Camille es una joven pintora que lo posee todo.
Éxito, amistad y sobre todo amor.
O eso es lo que ella creía hasta el día de su boda, pues su prometido tomará una decisión que hará que su vida dé un giro de 180 grados.
Obligada a huir después d...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Camille
Aún no puedo creer que mis pinturas se mostrarán en una pequeña sala en el museo Louvre de Francia. Nunca creí que fuera a llegar tan lejos. Es decir, desde siempre me ha encantado dibujar y pintar, pero jamás lo vi como una vocación, siempre fue algo que hacía para tranquilizarme y canalizar todos mis sentimientos.
Me encontraba estudiando el último semestre de la carrera de mercadotecnia cuando me di cuenta de que soy la mujer más feliz del mundo al momento de tener un pincel en las manos. Así que me armé de valor y decidí dejar la Universidad. Fue complicado porque a mi padre no le gustó, sin embargo, como yo nunca me rindo, logré que entendiera que el seguir estudiando algo relacionado con la empresa familiar me iba a hacer infeliz, no tuvo de otra más que acceder. Él no me ayudó a pagar nada, yo conseguí una beca y pude liquidar toda la carrera en un conservatorio de artes en New York.
Así que empecé las clases y mi vida tomó un rumbo diferente.
Pude descubrir quién soy.
Suelto un suspiro, mientras me teletransporto a Manhattan. Ahí es donde he vivido toda mi vida, sé que soy privilegiada porque pude darme el lujo de vivir del arte. No solo pinto, de vez en cuando voy a la empresa de mi padre y ayudó en planeaciones relacionada a la mercadotecnia. Así que sí, ganó muy bien. Pero ahora, mis pensamientos le pertenecen al hombre de mi vida, mi amado James. Él y yo hemos estado seis años juntos y ha sido fantástico, es una lástima que por cuestiones laborales no haya podido estar conmigo.
—¡Mierda! —exclamo al percatarme de que ya se está haciendo tarde.
Se supone que tendría que haber comenzado a arreglarme desde hace casi media hora. Dejo a un lado el cuaderno y el lápiz con el que trazaba un dibujo de la torre Eiffel. Camino hasta el guardarropa y aviento a la cama todo lo que ocuparé para empezar a prepararme.
Me pongo el vestido negro de diseñador, maquillo mis labios y un poco mis mejillas, ya solo falta el peinado. Esta noche necesito verme deslumbrante, tengo que impresionar al público, ya que este evento es el más importante de mi carrera. He estado en lugares como Madrid, Italia y Alemania, pero nada comparado con esto. Que te dejen traer tu colección de arte al Museo Louvre, es otro nivel. Estoy tan agradecida con Dios por poder estar aquí
Finalmente decido dejarme el cabello suelto, ya lo he peinado tantas veces en un moño que la cabeza me arde, al acabar me pongo a dibujar en lo que espero a André, mi mejor amigo.
El pensar en él me hace sentir culpable. Lo elegí como acompañante porque creo que él es el que más me ha apoyado en todo este proceso; sin embargo, el estar muy cerca me resulta algo incómodo. André ha estado enamorado de mí desde que éramos adolescentes. Yo no estaba enterada de sus sentimientos hasta hace unos cuantos años. Cuando lo confesó, me sorprendió mucho. Creí que ambos nos queríamos solamente como hermanos, pero me equivoqué.