La leche sacaba vapor de la taza roja con figuras animadas, quizá de una serie de Disney, no lo sabía, pero esas manos pequeñas y esos ojos brillosos le desconcertaban cada vez que pasaba los dedos por las páginas del periódico. Su esposa, una buena y sencilla nutrióloga, debía estar en esos momentos dando consulta al mismo gordo ejecutivo que hace algunas semanas debió haber ido a consulta y que ese mismo día había decidido regresar con al menos nueve kilos de más, por lo que ahora estaba resignado a llevar a su hijo al colegio, no le disgustaba, en absoluto, pero el temor atragantado en su garganta por cualquier mínima acción que realizara el menor le podía sacar de casilla y hacerlo cometer algo que un buen padre jamás haría.
La suave voz retumba sobre las paredes, apenas percibiéndola al momento de llegar a oídos de MinHo que aún inquieto intentaba concentrarse en el papel impreso que no parecía más interesante que el menudo cuerpo que se cargaba Tae Min, su hijo de 8 años.
— ¿Iras a recogerme tú? – los cristalinos ojos y esos pómulos alzados gracias al movimiento de labios curvilíneos del menor le provocan un revolqué en el estómago, empezaba a tener ganas de vomitar. Era sumamente asqueroso, la forma en la que lograba provocarle sensaciones que solo su esposa debía dar –
— Trabajo hasta las 7:30pm, otro día quizá – ignora el hecho de haber provocado esa mueca melancólica sobre la expresión contenta que conservaba en la mañana el niño, seguramente en clase se encontraría decaído y hasta en mayores grados lloraría por su padre.
— Está bien.
Eso fue toda la conversación en el desayuno de aquella mañana intranquila para Min Ho, la voz suave y apagada con la que le contesto le dio a entender que Tae Min ahora se encontraba molesto porque desde que puso pie en el suelo al despertar su padre le había ignorado y como si fuera poco le mencionaba que lo dejaría plantado en la escuela mientras que su madre se apuraba a salir de consulta para verlo fuera de la entrada donde solo quedaban maestros que con pena miraban al menor siendo el último alumno en ser llevado a casa. Horas y horas tenía que mantenerse parado fuera del aula, esperando que sus ocupados padres pudieran recogerlo pronto, sin descontar las veces en las que fue ofrecida una ayuda por el profesor de matemáticas que en buena intención quería llevarlo a su hogar.
El tránsito por suerte era fluido y no había ningún inconveniente en llamar a dirección por un retraso, pero el trayecto silencioso y poco animado que se mantenía le estaba poniendo nervioso. La mirada de Tae Min estaba clavada en el suelo, más específico en sus zapatos, esos que Min Ho había traído solo para su hijo, por consentirlo, por amor, ahora los empezaba a odiar, pues se llevaban la atención de su pequeño que no le dirigía la palabra si quiera en cuando el semáforo marcaba rojo.
Con los nervios de punta acerca su mano a la rodilla descubierta del menor, gracias al uniforme escolar que simplemente consistía en una bermuda café a cuadros, y una horrenda camisa holgada color blanco que cuando llovía y mojaba su ropa dejaba entrever parte del cuerpo menudo y flácido que mantenía a sus 8 años. Acaricia con suavidad en movimientos circulares la zona descubierta, sintiendo un placer exquisito recorrerle los sentidos, embriagándose del toque suave que ofrecía la piel desnuda y aterciopelada, pasando con lentitud cada gramo de desnudes visible y aceptable que un padre podía tomar de su hijo, dejando sacar en momentos, suspiros ahogados mientras TaeMin aún mantenía la vista en sus zapatos, pero de ratos moviéndose incomodo en el asiento cuando la mano traviesa de su progenitor paraba en la zona medía de su rodilla, una parte muy sensible de él, causándole pequeños respingones en el asiento, pero manteniendo la mirada abajo aún molesto por el coraje que le hizo pasar MinHo en la mañana.
— Perdón – murmura el mayor, dejando por fin la rodilla nerviosa y volviendo las manos al volante, concentrándose en el camino –
— No importa – susurra a lo bajo, con las mejillas sonrojadas, la respiración entrecortada y las manitas temblándole bajo los bolsillos de la bermuda. De cierta forma los toques de su padre le parecían extraños, hace más de 3 años que dejo de necesitar ayuda para bañarse pero su padre insistía en acompañarlo y aún más confuso, enjabonarle el cuerpo –
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Teoría del amor -2MIN
FanfictionBesa su frente, acomodando de forma correcta las sabanas que cubrían el cuerpo desnudó que aún tenía las marcas de sus caricias. Tae Min sonríe sobre los labios de Min Ho, envolviendo con sus pequeñas manos el cuerpo ancho de su padre - Buenas noche...
