El resplandor anaranjado del amanecer se colaba en la tienda a través de la tela, inundando de color aquel pequeño espacio.
Y allí estaba ella, despierta.
Y no, no era que se hubiera despertado antes que el resto de hombres del campamento, es que no habia dormido en toda la noche.
Esta noche, esta, que Aclair no se habia marchado en plena madrugada, esta que el habia permanecido allí, a su lado. Pues esta, ella no habia podido dormir.
Se pregunto si seria por eso, por tenerle ahí, tan gigantesco, desnudo, pegado a su cuerpo, haciendo que el lugar se impregnara en calor y las pieles fueran totalmente innecesarias. Y es que no las necesitaban, estaban allí, apiñadas junto al trozo de tela que hacia de puerta y ellos, totalmente expuestos al frio que les rodeaba. Un frio que ninguno de los dos habia sentido durante la noche.
Pero otra parte de ella se pregunto si seria por la cercanía. Lo cercana que estaba a la que habia sido su antigua vida y lo que aquello podía conllevar.
La imagen de Ethan, con mirada suplicante y ansiosa, aparecía en su mente, pidiéndole que regresara a casa, con ellos, con él. Pero no podía y eso lo empeoraba todo. No el hecho de que tuviera que permanecer junto a Aclair, para que no les buscara, sino el hecho de que no quería marcharse, al menos, una parte de ella no quería.
Y luego estaba el hambre. No el hambre común que uno siente cuando le falta alimento, no, no era de ese tipo. Era un hambre ansiosa, voraz, un hambre llena de deseo. Un hambre por aquel cuerpo que yacía a su lado, desnudo, como si estuviera esculpido en piedra.
Y habia comprobado que no era ella la única que sentía esa ansiedad. Eran cuatro veces, las que Aclair se habia despertado a lo largo de la noche, sumido en un deseo profundo y pasional, con unos ojos consumidos por el ansia y se habia lanzado sobre ella, como un animal deseando disfrutar de su presa.
Y habia disfrutado.
Ambos lo habían hecho.
Estaban allí, solos, en aquella tienda, sin nada banal que los distrajera.
Solo ellos y sus cuerpos desnudos, su pasión y su hambre por el otro.
Se giro, hacia él y sus ojos se posaron en su rostro, un rostro que delataba una fuerza inmensa, pero también un dolor, un dolor que se revelaba en el, incluso dormido.
Se incorporo, sobre las pieles que la protegían del filo suelo y extendió las manos en busca de su ropa. Se vistió silenciosa, diciéndose a ella misma que no estaba escapando, pero en cierta manera si lo estaba haciendo.
Al salir de la tienda, el aire frio la golpeo brutalmente y se sorprendió. No sentía frio, ella nunca. Y sin embargo acababa de salir de una tienda improvisada con finas telas, en la que habia permanecido totalmente desnuda y ahora sentía que le habían arrebatado el calor. El calor que él le proporcionaba.
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El Invencible
RomansaAclair MacCarty, Laird del clan del Hielo. Un clan situado en las frías tierras del norte, donde ningún legado antes había sobrevivido y ellos lo han hecho. Todas las tierras del norte les pertenecen. Todos los clanes les respetan, les temen. Son gu...
