Gía es una mujer lobo sin manada que, perseguida por el peligro, termina en la manada de Lucas y descubre que él es su mate. Atemorizada, Gia decide ocultar su olor de él y pasar desapercibida como una simple loba más.
¿Logrará su cometido o será d...
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Con todo mi pesar agradecí al alfa todo lo que hizo por mí y le prometí no dar problemas a su manada, que ayudaría en todo lo posible... mientras notaba la mirada de Lucas fija en mí, con desdén. Traté de no darle importancia ya que mi nuevo alfa estaba muriéndose y no habían pasado más de dos días desde que había entrado a esta manada. ¡Qué mala suerte!
Los brazos de Addy me abrazaban mientras mi amiga lloraba en mi hombro, empapando así la camiseta de aquel amigable vampiro que me había salvado anteriormente. Fruncí el ceño ligeramente al darme cuenta de que nadie había dicho una sola palabra sobre mi olor a vampiro, pero dejé ir ese pensamiento rápidamente para consolar a Addy.
El día pasó y al amanecer del día siguiente el cuerpo del alfa se enfrió poco a poco mientras la vida que había en él se iba. No tardaron mucho en realizar el funeral; ya lo tenían todo preparado desde la tarde anterior, cuando supieron que iba a dejar este mundo. Tras la ceremonia de despedida Lucas quedó declarado el nuevo alfa y mi loba se revolvió de alegría por él, pero yo no.
—Nunca te enamores de nadie, Gía —dijo mi hermano agachándose frente a mí—. Ni siquiera de tu mate.
— ¿Por qué no? ¡Yo quiero que me den besitos y caricias! —exclamé con inocencia.
—Verás, pequeña... tener un mate es mucho más que eso. Al estar vinculada con él podrás notar cada vez que le pase algo y sufrirás muchísimo si te alejas demasiado de él. Estarás encadenada a una persona el resto de tu vida y no podrás negarte a sus exigencias ya que, al ser tu mate, se creerá tu dueño. Así que, hermanita, si alguna vez encuentras a tu mate... ocúltate de él —pidió mientras me acariciaba la cabeza.
Me incorporé de golpe en la cama de mi nueva casa mientras el sudor me recorría la frente y mi respiración era agitada. Sacudí la cabeza y me dirigí hacia la cocina a por un vaso de agua, encontrándome unos ojos azules observándome a través de la puerta de cristal. El vaso cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos y yo corrí hacia la puerta, abriéndola y observando a mis alrededores en busca de algo o alguien. No localicé nada, pero mi olfato captó un olor que extrañamente se me hacía familiar. Tratando de calmarme me aseguré de tener todas las puertas y ventanas cerradas y me fui a la cama, aunque me fue imposible dormir.
En lo que salió el sol me levanté y me vestí dispuesta a salir, pero paré un segundo a verme al espejo. Yo no me consideraba a mí misma una persona guapa sino más bien tierna, ya que debido a una gran cantidad de pecas que recorrían todo mi cuerpo mi rostro perdía seriedad y parecía el de una niña pequeña.
Decidí no perder más tiempo y me dirigí hacia el comedor, pero alguien se interpuso en mi camino.
—Hola —Me saludaron. Me volteé hacia atrás sin encontrar a nadie y mi ceño se frunció, pero enseguida un rostro apareció frente a mí—. No quería asustarte, perdón.
— ¿Cole? —pregunté. Pestañeé varias veces pensando que estaba volviéndome loca. Descarté esa opción tras unos segundos— ¿Qué haces aquí? Como te encuentre el alfa estás muerto.
—Vamos al bosque entonces —Me sonrió tendiéndome la mano. Tras unos segundos de dudas la tomé y me levanté para después salir corriendo detrás suya.
— ¡Casi me llevas arrastrando, brusco! —exclamé soltando una risa.
—Es que corres muy lento.
—Hombre, no esperes que tenga la velocidad que tiene un vampiro cuando no lo soy —dije como si fuera obvio (que lo era).
—Era broma, tonta. Corres rápido.
Ambos nos sentamos en el suelo y Cole me miró frunciendo el ceño.
—Gía, ¿por qué no tienes olor?
—Aprendí a ocultarlo con el tiempo —respondí encogiéndome de hombros—. Desde que tengo memoria fui una loba solitaria así que estaba expuesta a bastantes peligros y ocultar mi olor me venía bien. Ahora lo oculto para que mi mate no me descubra —expliqué soltando una risita al final. Cualquiera que me oyera pensaría que estoy loca, y con razón; todo lobo ansía encontrar a su compañero para toda la vida.
— ¿Por qué te ocultas de él?
—Bueno, alguien me dijo una vez que lo hiciera. Aún así el motivo principal por el que lo hago es porque no estoy segura de querer entregarme así a alguien. No quiero que nadie más que yo tenga el control sobre mis acciones y mi vida.
—Entiendo. Nosotros, los vampiros, siempre hemos pensado que tenéis suerte por tener mates. A nosotros nos toca como a los humanos: rompernos el corazón mil veces hasta encontrar a la persona correcta —dijo con algo de tristeza.
—Tranquilo, Cole —Sonreí de lado—, seguro que pronto encontrarás a esa persona.
—Gía, eres maravillosa y solo te conozco de un día —dijo echando a reír.
El resto de la mañana la pasamos en el bosque. Tras un rato y por el rugido de mi estómago deduje que era la hora del almuerzo así que volví a la manada y me dirigí al comedor. Todos se encontraban sirviéndose comida y sentándose para comer, lo que me alivió bastante; no quería ser la última en llegar y encontrarme con que todo había desaparecido.
Me senté junto a Addy y la eché una mirada. Movía la comida del plato pero no la comía.
—Addy —llamé. Ella me miró con los ojos llorosos—, debes comer para estar sana y fuerte. Es lo que tu padre querría.
—Pero no tengo apetito...
— ¿Y si te doy la comida como a un bebé? —pregunté con diversión. Una fugaz sonrisa cruzó el rostro de mi amiga y sonreí— Venga, haz un esfuerzo, ¿está bien?
Me miró por unos segundos antes de asentir con pesadez y se llevó la comida a la boca. Sonreí satisfecha y, al contrario que ella, yo devoré mi comida. Una vez terminamos me levanté y, tras acompañar a mi amiga a casa, decidí volver al bosque a buscar a Cole, mi nuevo amigo vampiro.
Transformé mi cuerpo al de mi loba y tras recomponerme unos segundos del dolor eché a correr. No encontré a mi amigo, pero di con un claro precioso y yo tenía sed así que me acerqué. Estaba bebiendo cuando noté que alguien me acariciaba las orejas haciendo que me sobresaltara y me colocara en posición de ataque, pero solo era Cole. Me relajé y pasé el resto del día conociéndole, aún sin sacar una sola pregunta de mi cabeza.
¿Quién era mi hermano y por qué había alguien observándome?