Capítulo 1
—Verónica, cómprales un helado a tus hermanos.
—¡Ay, mamá!
Theo me hace muecas desde su silla, y yo, muy amable, le enseño mi dedo del medio.
—Que vaya él, ya está bastante grande, ¿no? —sonrío con malicia, y Theo pone los ojos en blanco.
Theo tiene catorce años. No es un bebé, perfectamente puede ir él mismo a esperar el camión de helados , ¿o no?
—Pero mamá... —Theo hace esos ojitos que siempre le funcionan.
¿Pero cuál es el afán de este niño?
—¡Verónica!
Resoplo. Ella tampoco mueve un dedo por un helado, pero claro, yo soy la enviada especial de los mandados. Qué linda familia.
—¡Ya voy! —grito, frustrada.
No lo puedo creer. Entre protestas, me cambio de ropa. Me pongo los primeros jeans que encuentro y una blusa de tirantes. El cabello... mejor no entro en detalles: un caos absoluto. Pero da igual. Solo tengo una cosa en mente: ir por los malditos helados y regresar a ver mi serie. Es mi último día libre de la semana antes de trabajar cuatro días seguidos, y quiero aprovecharlo.
Cuando voy camino a la puerta, mamá me lanza algo desde la cocina. Oh, mira, dinero. Qué detalle, ¿no?
Observo el lugar: está preparando la cena.
—Para la próxima vez lo haces desde el primer momento en que te lo pida —me dice con esa voz seria que no acepta réplica—. Y compra uno de chocolate para mí.
Se da la vuelta y sigue moviendo el pollo en el sartén.
Suspiro y me dispongo a salir, pero mamá aún no termina:
—Y compra uno para Omar y otro para ti.
Asiento sin mirarla y corro escaleras abajo esperando que no me de tiempo. Que el camión vaya demasiado rápido y no me escuchen.
Apenas abro la puerta del edificio y una ráfaga de viento me golpea el rostro. Salgo descalza, y en cuanto mis pies tocan la acera caliente, me arrepiento.
—Ay, qué idiota —murmuro, dando brinquitos.
Escucho la musiquita del camión de helados acercarse y levanto la mano, agitándola como loca.
El camión finalmente se detiene. Han sido los segundos más largos de mi vida.
Camino rápido hacia él, con el dinero apretado en el puño. El sonido del motor, el olor a vainilla y chocolate, el sol cayendo sobre los edificios... todo parece normal.
Hasta que lo veo.
El vendedor.
No sé por qué me quedo quieta, pero hay algo en su expresión que me desconcierta.
Tiene el ceño fruncido, unos ojos que parecen juzgar el mundo entero y una postura arrogante que no combina con ese uniforme de colores pasteles.
Él también me mira.
Por un instante, el ruido de la ciudad desaparece.
El camión de helados brilla bajo el sol, con esos colores pastel tan falsamente alegres que hasta me irritan.
Respiro hondo, avanzo un par de pasos.
—Buenas... ¿me puedes dar tres helados, por favor?
El tipo levanta la vista nuevamente. Sus ojos verdes, fríos como el helado que vende, se clavan en los míos por un segundo demasiado largo. Luego suelta una risa suave, casi como si se burlara de mí.
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Sedientos. (EDITANDO)
FanfictionSinopsis En una ciudad que brilla por fuera y sangra por dentro, Verónica Jones ha aprendido que los sueños no siempre pagan las cuentas. Vive en un pequeño apartamento junto a su madre y sus hermanos, trabajando sin descanso en una pizzería que hu...
