El domingo de esa semana vino a visitarnos la abuela, lo recuerdo bien.
Ella vivía en el campo, y tenía un departamento en Barrio Norte, que utilizaba cuando
venía a la ciudad por algún motivo. Nosotros la visitábamos al menos una vez por
mes, y pasábamos el fin de semana en su casa.
Yo amaba esos días. Días de levantarse temprano para ayudar en el ordeñe. Días de
andar a caballo y comer manzanas que arrancaba del árbol.
Era muy raro que mi abuela dejara su casa un fin de semana, sólo lo hacía de lunes a
viernes y trataba de volver al campo en el día.
Era común sí, encontrármela un miércoles a la salida de la escuela y almorzar juntos,
ella se apuraba en regresar temprano.
-Ya estoy vieja para manejar con tanto tránsito -decía y se reía-, mejor temprano
a casa que mañana hay que madrugar.
Ese domingo, ni bien llegó a casa, mi padre la sometió a un interrogatorio
preguntándole por qué había venido, si se sentía bien, si tenía algún problema, etc. Mi
abuela lo toleró un buen rato hasta que le contestó algo así como que estaba bastante
grande para responder esas cosas y que creía que podía venir a nuestra casa cuando
quisiera. Mi padre se quedó mudo, y mi madre y yo también, era la primera vez que
yo veía a alguien contestarle así a mi padre y dejarlo sin palabras. En ese momento
sentí que quería a mi abuela un poquito más que antes.
* * *
Almorzamos pollo con hierbas, frutas y alguna cosa más. El almuerzo transcurrió
como transcurren habitualmente este tipo de encuentros, charlas sobre el tiempo, el
colegio, las vacaciones pasadas, las que vendrán.
Estuve todo el tiempo divertido contemplando a mi abuela, me duraba el asombro por
la forma en que había tratado a mi padre. Después del café, continuamos nuestra
conversación en la sala, hasta que mi abuela se levantó para ir a sentarse al jardín.
Durante un rato la observé desde la ventana de mi habitación, sentada sobre el banco
de piedra a la sombra de los pinos, después me decidí a acompañarla.
-Tu padre se asombra de que venga a almorzar un domingo con ustedes, pero
siempre que vengo me hacen lo mismo de comer: ¡pollo con hierbas!
Nos reímos, era cierto. Desde hacía años cuando alguien venía a comer mi madre
cocinaba lo mismo. Variaba los acompañamientos y las entradas pero no el plato
principal. Era algo muy extraño. Rara vez mi madre repetía un menú durante el mes
cuando cocinaba para nosotros, es más, es una excelente cocinera. Nunca un plato
tuvo dos veces el mismo sabor, siempre modifica algo, siempre encuentra algún
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Los Ojos Del Perro Siberiano
AcakAutor: Antonio Santa Ana La novela Los Ojos del Perro Siberiano es narrada por un joven que está por irse a Estados Unidos y del cual nunca se menciona el nombre. Este narrador es el protagonista de la historia en la que relata su juventud y adolesc...
