Capitulo 9

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Limpiándose las palmas de las manos sobre el tejido suave de sus vaqueros premamá, miro por la luna delantera, cuanto era que faltaba para llegar a la clínica donde iban a hacerle la ecografía de las veinte semanas de gestación donde, si el bebe quería, sabrían si era un niño o una niña, tal y como Alexander había estado soñando.

El estaba cien por cien convencido al respecto, así que todo lo que quedaba era ver que era. Fuese uno u otro, daba igual, aunque ahora que conocía el deseo de Alex y el nombre que su chico había buscado para la pequeña, quería que fuese una nena. Más que nada, por la curiosidad de verlo caer ante una pequeña princesita como su hija. Habría que verlo cuando le hiciera pucheros para conseguir cualquier cosa, o mejor... Cuando la niña llevase a casa a su primer novio. ¡Oh Dios! No quería perderse ese momento épico.

Sería una lucha entre titanes y sabia quien iba a salir vencedor. Sobre todo si dicha criatura, sacaba los increíbles ojos de su padre.

--¿Nerviosa?

Pregunto Alex, detrás del volante de su amado mustang.

--Un poquito.

--¿Por qué? Ya sabes que es.

Dijo el encogiéndose de hombros.

--No es lo único que vamos a saber. Vamos a ver cuánto ha crecido y cuanto pesa actualmente. Como va su desarrollo y...

--Y... deja de preocuparte. Todo va estupendamente bien. Tienes una preciosa niña, sana y en perfecto estado.

Intentaba calmar los nevaos que siempre le daban antes de un ultrasonido, pero era difícil no estarlo. Llevaba todo un mes sin pruebas, ya que el cuarto mes era un periodo de sequia medica. Estaba un poco nerviosa por ver como había sido ese mes, sin la revisión periódica de un profesional.

Respirando hondo por la nariz, cerró sus ojos por un momento para calmarse.

--Liv está bien, diablillo.

Asintiendo en silencio, apoyo ambas manos sobre la curva de su barriga y sonrió cuando su pequeña aprobó lo que su papa decía, mediante una patada.

Después de aquella primera patada que les regalo para hacerles saber que estaba ahí, cuando iban en el coche de vuelta a casa, su bebe no había dejado de patalear dentro de su barriga, como si estuviese haciendo largos de un extremo al otro. Lo que le encantaba, aunque hiciese de las peores horas para hacerse notar. Aun así, cada movimiento era mágico.

Terminaron por llegar al centro donde tenía que hacerse la ecografía. Aparcaron y bajaron del auto. Tomando una profunda respiración y con los papeles del embarazo en la mano, entrelazo los dedos de su mano libre con los de Alex y caminaron juntos hacia el interior. Deberían de esperar un poco a que fuese su turno, pero esos minutos le ayudarían a termina. Tal y como le había dicho a su chico, no solo iban a verificar el sexo del bebe, sino que aquella ecografía tenía como finalidad conocer muchas cosas sobre como avanza el embarazo y el pequeño que llevaba dentro. Lo cual, si todo salía bien, le daría mucha tranquilidad.

Sentándose en unas incomodas sillas de plástico, que por desgracia le recordaban demasiado a esas que uso en su momento para vigilar el avance de Alex en la planta de cuidados intensivos, se recostó contra el hombro de su chico y cerro sus ojos.

Sintiendo la presión de un beso sobre su frente, sonrió.

--¿Estás bien?

--Si. Un pelín cansada.

El embarazo iba a mas, y su barriga también. Todo ello solo hacía que se sintiera mas cansada con el paso de los días, aunque también tenía mucha energía. Era raro, la verdad. Pero estaba bien, paliaba el cansancio con cortas siestas y comidas energéticas, ricas en fibras y vitaminas. Eso le ayudaba en el día a día.

Mi Soldado; Esperando a...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora