37. Nuestra primera vez

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André

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André

Llevo tan sólo un mes en Los Ángeles y he quedado prendado de su maravilloso clima. Sí, al principio no soportaba el calor, pero me fui acostumbrando hasta que por fin tomé el lado bueno a las cosas. 

Estoy viviendo en un departamento que Josh compró al terminar la universidad. Es bastante acogedor, aunque extraño un poco mi casa, pero sobre todo a la chica que está a cuatro mil quinientos noventa y siete kilómetros de mí; los he investigado en google.

Adeline y yo estamos demasiado lejos, y aún así no dejo de pensar en ella.

Y en cuanto a Camille. Creo que ya lo he superado. 

La castaña sólo pasa por mi mente unos cuantos segundos al día. La verdad es que hay días en los que ni siquiera recuerdo su rostro. 

No digo que la he olvidado, porqué jamás lo haré. Es sólo que ahora trato de verla como lo que es. 

Mi mejor amiga. 

Ahora estoy sentado justo en la silla de mi nueva oficina, observando el cuadro de Camille que he comprado, sin embargo, aunque tenga una de sus pinturas, ya no es ella quien descansa en los porta retratos que adornan mi escritorio. 

Alguien más le ha quitado ese puesto.

Mi teléfono suena y yo contesto.

—Agencia Modest Star —digo en tono serio.

—Que elegante te escuchas —contesta mi mejor amigo.

Sonrío.

—Estás marcando a mi trabajo. No esperabas que te contestara como normalmente lo hago ¿o sí? —agrego, mientras juego con una pluma que llevo en las manos—. ¿Qué ocurre?

—Nada, es sólo que posiblemente regrese en unas cuantas semanas —suelta con tono cabizbajo. 

—¿Y por qué suenas como si se tratara de algo malo?—inquiero.

Él suelta un suspiro. 

—He encontrado un motivo para no dejar México —susurra.

Su voz suena muy apagada a comparación de otras veces.

—¿Y puedo preguntar cuál es? —Me levanto del escritorio y pongo el alta voz.

Voy al pequeño refrigerador que está  al lado de la puerta de salida y tomo una soda.

—Sí, pero no quiero que lo sepas.

—Es una chica ¿cierto?

—¿Qué? —titubea—. No, en absoluto.

—Josh. Te conozco — agrego dando un buen trago a mi bebida.

Él suspira. 

—Sí, es una chica, pero estoy seguro de que no le intereso para nada —comenta en tono abatido. 

Cuando era tuyaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora