Camille es una joven pintora que lo posee todo.
Éxito, amistad y sobre todo amor.
O eso es lo que ella creía hasta el día de su boda, pues su prometido tomará una decisión que hará que su vida dé un giro de 180 grados.
Obligada a huir después d...
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Camille
Cuando siento que las lágrimas han parado, me levanto para poner los girasoles en un florero que tengo libre.
Tomo mis cosas. Apago la luz y salgo del estudio. Iré a mi casa y entre más rápido mucho mejor.
Estoy completamente segura de que James está esperándome para tratar de arreglar las cosas. Siempre hace eso.
Comete una estupidez y en cuanto se da cuenta de lo que ha hecho trata de repararlo pero esta vez es diferente. No pienso perdonarlo tan fácil.
Esta vez no.
Me subo a mi coche. Pongo el radio y me dedico a manejar con tranquilidad pero no lo consigo.
¿Pero quién lo haría?
Mi estúpido novio acaba de humillarme frente a mi mejor amigo.
Estoy confundida. La actitud de James me ha dejado mucho en lo que pensar.
¿En serio quiero ser esposa de un hombre que siente celos hasta de mi padre?
¿Vale la pena seguir a su lado después de lo que ha pasado esta noche?
Suelto un suspiro.
Una parte de mí tiene ganas de cancelar todo y mandarlo al diablo para que su estúpido ego baje, pero otra, dice que me quede a su lado y lo ame tal como es.
Llevo mucho tiempo a su lado y nunca me había hecho una escena de celos tan grande como la de hace rato. Trato de ser paciente y entenderlo pero se a excedido por completo. No puedo permitir que me trate de esa forma; no soy un juguete, ni un premio que puede presumirle a cualquiera.
Apago el motor del coche rápidamente al darme cuenta de que el auto de James se acerca del lado contrario a mi dirección.
Se baja del auto y saca su celular haciendo ademán de marcar a alguien. Tomo yo también mi teléfono y espero a que suene.
Sé que me está llamando a mí.
—¿Dónde estás? —pregunta en tono hostil.
—No te interesa saberlo —respondo cortante—. Ah, y no creo que sea oportuno que ocupes ese tono conmigo.
Lo observo desde la ventanilla y puedo ver que se pasa las manos por su enmarañado cabello. Trato de no enfocarme en lo sexy que se ve.
—Necesitamos hablar —contesta. —No lo creo —Suspiro—. Ahora si me disculpas tengo cosas más importantes que hacer esta noche.
—¿Ah sí? ¿Cómo cuales? —Su tono es burlón como si dudara de lo que digo.
—¡Cosas que no te incuben, James! —exclamo con enfado y finalmente cuelgo.
No me espero a que se marche, decido hacerlo yo primero. Giro el auto y me dispongo a ir al único lugar en el que sé que James no se atreverá a ir.