La única mujer

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Phoebe

Cuando subimos al auto Ian comenzó a explicarme cómo funcionaba todo esto. Se suponía que cuando yo llegase a una edad determinada y junto a un evento astral, me convertiría en ángel y ayudaría a los humanos a cambiar y escapar de los pecados. O algo así entendí.

-Entonces... ¿Soy una ángel en transición?

-Algo así.- Dijo mirando a la carretera.

-Y... ¿Qué hace un dividido? O sea, ¿Cómo vive?

-De sangre, somos la primera línea de lo que se podría llamar "vampiros", el resto son sólo convertidos. Como Ashley, ella es una convertida.

-¡¿La perra patas largas es un vampiro?!- Mi cara era un poema con más metáforas que rimas.

Soltó una risa- Sí, de las más antiguas, por eso su familia es conocida en mi mundo, si no sería una chupasangre más del resto. Es increíble que te asombres por la convertida que por la parte en la que te dije que bebo sangre.

-Sé que no vas a cenarme Ian.- Dije obvia.

-¿Cómo lo sabes? Hoy no he comido mucho.

-Porque eres mi protector y estamos unidos, sientes lo que yo siento.

-Me sorprendes pequeña mutante.

-Suelo causar muchas impresiones.- Dije con obviedad.

-Yo suelo causar muchas emociones.- Sonrió de lado.

-Es cierto, son tres en específico: Ira, cólera, molestia.

- En ti no causo eso.- Dijo girando en una gran curva.

-Claro que sí.

-No. Te pongo nerviosa.- Miró por el retrovisor.

-Claro que no.

-¿Segura?- Me miró y levantó las cejas.

-Porsupuesto.- Dije seria.

-Entonces comprobémoslo.

De pronto hizo una maniobra demasiado temeraria, tanto que estuvo apunto de salirse mi corazón del pecho y"aparco" al lado del precipicio en la carretera (no estoy segura de si eso fue aparcar o solo tirar el auto a un lado), salió del auto y lo rodeo, yo solo miraba sus movimientos estupefacta. Abrió la puerta y desabrocho el cinturón con mi atenta mirada. Tomó mi mano y me sacó del auto, yo di uno que otro traspié por la emoción pasada y él me cogió de los brazos para poder caminar bien. Me acercó al precipicio, que por la oscuridad, se veía abismal y apacible.

-Escucha mi voz Phoebe, déjame entrar.- Dijo a mis espaldas en mi oído.

-Le temo a las alturas- logré gesticular.

-Lo sé. Confía en mí.

¿Cómo confiar? Él era un vampiro y yo no estaba segura de todo lo que había dicho, mi vida siempre había sido normal y no tuve indicios de nada, excepto los raros sueños y cortas visiones. Bueno, eso tal vez era un poco raro pero nada que pudiera rozar lo fantástico.

-Confía en mí.- Pasó su mano por mi brazo y mi piel reaccionó ante su tacto. Cerré los ojos y dejé mi mente en blanco y pude escuchar su voz dentro de mí.

-¿Qué sientes?

-Aire moviendo mi cabello.

-Abre los ojos.

Cuando los abrí quede atonita. Estábamos cayendo lentamente por el abismo, con una luz con la que se veía el horizonte lleno de árboles. Giré mi cabeza con parte de mi cuerpo y divice de donde provenía el resplandor, eran alas, sus alas; totalmente negras pero brillantes.

The HellDonde viven las historias. Descúbrelo ahora