Luego de terminar de alistarme y desayunar, Lucia y yo salimos para dirigirnos al colegio, pero justo ahí estaba Allen recostado monumentalmente de su auto esperando por nosotras.
—Buen Día.—Expresó Allen en muy alegre tono de voz.
—Buen Día.— Respondimos Lucía y yo al unísono.—¿A donde me llevarás hoy?- Susurré al acercarme a él.
— Al colegio.—manifestó con una alegre sonrisa en el rostro.
Allen nos llevó al colegio esa mañana y todo ese tiempo se sintió un desperdicio.
El tiempo pasó increíblemente lento, cada minuto parecía una semana, el tiempo parecía lejano, y lo que menos tengo es tiempo.
Siento que en cualquier momento no lo volveré a ver nunca jamás y la verdad es que eso puede ser lo mejor que puede pasar, al menos estaría al salvo, a salvo de mi.
—¿Por qué tan pensativa?—Pregunto Isaac irrumpiendo en mis pensamientos.—Y al juzgar por tu cara, asumo que son pensamientos negativos.
—¡Vamos Edith! ¿Qué te pasa?, yo soy el que debería ignorarte.—dijo parándose en frente para que le dirigiera la mirada, pero aún así no me molesté en hacerlo.—Y más después de lo que me hiciste ayer.—dijo esto ya girándose para marcharse.
—Lo siento.
—Perdón, ¿Qué dijiste?—preguntó.
—Dije que lo siento Isaac, lamento muchísimo haberte tratado de esa manera el día de ayer, me porté como toda una perra y está en tu decisión si quieres perdonarme.
—En ningún momento dije o pensé que te portaste como una perra ayer, pero si te perdono. Me di cuenta que esa persona que vino por ti ayer es muy importante.—Noté un ligero cambio en su tono de voz al final.
—Lo es.
— Bueno espero que te la hayas pasado de maravilla por qué hoy tenemos un control de lectura en literatura.—anunció con una hermosa y gran sonrisa en su rostro.
—¿Estás bromeando, cierto?
—No.
—Pero se suponía que debía ser la semana entrante.—exclamé.—Esto es injusto.
—Edith...—murmuró.—La vida no es justa.
Y con eso entramos al salón, yo con mis nervios al tope, ya que en esos controles de lectura ni estudiando te salvas. Cuando entramos al salón Isaac se sentó en su habitual asiento junto a mi y eso en cierto modo me dio una sensación de confianza, ya que asumí que el se preparó para el control de lectura.
—¿Estas Listo?—Susurre.
—¿A qué te refieres con eso?
— A que si estudiaste.
—No lo considero estudiar, pero leí el contenido.—Comentó muy poco confiado.
—¿Cuál es el tema?—Cuestioné.
—El romanticismo.
Saber que el control de lectura era sobre el romanticismo me alegro un poco ya que dependiendo de cuales sean sus preguntar puedo ingeniármelas para crear una respuesta lógica y con sentido.
—¡Muy bien chicos!—Llamó la atención la maestra.—Podemos comenzar, todos con lápiz y papel en mano, recuerden que sus credenciales deben estar en la esquina superior derecha.
Entre clase y clase me sentía perdida y solo me escapé por un día, que hubiera sido de una semana. Fue un poco difícil seguir el ritmo de los maestros durante la jornada, pero Isaac, con el que comparto casi todas mis asignaturas, excepto Educación Física, ya que el pertenece a un equipo en el colegio y esa clase le es exonerada, estuvo siempre a mi lado susurrándome las respuestas correctas y orientándome acerca de los temas.
Ya al medio día Isaac se desapareció de mi vista. Y no fue hasta que en la cafetería, mientras almorzaba con Lucía, apareció.
—¡Hey! Te estuve buscando casi el receso completo, ¿Qué te pasó?—pregunte un poco preocupada al ver su rostro amarillo como una banana.
—Estoy bien, solo necesitaba ir al baño, lamento haberme desaparecido así.—Su tono de voz denotaba cansancio y agotamiento extremo. No le creía ni una palabra de que estaba bien.
—¿Estás seguro? Porque de no ser así podemos ir a la enfermería.
—No, tranquila. Estoy bien, solo tengo hambre.—articuló y trató de sonreír forzosamente, pero yo sigo sin creerle el cuento de que está bien.
Ya al final del día traté de convencer a Issac de ir a emergencias, el tipo no se veía nada bien, tenía la mirada desorientada, la piel amarilla y una tos que no cesaba, posiblemente estaba enfermo.
—Edith yo estoy absolutamente bien, solo estoy cansado. Mírame.— Dijo con los brazos abiertos y una sonrisa en su rostro fue como se desplomó al piso.
—¡Isaac!—Grité. En ese instante corrí hacia el para tratar de levantarlo pero se había desmayado y no respondía a mi gritos.
—¡Edith! ¿Qué sucedió aquí?—Oír decir a Allen. Al parecer vino a recogerme al colegio.—Llama a emergencias Lucia.
—Los llamaré de inmediato.
Pude sentir que Allen se acercaba, pude oler su hermoso perfume.
—¿Estás bien amor?—preguntó y pude ver la preocupación en su rostro.
—Yo si... pero... pero... Isaac no.—Sollocé.
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El Cáncer de Edith
Teen FictionTodos en mi vida mueren o simplemente desaparecen, es como si mi propia existencia fuera una amenaza a la humanidad. Siempre estoy sola, porque creo que así puedo proteger a todos de todo lo que representa estar cerca de mí.
