Capítulo 3

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Aquella mañana había sido quizá el peor castigo que se le pudo haber impuesto. Primero porque su esposa tuvo que salir con urgencia a su consultorio y segunda porque su hijo tenía que alistarse para ir al colegio, resintiéndose al ser el único en esa casa que tendría que ayudarle en todo mientras su esposa estaba fuera de casa. Esta era la peor tortura que se le pudo haber dado, estaba con las manos sudándole y la temperatura de su cuerpo aumentaba cada vez que pasaba la esponja de baño por el menudo cuerpo de TaeMin, jalando aire por la boca en un vago intento por concentrarse en la sencilla tarea de enjabonar el cuerpo delgado, pero el simple hecho de estar separado de su piel por una esponja lo volvía todavía más complicado, considerando que su pantalón empezaba a apretarle de las sensaciones placenteras que le recorrían cada vez que tocaba su piel desnuda, suave y lisa.

Relame los labios, pestañeando en momentos y sacando resoplidos inquietantes, el baño empezaba a llenarse de vapor, no solo por lo caliente del agua en la tina sino por la temperatura corporal del mayor que desesperado pasaba con rapidez el jabón por las partes secas, limpiándose el sudor que salía de su frente.

Resultaba curioso, como un niño poco desarrollado y sin intenciones dobles podía poner el mundo de cabeza para MinHo con las sencillas acciones de cualquier infante, y no era porque hiciera algo fuera de lo normal a lo que otros niños de su edad hacían, pero la obsesión y el desequilibrio mental del mayor le revoloteaban las ideas al punto de gustarle de una manera extraña las acciones del menor, realmente estaba alucinado con su hijo, no había una teoría que explicara esas emociones en su interior cada que tocaba un mísera porción de la piel de TaeMin. Definitivamente estaba enfermo.

— Papá.. Me haces cosquillas – el suave murmullo y las manos temblorosas bajo la esponja le desconciertan.-

Entorna los ojos con el rostro enrojecido del menor, frunciendo el entre cejo, retirando la mano que sostenía la cintura estrecha para que no se tambaleara cuándo empezará a enjabonarle y saliendo de esa posición incómoda en la que estaba. Sacude la cabeza, dándose un golpe mental, estirándose para alcanzar el tazón rojo a su lado y despabilando todo instinto de agarrar y besarle descontroladamente, sin importar los chillidos que lance por alejarlo.

En un brusco y bestial ataque, sumerge el tazón en el bote de agua que se había encargado de traer horas antes de meter al menor a bañar, cuan vil desgraciado arrojándole el chorro de agua fría en el cuerpo, ignorando el temblor de TaeMin, no estaba teniendo ningún tipo de cuidado como cuando empezó a bañarle, simplemente quería acabar con su tortura cuanto antes, pero estaba actuando de una manera estúpida e impulsiva y eso a TaeMin le cabreaba, que minutos atrás se comportara delicado y atento y a los pocos segundos volviera a su enigmática y altanera actitud, no negaba que el mayor le estaba regalando los mejores momentos de su infancia pero tampoco era un padre ejemplar, eso bien lo sabía.

— Está.. fría – los dientes le castañeaban y las piernas le temblaban cuando el tercer chorro cae sobre su espalda, aferrándose con sus manos a los antebrazos en un intento por entrar en calor.

— Ven – tiende la mano que hace unos segundos le habían estado torturando lanzándole agua helada – debes salir o cogerás un resfriado –

Y todavía más absurda su respuesta. Ilógico que le pidiera salir del baño cuando después del castigador ataque de hielos cayendo sobre su piel desnuda le aseguraban un fuerte y desolador resfriado en el que evidentemente tendría que estar con papel todo el día para evitar que los mocos se le escurrieran. Contiene la respiración, ahogando el grito que tenía pensado lanzarle, pero no podía hacerlo, era su mayor y por supuesto le debía respeto, no solo porque fuera 22 años mayor que él sino porque simple y sencillamente era su padre.

Teoría del amor -2MINHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora