos escuchando mi nombre desde sus labios y ahí estaba yo; lista, una vez mas. Para darle la bienvenida a todo su amor (aunque eso también me fuese a dar dolor).
