Camille es una joven pintora que lo posee todo.
Éxito, amistad y sobre todo amor.
O eso es lo que ella creía hasta el día de su boda, pues su prometido tomará una decisión que hará que su vida dé un giro de 180 grados.
Obligada a huir después d...
Su pelo le cae por los hombros. He sacado la belleza de mi madre y los ojos de mi padre. Aunque hubiera deseado el color de pupila de mamá, ya que son de un gris intenso.
—Muy bien. Gracias por preguntar —Bostezo—. ¿Qué pasó?
—James marcó hace un par de horas —Amarra bien su bata—. Y me dijo que te avisara que pasaras por él.
Frunzo el ceño.
¿Por qué habrá marcado aquí?
Siempre me llama directo al celular.
¿Y por qué quiere que vaya por él?
—Ha dicho que su coche le ha fallado —agrega como si me leyera la mente—. También me pidió que te dijera que tu celular no estaba recibiendo llamadas.
Me estiro para tomar mi celular de la mesita de noche. Trato de prenderlo pero no enciende. La batería se agotó.
Alzo de nuevo la mirada y le sonrío a mi madre.
—Gracias mamá. ¿Crees que podrías llevarte a Fox? Necesita ir al baño.
Asiente con la cabeza y se acerca a la cama para cargar al cachorro.
—Te espero abajo —me susurra.
Se da media vuelta y desaparece por el pasillo.
Tengo que levantarme a cargar mi teléfono. Hoy será un día pesado pero sé que con la compañía de James todo se volverá mucho más sencillo.
Me levanto de la cama y conecto el teléfono en el enchufe más cercano.
Le escribo en un mensaje a James avisándole que paso por él a los dos. Así estamos un rato juntos antes de la cita que tenemos con Miriam.
En cuanto se lo mando voy a mi guardarropa y elijo un lindo vestido color rojo.
Adoro los vestidos.
Me encanta sentirme femenina todo el tiempo, además que es más fácil quitármelo cuando estoy con James.
Todavía no creo que vaya a casarme con él pero bueno, todavía no creo que mis pinturas descansen en uno de los museos más prestigiosos del mundo, y mucho menos que el trabajo que estoy haciendo en la empresa de papá vaya de maravilla.