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Todavía estoy en esa posición, agachado contra la pared, mi cabeza en mis manos, cuando Amar me da un empujón con el pie. —Levántate, Estirado —dice, aunque no cruelmente—. Es casi tiempo de saltar. —¿Saltar? —digo. —Sí, —sonríe—. El tren no se detiene por nadie. Me obligo a pararme. La tela que envolví alrededor de mi mano está empapada de rojo. Tori se para detrás de mí y me empuja hacia la puerta. —¡Dejen que el iniciado se baje primero! —grita. —¿Que estás haciendo? —exijo, ciñendo el cejo. —¡Estoy haciéndote un favor! — responde, y me empuja otra vez hacia la puerta. Los otros Intrepidez se echan hacia atrás para darme paso, cada uno sonriéndome como si fuese comida. Arrastro mis pies hacia el borde, aferrándome tan fuerte a la manija que las puntas de mis dedos comienzan a entumecerse. Veo donde se supone que tengo que saltar, más adelante, las vías abrazan el techo de un edificio y luego doblan. La distancia parece pequeña desde aquí, pero cuanto más se acerca el tren, parece agrandarse y agrandarse, y mi muerte inminente parece cada vez más posible. Todo mi cuerpo se sacude cuando los Intrepidez que están en los vagones anteriores al nuestro saltan. Nadie le erra al techo, pero eso no significa que no seré el primero. Separo mis dedos de la manija, miro al techo y me empujo lo más fuerte que puedo. El impacto me estremece, y caigo hacia adelante, sobre mis manos y mis rodillas, la gravilla en el techo clavándose en la herida de mi mano. Miro fijamente mis dedos. Siento como si el tiempo se hubiese disparado hacia adelante, el atinado salto desapareciendo de mi vista y memoria.
—Maldición —dice alguien detrás de mí—. Estaba deseando que más tarde nos tocara raspar del pavimento algo de panqueque1 Estirado. Miro al piso y me siento sobre mis talones. El techo se está inclinando y balanceando debajo de mí, no sabía que una persona podía marearse del miedo. Aun así, sé que acabo de pasar dos pruebas de iniciación: me subí a un tren en movimiento, y logré llegar al techo. Ahora la pregunta es, ¿cómo hacen los de Intrepidez para bajarse del techo? Un momento después Amar se para en la cornisa, y obtengo mi respuesta: Van a hacer que saltemos. Cierro mis ojos y pretendo que no estoy aquí arrodillado en la gravilla, con todos estos dementes tatuados rodeándome. Vine aquí para escapar, pero esto no es un escape, sólo es una clase diferente de tortura y es demasiado tarde para escapar de ella. Mi única esperanza, entonces, es sobrevivir. —¡Bienvenidos a Intrepidez! —grita Amar—. Donde enfrentas tus miedos y tratas de no morir en el proceso, o te vas como un cobarde. Tenemos un récord bajo de transferidos este año, aunque no es de sorprender. Los Intrepidez que están alrededor de Amar levantan sus puños al aire y dan alaridos, llevando como estandarte de orgullo el hecho de que nadie quiera unirse a la Facción.  —La única manera de llegar al complejo de Intrepidez desde este techo es saltar desde esta cornisa —Dice Amar, abriendo sus brazos para mostrar el espacio vacío que lo rodea. Se inclina sobre sus talones y mueve sus brazos, como si estuviera a punto de caerse, luego se recompone y sonríe. Tomo aire por la nariz y contengo la respiración. —Como es costumbre, le ofrezco la oportunidad de ir primero a nuestros iniciados, ya sean nacidos en Intrepidez o no —se baja de la cornisa de un salto y hace un gesto hacia la misma, con las cejas levantadas.

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