Camille es una joven pintora que lo posee todo.
Éxito, amistad y sobre todo amor.
O eso es lo que ella creía hasta el día de su boda, pues su prometido tomará una decisión que hará que su vida dé un giro de 180 grados.
Obligada a huir después d...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
André
Hace una semana que no la veo y siento que me estoy volviendo loco. Desde hace una semana que mi vida se ha convertido en un maldito infierno.
Me la he pasado bebiendo. No encuentro otra solución.
Es la única forma en la que Camille no se aparece en mi mente, y si se cuela en uno de mis pensamientos, suele ser de la manera en la que quiero que ella me ame.
Es estúpido seguir esperando que algo pase entre nosotros pero la he querido desde que era un chiquillo y no puedo permitir que se case con alguien que no sea yo.
Me enteré al revisar mi página favorita de noticias en internet y en cuanto lo vi empecé a mandarle cientos de mensajes —O eso me pareció a mí —, pero creo que me equivoque.
Lo último que he sabido de ella es que ya ha empezado con los preparativos.
Al parecer a la vida no le basta con que vaya a perderla para siempre. También ha fijado la fecha para dentro de un maldito mes.
Por más que lo intento todavía no me entra en la cabeza que será la esposa de James Scott.
Ese cretino me la arrebató.
Suelto un gruñido y aviento la botella de whisky contra la blanca pared que está enfrente de mí.
—¡Mierda! —exclamo al ver los pedazos de la botella de cristal en el suelo—. Si sólo supiera la clase de persona que es él —susurro.
<<¿ y que clase de persona es él , genio?>>
—No lo sé, pero estoy seguro que no la ama de la misma manera en la que yo —digo a mi estúpida conciencia, quien a pesar del alcohol, sigue intacta.
<<Tú sólo quieres una excusa para que ella te ame, pero te recuerdo que jamás lo hará. >>
—¡Lo sé! ya entendí. Lo tengo claro desde los trece malditos años —grito encogiéndome de hombros —. ¡Nunca lo hará!
No sé como fui tan estúpido para enamorarme de ella.
No. Por supuesto que no me arrepiento, porque a pesar de todo el dolor que me ha causado, ella es lo más maravilloso que me pudo haber pasado.
Mi teléfono vibra con brusquedad y lo busco con ansiedad en la mesa.
—¿Hola? —Escucho la dulce voz de Camille.
Mi corazón empieza a acelerarse y mis manos a sudar. Llevo mi mano libre a mi frente y cierro los ojos.
—Hola —murmuro, tratando de ocultar mis sentimientos—. ¿Qué tal todo?
—Muy bien, gracias por preguntar —dice en tono alegre.
Estoy seguro que tiene una de esas enormes sonrisas en el rostro.