Sarah
Mi cabeza no paraba de darle vueltas a aquella argumentación. ¿En que punto me había vuelto tan manipulable?
Ian mezclo el deseo mutuo para meternos en algun tipo de "relación" si se le podía llamar así. ¿Qué iba a salir de eso?
¿Porqué iba a ceder de cualquier forma? ¡¿Porqué pensaba si quiera que no iba a oponerme?! Esa idea me hacía sentir furiosa. Era como una efervescencia en mi pecho. Iba tan sucumbida en mis pensamientos que no me había dado cuenta que el cielo ya estaba oscuro. Reconocí la calle a la que llegamos. Era la inferior a la de mi edificio. El segundo en que la moto se detuvo me baje rapidamente. Corrí al enrejado que rodeaba al edificio y me impulse con un pie sobre el varilla horizontal. Queria huir de él, pero eso no sucedió. Tiró de mi provocando que resbalará. Me atrapó en sus brazos, envolviéndome con fuerza, dejando nuestros cuerpos completamente pegados. Sus ojos brillaron con malicia. Los míos le recorrieron el rostro que bajo aquella tenue oscuridad le pronunciaba las facciones. <<¡No te suavices, Sarah!>>—me regañe. Forceje con mis brazos para salir de los suyos. Su cuerpo me estampo contra las rejas de súbito. Un dolor punzante se extendio por toda mi espalda. —¡Eres un cabrón! —exclamé entre dientes. El me miró divertido y eso me encolerizó. El pecho me ardía. —Puedo ser lo que tú quieras. Elevó una media sonrisa. —Quería arrancársela.
—Quítate de encima. —dije con un tono demandante. Su pesado cuerpo apresando al mio me impedia cualquier movimiento fácil. Frunci los labios. Sus ojos cayeron a mi boca, descaradamente.
Aproveche ese momento de distracción para golperle con mi rodilla en el abdomen. Se retrajo y aminoro la fuerza en sus brazos. Me liberé y corri lejos de él. Volvi a trepar, esta vez con exito, y salte del otro lado, al jardin.— Escapaste, solo porque te deje escapar—. Dijo orgulloso.
¡Dios! —¿Alguna vez se lastima tu ego? —me quejé.
—No. Y menos si tu golpeas de lastima. Ian sonrió de esa manera tan engreída suya. Respire hondo. ¡Maldito mentiroso!
Literalmente ardía en mi propia piel. Le mostré el dedo de en medio y me di la media vuelta.Atravesé el jardín hasta llegar al cuarto de seguridad que por fortuna estaba situado en la parte de atrás del edificio. Se obtenía mayor ventaja, en esa posición. O eso era lo que decían. En mi caso era una forma de acceder al interior por esta parte. Marque el código de la puerta en el teclado táctil numérico que a la vez reconocía las huellas digitales y la puerta se abrió. Sorprendentemente no había nadie allí. La suerte empezaba a hacerme dudar. La puerta se cerró automáticamente detrás de mí. Crucé el cuarto y me detuve ante las puerta de cristal de vinilo-espejo. Veía el interior del edificio. El vestíbulo estaba a un costado de mi lado izquierdo, y el pasillo estaba vacío. Antes de lanzarme a salir, me quite los tacones para no hacer ruido. Abri las puertas y recorrí el pasillo frío bajo mis pies. Todo lo que escuchaba era mi respiración acelerada. Doble en la esquina y más adelante subí unas escaleras, y abrí las puertas de cristal, entrando al primer piso. A partir de ahí un pasillo se extendía horizontalmente conectando con todo el interior. Sentía el corazón golpearme en el pecho con violencia por la adrenalina que sentía. Aún no me encontraba con nadie en el camino, y, cuando lo hiciera mi pase al estrado sería directo <<literalmente.>> Me abalancé y al llegar al extremo me detuve en seco. —Esquivar es un poco bajo ¿no crees?—la voz detrás de mí, al extremo apuesto, era la de mi padre. Me quede echa piedra. ¡¿Por qué tenía que haberme encontrado con él?! —¿Creíste que te podías salir con la tuya? —dijo, irónico. Escuchaba sus pasos cada vez más cerca. Me paso de largo —. Sígueme, por favor —. Me pidió. Le seguí con desconfianza. Como siempre, mi padre iba impecable en traje.
Una vez más entramos a su despacho. Pero esta vez había compañía: sus dos guardias de seguridad, Scott, Jarrick y el equipo de seguridad del lugar estaban ahí. Debí imaginar que haber entrado tan fácilmente era una trampa. Las miradas de Scott y Jarrick eran recriminantes. Las del resto se mantenían neutrales. Me quede parada en el centro de la habitación. Rígida. La mirada en los ojos grises de mi padre era más penetrante que nunca. Yo había sacado su mismo color de ojos, pero más cristalinos; en un aspecto plateado. La forma en que me miraba era la misma que yo sabía emplear, en su misma esencia. Se la devolví y una sombra de sonrisa se formo en su rostro. Se recargo sobre su escritorio y se cruzó de brazos. —Burlas mi autoridad, tu seguridad y encima te atreves a querer burlar la seguridad de esta casa. —dice cabizbajo, negando con la cabeza y una sonrisa...¿burlona? —Debería estar decepcionado de...¿Quién? —dijo repasando con la mirada a todos. —La inteligencia es algo qué, debo admitir, sabes utilizar a tu favor. Y, tu osadía... —A decir verdad, no esperaba menos de ti. Eres igual a tu madre. Osada e Intrépida—. Regina. El nombre de mi madre hizo eco en mi cabeza. Todo sobre ella para mi, era turbio. —Ese crédito yo no lo puedo ratificar. —Conteste indiferente. Frunció ligeramente el ceño. No le gusto que hablara con neutralidad de mi madre. Y a mi no me gustaba hablar de ella. Tenía mis razones y ninguna era por frialdad. —Escuchame, Sarah. No voy a consentir que sigas viéndonos la cara a todos. —O empiezas a poner de tu parte o juró que te obligaré a hacerlo. —Todas estas personas, tienen el derecho de mantenerte encerrada en este maldito edificio si es necesario. —¡No te he importado en diecisiete años! ¡No puede cambiar eso de la noche a la mañana! —Grite. —Sarah, no... —medio Scott. —No, tú no te pongas de su lado, lo sabes mejor que nadie. —De pronto todos quieren protegerme ¿Por qué? ¡¿Qué me estáis ocultando?! Scott miro a mi padre y yo le seguí.
— No te estamos ocultando nada, Sarah. Las cosas allá son turbias y nuestro trabajo es uno de los principales generadores de adversarios. —Y tu eres la debilidad de esta familia—. Si no me importarás, como tú dices, no te habría puesto guardaespaldas ¿Te parece eso como qué no me importas?
—Si te hemos mantenido al margen de los ojos de las personas es por lo mismo. Sabes que solo nuestros círculos más cercanos te conocen como lo que eres: mi hija, una Vursatti. Te hemos mantenido a salvó gracias a eso, y ahora ya no es suficiente. —Y ¿esa es su excusa?, ¿su trabajo? — Por favor. —renegué. Francesco apretó la mandíbula y los puños. —¡Joder! —exclamó Scott. —Tú no recibes las amenazas. Las recibimos nosotros y todas involucran al clan Vursatti. ¡Deja de ser tan obstinada, malditasea!
—Scott—. reparo mi padre. —No papá, va a ser a las buenas o a las malas. —¡Callaos ya! —grite frustrada. Todos en la habitación clavaron su atención en mí. —Ustedes ganan. Todos intercambiaron miradas. No sé fiaban. Me di la media vuelta y salí de ahí sin que nadie se opusiera. No podía pensar en nada, tenia demasiadas cosas en la cabeza. Y la primera llevaba el nombre de Ian.Ian
No me largué a mi apartamento después de dejarla. Me meti al primer bar que se me cruzó en el camino. En todo lo que podía pensar era en ella. Era un maldito dolor de cabeza. Primero la había besado inesperadamente y luego nos metí en...¿qué? No le quería llamar relación. Pero esa era la única palabra en la podía pensar. Era un cabrón como ella decía. Pero uno que sentía culpable por ser el hombre al que estaba jugando. La quería para mí, pero no quería nada formal. Y antes de eso, la quería para destruirla. A estas altura ya no estaba seguro de nada. Sarah se estaba metiendo en mi piel y ese hecho me tocaba los cojones. Yo era el que tenía ese poder, no de la otra forma. Yo no podía perder el control, no tan fácilmente. Iba a romper aquel "trato" de la manera más baja. Eso incluía tener que romperle el corazón. <<Si es que alguna vez me dejo llegar a el.>> Quizás esa era una manera de lastimarla menos profunda. Menos despiadada a la opción original. Preferiría mil veces que me odiara por eso. Yo ya la odiaba por haberme arruinado todo. Pero no se lo merecía. Y ni siquiera mi odio era real.
La Sarah que conocí me cautivo por completo. Y con ello había perdido.
Puse el vaso de whisky entre mis labios y me tome todo el líquido de golpe. Alguien me puso una mano en el hombro al tiempo que dejaba el vaso sobre la barra. Mire por encima de mi hombro y vi de quién se trataba —Débora —mascullé. —La vi sonreír. Llevaba la oscura melena suelta y un ajustado vestido rojo abierto de los pechos. Se apreciaba justo lo necesario. Sus labios rosados me besaron el cuello. —Estás muy tenso... –Puedo ayudarte con eso si me lo pides. —susurró en mi oído. —Que no se te olvide quien domina a quien —le advertí. Por alguna razón el nombre de Sarah ocupó mi mente. Ni siquiera podía dejarme en paz en esos momentos. Me levante de súbito y arrastre a Débora a los baños. En lugares como ese se hacia todo el tiempo. La monte en el lavabo y vi sus ojos llenos de lujuria. En ese momento lo único que quería era olvidarme de Sarah.
—Tómame —. Musitó Débora
—Cállate. — Le advertí. —Las cosas son a mi modo. —¿Te queda claro? —Ella asintió con una falsa inocencia— Estampé mis labios contra los suyos y no le tomo ni un segundo corresponderme con avidez. Ahí yo tenía el control y lo manipulaba como a mi me gustaba.
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SUSTAINED
Teen FictionSarah Vursatti, una joven adolescente hija del Jefe superior del cuerpo de policías en Madrid, tras la muerte de su hermano mayor años atrás, quien tuvo un papel influyente en su vida le deja el profundo dolor que produce querer a alguien. Una her...