Capitulo 26: Juramento

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Nunca habia sentido tanta paz, como en ese instante.


Rodeada por sus brazos, con el calor de su cuerpo, el tacto de su piel contra ella. Sentía su respiración el cuello, su brazo rodeando su cintura. Parte de su cuerpo estaba expuesto al frio de la noche, la sabana solo cubría su cintura, pero no tenia frio.


Sus ojos permanecían cerrados, disfrutando de la maravillosa sensación de estar entre sus brazos.


El reflejo de la luna se adentraba por la ventana, testigo de una de las primeras noches en calma, señal de la marcha del crudo invierno y llegada de mejores tiempos.


Gritos.


Los gritos llegaron hasta ellos.


Por un instante pensó que era un sueño, que de nuevo las pesadillas la perseguían y atormentaban, pero en minutos sintió el cuerpo de Aclair tensarse y levantarse rápidamente.


Se incorporo en la cama y le vio, saltando de esta y poniéndose su pantalón rápidamente.


-¿Qué pasa? –Freya miro hacia la puerta de la habitación.


-Atacan el castillo –Aclair termino de colocarse su pantalón y tomo su espada en una mano y su machete en la otra. -¡Quédate aquí! –y abrió la puerta bruscamente y salió corriendo.


Freya se quedo allí, sentada, cubierta por la sabana.



"Atacan el castillo"



Las imágenes del sueño de la noche anterior llegaron a su cabeza, sus manos se apretaron en torno a las sabanas con fuerza.


Salió de la cama y tomo el camisón que estaba en el suelo para colocárselo. Salió al pasillo y el sonido de los aceros chocando y de los gritos de pelea llego con más fuerza, corrió hasta llegar a su habitación, entro y tomo su espada.


Su pelo se movía alrededor de su rostro, mientras corría por los pasillos de piedra, con el blanco camisón pegándose a su cuerpo y la espada sujeta con fuerza en su mano.


Llego al final del pasillo y giro hacia la escaleras, donde quedo parada, al filo del primer escalón a bajar, viendo la imagen que mas temía, ante ella.


Los guerreros que protegían el castillo luchaban, protegiendo su hogar a su gente, con valentía, con coraje. Eran fuertes.


Pero también lo eran sus enemigos.


Su gente.


Los supervivientes del clan MacGabe se habían adentrado allí, sorprendiéndoles durante la noche.

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