34. Chapultepec

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Camille

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Camille

A la mañana siguiente abro los ojos a las once y media.

Es increíble que haya dormido hasta esta hora. Siempre me levanto a las seis o siete de la mañana para ir a dejar al pequeño a la escuela pero creo que hoy el cansancio ha podido más conmigo.

He soñado de nuevo con la maldita boda, sólo que esta vez la pesadilla se ha modificado.

James me decía que sí y terminábamos felizmente casados.

Antes me parecía un precioso sueño  pero ahora se me hace una terrible pesadilla.

Me levanto despacio de la cama y voy a mi ropero. Saco un pantalón deportivo negro y un top color vino, tomo mi camisa color roja de cuadros y me doy una buena cepillada en el cabello para bajar a desayunar.

Cuando llego a la sala escucho a Rocío y a Josh hablar.

—¿Crees que quiera ir a la boda? —pregunta el castaño.

Rocío niega con la cabeza.

—La verdad lo dudo, pero sería grandioso que viniese con nosotros, ¿por qué tú si irás, no?

—Si tú me invitas por supuesto que sí —Sonríe—. Me encantan las bodas. Aunque si te soy sincero me encantaría que fuera Camille.

Yo frunzo el ceño.

—¿Y eso? —Rocío enarca una ceja, mientras pregunta curiosa.

—No me gustaría que hiciera una locura por lo que se acaba de enterar —contesta sincero—. Ayer vio a James por televisión.

Ella suspira y agrega lo siguiente:

—Camille es lista, Josh. No hará nada que la perjudique.

Él niega la cabeza y sé que está recordando el incidente de hace unas semanas.

No le dijimos nada a Rocío, al menos nada de que Scott trató de llevarme con él a la fuerza.

—Confío en ella, pero no en su corazón —Da un golpe contra la mesa—. No puedo creer que ese canalla pueda seguir su vida normal —gruñe—. ¡Sólo ha pasado medio maldito año!

—No te preocupes. La convenceré de que vaya con nosotros. No le he dicho dónde es, pero estoy segura que cuando lo haga no podrá decir que no  —dice Rocío, mientras le hecha jalea a sus waffles.

Cuando termina de hablar decido que es un buen momento de entrar.

Me siento enfrente de Josh y noto que sus ojos brillan un poco más de lo normal. Lleva puesto una camiseta vino y unos pantalones de mezclilla color negro.

Al ver su conjunto y él al ver el mío, Rocío suelta una carcajada.

—Creo que se han puesto de acuerdo —agrega ella—. Camille, querida, en el refrigerador hay pastel de chocolate.

Cuando era tuyaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora