Capitulo 16

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Con las manos firmemente plantadas en el suelo, alzo su cuerpo manteniéndolo recto y tenso. Las planchas no solucionarían su situación, pero al menos conseguían despejar su mente un poco, gracias a la quemadura producida por el ejercicio físico. No importaba cuanto se machacara en la sala de entrenamiento, su mente solo tenía una cosa en mente y eso era peligroso para todos.

Viendo como el suelo se acerca y distanciaba de su cara al compas que sus brazos marcaban, apretó los dientes cuando la imagen de Itziar apareció como una estrella fugar por su mente, una vez más. ¿Cuántas iban con esa? Amaba a su mujer, pero era peligroso tener la mente en otro lugar que no fuese el sitio en el cual se encontraba y por el cual tendría que patrullar y conseguir que una bala no le perforase cualquier parte del cuerpo. Pero en su estado actual, era un peligro para todo aquel que lo acompañara, incluso para el mismo.

Si seguía así, podrían sancionarlo.

Un par de enormes botas se colaron en su campo de visión, sacándolo de sus pensamientos.

--Levántate.

Izan no parecía estar de mejor humor que el. Lo que era raro, puesto que el hombre tenía un temperamento bastante tranquilo. Justo lo que uno necesitaba para manejar a un grupo de hombres o mujeres con demasiado orgullo y amor propio, como a veces le pasaba. En ocasiones la estupidez se apoderaba de un buen soldado y este hacía estragos en su carrera como militar, cometiendo demasiados fallos para su propio bien o el de un compañero. Por suerte siempre existían soldados como Izan que calmaban las aguas de ambos bandos. Pero ese no parecía ser el caso en ese momento.

--Lárgate.

El cuanto la palabra sonó a través de sus cuerdas vocales, fue capaz de sentir, apenas unos segundos antes, como Izan plantaba una bota contra sus costillas y lo empujaban, llevándolo contra el suelo con un ruido sordo. Aturdido por el ataque, parpadeo un par de veces antes de levantarse y encarar al tipo.

--¿Qué infiernos te pasa?

--¿A mí? ¿Me lo preguntas a mí? Eres tu quien no es capaz de centrarse en lo importante. ¡Te informo, para que sigas pensando en gilipolleces, que te estás jugando la vida! Y no solo la tuya. La mía también.

--¿De qué hablas?

Pregunto, incorporándose en toda su estatura para ser capaz de hacer frente al hombre. Izan seguía siendo unos pocos centímetros más grande que él, pero eso no era lo importante. En esos momentos, cuando su cuerpo parecía hervir por un poco de desahogo, estaba dispuesto a usar a Izan como alivio. Y si darle al tipo un par de puñetazos le ayuda, la sanción que vendría después, le parecía una minucia con tal de conseguir un poco de paz. Sabia defenderse y podía tumbarlo y dominarlo si se lo proponía. .

--Se que no es fácil alejarse de tu esposa, y mucho menos cuando está embarazada, pero créeme que de poco le va a servir un marido gilipollas que solo piensas en estupideces mientras se está jugando el cuello. Si quieres ver crecer a tu hija, enfoca tu mente en el trabajo. Estas distraído y eso es peligroso. Lo sabes ¿Verdad? Bien, pues no me hagas regresar a casa y hacer frente a Itziar, con una bandera entre las manos.

Eran palabras duras que debía tener en cuenta, pues llevaba razón. Apretando los dientes, bajo la mirada al suelo cuando la verdad de esas palabras atravesó su pecho, dejando una estela de comprensión al darse cuenta de lo que estaba haciendo y lo mucho que se jugaba por culpa de su comportamiento.

Su compañero apoyo una mano en su hombro y suspiro.

--Haz lo que sea necesario para enfocarte, pero hazlo. Habla con ella, reviéntate en el gimnasio o lo que sea, pero pon tus prioridades en orden. Aquí la familia no lo es.

Mi Soldado; Esperando a...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora