La tormenta que se habia desatado durante la plena madrugada, la habia despertado, sintiendo el frio a su alrededor, adentrándose en la habitación, después de que el viento abriera la ventana, haciendo golpear esta con la pared.
Recordaba haber cerrado los ojos, sintiendo aun el peso del cuerpo de Aclair sobre el de ella, su inmenso calor rodearla, su respiración acelerada en el cuello.
Y al abrir los ojos, la oscuridad la habia rodeado, el frio penetraba con brusquedad en la habitación y estaba sola, completamente sola.
Cuando el golpeteo de la ventana con la pared la había sobresaltado, había saltado de la cama, completamente desnuda, para llegar hasta ella y cerrarla. Pero no la cerro, permaneció allí, ante la ventana abierta, sintiendo el frío golpearla, la lluvia adentrarse y el cielo iluminarse con los rayos.
Bajo aquella desolación en la que se había convertido la noche, estaban las montañas, aquellas que habían sido su hogar durante tantos años. Allí, bajo aquella fría lluvia, estaban los suyos. Y allí debería estar ella, cuidándolos.
Sus manos se aferraron al alfeizar de la ventana, con fuerza, hasta que sus nudillos prácticamente se pusieron blancos. La necesidad de atravesar el castillo, salir de allí y correr por el campo hasta llegar hasta ellos, se instalo en lo más profundo de su ser.
Pero no podía, no podía escapar, no podía arriesgarse.
Marcharse, significaba arriesgarlo todo. Que Aclair la persiguiera y los encontrara, que averiguara quien era ella. Y aun no sabía si podía confiar en él.
Ellos estaban allí, protegidos, escondidos.
Puede que Aclair no fuera tan cruel como su hermano, que él no fuera el culpable de las matanzas, de la destrucción, pero este era su clan y su gente lo odiaba, odiaba al clan del Hielo, con todo el derecho a hacerlo. Y también estaba lo que ellos habían hecho, en defensa propia, por venganza, por las razones que fueran, habían luchado contra los guerreros del clan MacCarty, les habían herido, atacado.
Cerro la ventana con fuerza, consiguiendo aislarse así de la tormenta, pero ya no podía aislarse de sí misma, de los recuerdos, del pasado.
-¡¡¡Meted los caballos en lo más profundo de la cueva!! –grito mientras tiraba de las riendas de uno con fuerza, tratando de guiarlo hasta la cueva -¡¡¡Ethan!!! ¡¡Procura que no se apague el fuego del interior de la cueva!!!
El viento era demasiado fuerte y ni siquiera el amparo de las cuevas de piedra podía protegerles, el agua se adentraba al interior, golpeándoles.
Consiguió obligar al caballo a entrar en la otra cueva y dio órdenes a los hombres que se encontraban en el interior de esta, para que permanecieran allí, vigilando a los caballos, procurando que no se marcharan asustados.
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El Invencible
RomansaAclair MacCarty, Laird del clan del Hielo. Un clan situado en las frías tierras del norte, donde ningún legado antes había sobrevivido y ellos lo han hecho. Todas las tierras del norte les pertenecen. Todos los clanes les respetan, les temen. Son gu...
