Capítulo 12

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Después de que se fue Sarah, no pude quedarme de brazos cruzados. Hice algunas llamadas a viejos amigos para averiguar más de aquel incidente, y resulto que quien fuera que fuese ese sujeto fue lo bastante inteligente y precavido en lo que concierne a su identidad. Por lo que solo quedaba una cosa por hacer y era tan buena como mala idea. Hacer llegar ese video a las manos de la persona indicada. Francesco hallaría de quién se trataba de una forma u otra. Y posteriormente yo me enteraría. Pero antes de esto, Sarah tendría que responder ante lo que hacía allí esa noche, fuera del conocimiento de todos. Y yo le iba ayudar a dar ese paso.

Camine hacia el mini bar de mi departamento, cogi la botella de whisky y sin importarme una mierda en vertirlo en un vaso, di un trago de la botella. El líquido en mi garganta resbaló junto con mis inseguridades que necesitaban un poco de valor. Sin pensarlo, tomé mi teléfono y empecé a marcar números.

Bastaron dos tonos.

—Ya sabes que hacer. Hazlo llegar. —dije y colgué al instante.

Sería una larga espera para conocer las medidas tomadas. Sin embargo, los encuentros no por azar y coincidencia...(quiero decir, sí.) Serían mis aliados.

Decidí que no había otra cosa más inteligente que hacer que beber y fumar en el balcón. Ya era pasado de las doce del día. La vida diurna debajo de mí me entretendría el tiempo suficiente para aburrirme después. Cogi un cigarro y un encendedor escondidos en una piedra de la pared. Tan pronto como estuvo encendido, lo metí en mi boca, dando profundas caladas. El ruido de una puerta abriéndose me sacó de mis pensamientos. Solo podía ser una persona. Siegel. No me moleste por  voltear siquiera, él vendría hacía aquí. Y así lo hizo.

—Vaya, hermano. Con eso en tus manos y alcohol en tus venas. Tú muerte es segura. — Como siempre, sus bromas lo acompañaban. Me gire en mi lugar, recargándome a espaldas y me crucé de brazos. —Ahora mismo puedes adelantarla, compañero. —le seguí la corriente. — Chasqueó la lengua. —Demasiado fácil para venir de ti, ¿no crees? — Sonreí malévolamente. Negué con la cabeza. —La oportunidad ha expirado. —Qué hay. — le saludé. Se encogió de hombros y me dio una mirada ausente. —Nada nuevo. —No quiero ser grosero, pero , entonces ¿a que has venido? —¿Ian Bauder, tratando de ser educado? Menuda sorpresa.—respondió evadiendo mi pregunta.
—De acuerdo, colega. Sin rodeos. ¿Qué coños es esto?—dijo al tiempo que su movil mostraba el video de Sarah. Un video que cada vez que lo veía algo empezaba a quemarme por dentro...En un arrebató le aparte el teléfono de las manos y cayo al suelo. A Siegel ni siquiera le importo. Me miraba como si yo supiese la respuesta , cuando no era así. —Si esperabas una respuesta al respecto, viniste con la persona equivocada. Siegel se llevó las manos detrás de su cabeza. —¡Joder, Ian! —exclamó molesto por algo que yo no tuve la culpa.  —No voy por ahí sabiendo que tiene que cuidarse la espalda. — Pero tu ya deducirías que no puedes ser el único, ¿no?  Sabía a lo que se refería. Y también porque estaba molesto. Siegel conocía mis planes con Sarah sin embargo nunca los aprobó del todo y tampoco le pareció una respuesta. Pero para mi lo era. Teníamos nuestras diferencias. Y ahora creía que no me importaba una mierda de lo que había pasado, pero estaba equivocado. En eso estábamos en el mismo plano. Aún así, era mejor que se quedará con la idea equivocada.

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