-¡Santana! ¡Santana! -grité entre la multitud de gente intentando encontrar a mi amiga.
-¡Santana! -grité una vez más, pero fue inútil.
Estaba tremendamente mareada. Me encontraba en medio de cientos de personas sin saber adónde ir. Por alguna razón, acabé en una especie de habitación, aunque más bien parecía un almacén.
De repente noté unas manos frías apoyadas en los laterales descubiertos de mi vestido.
-¡Santana! ¡Por fin! -dije al mismo tiempo que me giré hacia ella. O más bien, él.
-¿Dónde vas, preciosa?
Un leve escalofrío recorrió cada parte de mi cuerpo cuando un chico medianamente alto me estrechó contra su pecho.
-Suéltame. -dije a duras penas.
-Me gusta tu vestido negro, aunque me gustarías más sin él.
Intenté escabullirme de sus fuertes brazos pero no sirvió de nada. Sentía su aliento cada vez más cerca de mi cuello. Estaba realmente asustada.
-Estate quieta. Solo quiero conocerte.
-Déjame, por favor. ¡Déjame!
-Cállate, joder.
El chico me empujó contra la pared y, rápidamente, se aproximó a mi cuello para dejar un horrible moretón.
No pude reaccionar. El miedo consiguió paralizar todo mi cuerpo. Intentaba gritar, pero no me salían las palabras.
Tras patosos intentos de escabullida, por fin pude gesticular. Dejé salir un inútil pitido de mi boca, pero solo consistió en eso. En un inútil intento.
-Ni se te ocurra abrir la boca. Además, ¿crees que si lo hicieras alguien podría escucharte? Estamos muy lejos. Lo suficiente.
-Suéltame de una vez, por favor. -pude decir con un timbre de voz demasiado apagado mientras intentaba sacudir el cuerpo para escaparme.
-Así que no piensas hacerme caso, ¿eh?
La mano izquierda del chico bloqueó rápidamente hasta el más pequeño rincón de mi boca. Su otra mano bajó por mi espalda antes de apretar con ansia mi muslo.
Empecé a agitar la cabeza para deshacerme de su enorme mano al mismo tiempo que intentaba dar patadas, pero solo le afectaron al aire.
Las carcajadas de aquel tipo aumentaban con cada movimiento que hacía para escaparme de su agarre.
-¡Que me sueltes de una maldita vez, joder! -grité nuevamente cuando apartó la mano izquierda de mi boca para agarrar directamente mi otro muslo.
Aún así, sentía que había perdido. Ese chico hizo que me sintiera la persona más inútil del mundo. Ni siquiera podía defenderme a mí misma. Sentí que un tipo completamente desconocido y perturbado había conseguido lo que deseaba y yo no pude hacer nada para evitarlo. Hasta que apareció.
-Te ha dicho que la sueltes. ¿Es que ahora, además de gilipollas, también eres sordo?
-Eh... No le estaba haciendo nada. Simplemente estábamos charlando.
Tranquilo, tío. -fingió el tipo que por fin dejó en libertad mi cuerpo ante la profunda mirada de Zayn.
-¿Es eso cierto, Jane?
Esta vez fue a mí a quien asustó su mirada. La capacidad que tenía de penetrar cada poro de mi piel me dejaba sin aliento. El marrón claro de sus ojos desapareció, y quedaron sus pupilas, totalmente dilatadas. Oscuras. Estaba enfadado. Demasiado.
-No, ¿verdad? Porque si fuera cierto, por muy histérica que te pongas, no pegarías esa clase de chillidos. -añadió Zayn.
-No quería hacerle daño, de verdad. Díselo, chica.
Zayn giró de nuevo la mirada en mi dirección, pero por experiencia sabía que, cuando mi respiración estaba entrecortada, no podía mentir.
-Eres un malnacido. Quieres volver a repetir lo mismo de hace un par de años, ¿no?
Zayn agarró al chico del cuello sosteniéndolo en el aire, y añadió:
-Parece que nunca vas a aprender. Vaya, lo siento. No me dejas elección.
El impacto del golpe contra la mejilla del tipo resonó en toda la habitación. Como un acto reflejo, llevé mis manos a la cara tras dejar escapar un enorme chillido.
El chico cayó al suelo y Zayn se abalanzó sobre él. Un fuerte puñetazo rebotó contra su nariz y de esta comenzó a fluir un abundante chorro de sangre.
Me sentía muy nerviosa. Histérica, sin saber qué hacer. Lo único que se me ocurrió fue engancharme a la espalda de Zayn para inmovilizarlo. Sujeté sus brazos colocándolos sobre sus caderas y, con la poca paciencia de la que disponía, conseguí ponerle de pie. No paraba de gritar cosas horribles y amenazantes, pero pude sacarle de aquel lugar.
No había ni rastro de luz, solo la luna menguante, pero no sirvió de gran ayuda. Caminamos hasta hallar un banco viejo donde una pequeña farola centelleaba a su lado.
-¿Pero es que estás loco? -grité llena de miedo.
-Te estaba haciendo daño.
-¿Y qué? Podía apañármelas yo sola. No sé por qué has tenido que aparecer.
-Mira, sé que tu carácter impide que seas siquiera un poco agradecida, pero si yo no hubiera aparecido, quizás ese vestido negro hubiera pasado a la historia.
Pausé mis pensamientos llenos de cólera por un momento y recalqué sus palabras.
-Si no hubieras aparecido... -suspiré. -Gracias.
-Vaya, qué sorpresa. -dijo con un tono de burla que por alguna razón sonó adorable. -No es nada. Además, sé que no va a ser la última pelea que tenga por tu culpa.
-¿Qué?
Mis ojos ganaron un gran tamaño con sus últimas palabras, cosa que pareció divertirle.
-No te preocupes, es solo una broma. No quiero que te acostumbres a tener guardaespaldas.
-Imbécil. -solté en seco.
-¿Ves? Eso es más normal. Vamos, te llevo a casa.
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Sweet Obsession.
FanficJane es una chica de 16 años un tanto dura de roer y con una difícil historia. Su único apoyo es su mejor amiga Santana, la única persona que la conoce mejor que ella misma. Jane decide ir a una fiesta con Santana un día cualquiera, sin saber que ho...