XII

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El domingo de esa semana vino a visitarnos la abuela, lo recuerdo bien.


Ella vivía en el campo, y tenía un departamento en Barrio Norte, que utilizaba cuando


venía a la ciudad por algún motivo. Nosotros la visitábamos al menos una vez por


mes, y pasábamos el fin de semana en su casa.


Yo amaba esos días. Días de levantarse temprano para ayudar en el ordeñe. Días de


andar a caballo y comer manzanas que arrancaba del árbol.


Era muy raro que mi abuela dejara su casa un fin de semana, sólo lo hacía de lunes a


viernes y trataba de volver al campo en el día.


Era común sí, encontrármela un miércoles a la salida de la escuela y almorzar juntos,


ella se apuraba en regresar temprano.


-Ya estoy vieja para manejar con tanto tránsito -decía y se reía-, mejor temprano


a casa que mañana hay que madrugar.


Ese domingo, ni bien llegó a casa, mi padre la sometió a un interrogatorio


preguntándole por qué había venido, si se sentía bien, si tenía algún problema, etc. Mi


abuela lo toleró un buen rato hasta que le contestó algo así como que estaba bastante


grande para responder esas cosas y que creía que podía venir a nuestra casa cuando


quisiera. Mi padre se quedó mudo, y mi madre y yo también, era la primera vez que


yo veía a alguien contestarle así a mi padre y dejarlo sin palabras. En ese momento


sentí que quería a mi abuela un poquito más que antes.

* * *

Almorzamos pollo con hierbas, frutas y alguna cosa más. El almuerzo transcurrió


como transcurren habitualmente este tipo de encuentros, charlas sobre el tiempo, el


colegio, las vacaciones pasadas, las que vendrán.


Estuve todo el tiempo divertido contemplando a mi abuela, me duraba el asombro por


la forma en que había tratado a mi padre. Después del café, continuamos nuestra


conversación en la sala, hasta que mi abuela se levantó para ir a sentarse al jardín.


Durante un rato la observé desde la ventana de mi habitación, sentada sobre el banco


de piedra a la sombra de los pinos, después me decidí a acompañarla.


-Tu padre se asombra de que venga a almorzar un domingo con ustedes, pero


siempre que vengo me hacen lo mismo de comer: ¡pollo con hierbas!


Nos reímos, era cierto. Desde hacía años cuando alguien venía a comer mi madre


cocinaba lo mismo. Variaba los acompañamientos y las entradas pero no el plato


principal. Era algo muy extraño. Rara vez mi madre repetía un menú durante el mes


cuando cocinaba para nosotros, es más, es una excelente cocinera. Nunca un plato


tuvo dos veces el mismo sabor, siempre modifica algo, siempre encuentra algún

Los Ojos Del Perro SiberianoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora