Capitulo 8: Draco

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-Ya esta –Gaya observo el brazo y asintió –No creo que quede cicatriz

-¿Eres la curandera del clan? –Freya la observo pensativa

-Mi madre lo era y yo aprendí de ella –se levanto de la cama y recogió las vendas, dejándolas en la bandeja. –Desde muy pequeña me encargo de todos.

-Y eres la cuñada del Laird –frunció el ceño pensativa -¿Cómo es eso posible? El Laird tenía un hermano, pero murió a manos de los ingleses.

-¡No! ....Oh, tu no...-Gaya llevo la mano a su boca, observándola con sorpresa –Dios mío

-¿Qué? –Freya se sintió incomoda con la forma en que la mujer la miraba.

-Aclair regreso –vio el desconcierto en el rostro de ella y se mojo los labios nerviosa –Quiero decir Aclair es quien desapareció a manos de los ingleses, pero no murió, lo mantuvieron cautivo. Regreso cuando.... Regreso un tiempo después, cuando su padre ya habia muerto y Draco era el Laird.

Paralizada.

Así estaba Freya, observando a aquella mujer, tratando de localizar la mentira en su rostro, pero no la veía.

-Tu...-su voz salió en apenas un susurro

-Yo era la esposa de Draco –Gaya dio un paso hacia ella, mirándola fijamente –Pensaba que lo sabías. Freya Aclair no era el Laird cuando... bueno, cuando nuestro clan cometió tantos errores.

-Yo le vi –apretó la mandíbula –era él, le vi.

-Draco y el, eran prácticamente iguales –la tristeza inundo el rostro de ella –Por lo menos físicamente. Yo,... pensé que lo sabías ...-Gaya coloco la mano en su brazo y ella se aparto rápidamente. Durante unos segundos la observo, finalmente tomo las cosas y salió de la habitación.

-Yo le vi, yo le vi –hablo en voz baja, sentada en la cama, con la vista fija en un punto.

Tras su último encuentro con él, cuando habia despertado entre sus brazos, el Laird no habia vuelto a acercarse a ella. Esa misma tarde, la habían acompañado a la que era su habitación, en la cual habían arreglado las ventanas y los muebles. No habia señal alguna de su intento de huida. Y ahí habia quedado todo.

Gaya la visitaba para curarla, le subían la comida y preparaban el baño.

En muchas ocasiones se habia encontrado, parada ante la ventana, viendo al Invencible, entrenar en el patio junto a sus hombres. Y allí estaba de nuevo, parada ante la ventana.

Pero no estaba mirando a los hombres que se encontraban en el patio, sino a los niños, los niños que correteaban jugando y las mujeres que llevaban la colada. No podía evitar preguntarse, si eso era lo que habría conseguido en su vida, si todo hubiera sido diferente.

Se habría casado, con el marido adecuado, fuerte, valeroso, respetuoso. Un hombre que habría cuidado de ella y de los suyos, un hombre al que su padre habría respetado.

La puerta se abrió y no necesito girarse, para saber, que era él, que estaba allí, tras ella observándola.

Se giro y le miro a los ojos.

-¿Fue Draco quien mato a mi padre? –hablo con frialdad y vio la sorpresa en el rostro de él, seguida por cierta molestia -¿Fue tu hermano?

-¿Cambiaria eso algo? –El entrecerró los ojos, mirándola fijamente

-No mucho –inclino la cabeza levemente, observándole, camino despacio por la habitación, pensativa -¿Ya habia pasado cuando regresaste?

-Si –el respondió girándose, para poder seguir observándola –Dos meses después

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