Capítulo 7

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Golpea insistente con la goma del lápiz, su labio inferior, mordiéndolo a su paso, rasgándolo con sus dientes de leche hasta que la sangre deja de fluir por ahí, ejerciendo una presión que incluso le dolía pero no tenía intención de apartar ni un centímetro su fuerte dentadura de los carnosos labios rosados, ahora rojos por la inminente presión. Había salido horas atrás después de su última clase, no se había tomado la molestia de avisarle a MinHo en donde se encontraba ni mucho menos pretendía hacerlo, estaba enojado por lo de la mañana y peor aún, se sentía avergonzado por lo que Jong In, su fiel y confidente amigo le había dicho aquel receso, no sabía cómo tomar aquello y si pensar que quizá su familia tenía otros ideales a los de su amigo que por cierto no terminaba de tragarse ese cuento mareador de su padre sobre la paternidad y el papel de cada hijo, es decir, ¿Qué clase de padre no te enseña que en los labios no se debe besar más que a tu pareja?, no quería pensar que era porque tras esa oscura mirada ocultaba algo que debía saber pero que a la vez no porque sabría que es malo y no quería sentirse sucio, no quería parecer un niño malo cuando en todos esos largos ocho años se mató por esa maldita insignia del buen estudiante y de comportamiento maduro, no permitiría que ese título le fuera manchado por los extraños fetiches paternales de MinHo, porque después del beso con Jong In, sabía de antemano, ahora, que estaba mal y que eso debía parar ya.

— ¿Esperas a alguien? – pregunta la enfermera, parecía nueva por la vestimenta y la falta de carácter en su voz, generalmente las chicas que llevaban tiempo trabajando ahí, mantenían un cierto tono de voz apacible –

— Hum.. Si, vengo a ver a Chen – rasca su cabeza e intenta dar su mejor sonrisa –

— Chen... - hace un ademán con la mano para que mencione su apellido pero ahora que lo recordaba, no lo sabía, nunca se lo pregunto y Lay jamás lo dijo, ahora sí que estaba jodido –

Tuerce los labios y fija su vista en los tenis negros, regalo de MinHo, últimamente le era costumbre agachar la mirada cuando algo le incomodaba, antes simplemente callaba e intentaba pensar en algo que le agradara para pasar el mal rato, pero justo ahora no se trataba de algo a juego, estaba pidiendo ver a un herido en cama, sin algún acompañante adulto y eso le traería problemas, seguramente la enfermera pensaría que se escapó de casa (lo cual no estaba lejos de la realidad, ya que se había escapado de las garras de su padre para venir a ver a su amigo) y lo más seguro es que llamarían a su casa donde ciertamente Aomame estaría histérica y enfadada con MinHo, pelearían un rato, al final resignándose a ignorarse por ese día hasta que llegara la mañana y alguno de los dos (siendo más francos, MinHo) terminarían por disculparse, pero el verdadero problema no quedaba ahí, sino en TaeMin, en cuanto MinHo supiera que se había ido del colegio sin avisarle, seguramente le castigaría y peor aún, lo que más temía, le pegaría.

Tiembla con el simple pensamiento de un cinturón de cuero fino estrecharse contra la suave piel de su trasero, escociéndole y sacando lágrimas lastimeras de los bellos ojos cafés, que le cegaran la vista mientras su enfurecido padre reventaba su enojo en la carne de sus posaderas, desquitándose de todo ese estrés que cargaba.

— ¿No tienen un registro o algo?, quizá pueda recordar su apellido con base a eso... - murmura dubitativo, esperando una afirmación pero en vez de eso solo se encuentra con el rostro irónico de la chica –

— Lo tenemos pero solo el personal autorizado puede verlo, lo siento, pero si no es familiar no puede verle, necesito una prueba segura de que es algo para el joven – el joven... entonces solo había un chico llamado Chen por todo el hospital, solo que la enfermera no le dejaría pasar a verle hasta que un ridículo certificado o algo le confirmara que era algo en específico de él más que un simple niño desobediente que salta las normas de su padre para ver al primo de su amigo –

Teoría del amor -2MINHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora