-La patada no era necesaria- me dijo
-Las frases despectivas tampoco.- Emilio sonríe.
-Lo siento.-
-Te perdono con una condición.-
-¿No decían que Cenicienta era inmensamente bondadosa?-
-Tal vez sea hora de que te des cuenta de que no soy Cenicienta. De todos modos esa es mi pregunta; ¿cómo es que todos saben de Cenicienta?-
-Sólo te diré que estas destinada a algo grande... o lo estabas, antes de que abandonaras tu vida y todo eso-
-¿Cómo lo saben? ¿Los mágicos pueden ver el futuro?-
-No exactamente.-
-¿Entonces?-
-No sé si sea moralmente correcto decirte, eres...- se detuvo y sentí que fue para no recibir otra patada.
-Entiendo...-
-El que no entiende soy yo. ¿por qué...-
-¡Emilio! Es decir, señor. Me parece que es buena idea que ella sea espía y... usted ya planeaba hacerlo así que estoy quedando como un completo...-
-Sí, Sam. Sí a todas tus afirmaciones.-
Sam se encogió de hombros.
-¿Quieres acompañarla a su destino?- le pregunta Emilio.
-¿Qué pasó con eso de no decirle a nadie?-
-Es Sam. Te será de mucha ayuda. Además tengo más asuntos que resolver. Suerte.-
Emilio se fue.
-¿Por qué sospecho que debí de haberme quedado callado?- dijo Sam a nadie en particular.
-¿Sabes dónde está el famoso zorro rastreador?-
-Sí.-
-Pues que inicie la aventura.-
Caminamos largo rato. Sam era demasiado agradable e hizo el viaje mucho más ameno de lo que era con Emilio.
-Deberíamos descansar un poco. Muero de hambre.- le dije.
-Sí. Lo siento, creo que eres la primera humana que se une a la causa.-
-¿Los mágicos no comen?-
-No por necesidad. Es más bien un lujo.-
-No puedo creerlo. ¿Por qué no tengo magia?-
-Tal vez sí la tienes. Después de todo eres hija de un hada madrina.-
-Sí... es verdad.-
Me senté y saqué algo de comida. Le ofrecí a Sam, pero el se negó diciéndome que al final yo la necesitaría más.
-¿Cómo es que Lord Lob obtuvo magia?-
-Nadie lo sabe, más que él mismo. La encontró en alguna parte. Algunos dicen que vino del pasado, donde todos en el mundo tenían magia.-
-¿También los humanos?-
-No había humanos.-
-Oh.-
-Fue con la llegada de los humanos que los mágicos tuvieron que restringir la magia y, bueno, creo que ya hablé demasiado de cosas aburridas.-
-Para nada. Todo lo que dices me parece interesante.-
-Es lo que dicen las hadas madrinas siempre.-
-Bueno, pero yo no se lo digo a cualquiera.-
Sam me sonrió y me sentí bien.
-Sam, ¿tú que sabes de Cenicienta?-
-¿Cenicienta? Lo que todos sabemos, ¿por qué?-
-Nada... - "que frustración"-curiosidad.-
-Eres diferente a los demás seres mágicos. Tienes más de humana-
-¿Eso es malo?-
-Sólo si te importa-
-¿Qué es ese olor?- pregunté porque el lugar se había llenado de un aroma dulce.
-¿Qué olor?-
De repente Sam me pareció el chico más guapo, lindo y tierno de la Tierra, bueno, el universo. Sus ojos me atraparon y sabía que él estaba atrapado en los míos. Sabía que algo estaba mal, pero no me importaba. Sólo me importaba él. Sam, Sam, Sam...
Nos acercamos mutuamente y, sin decirnos nada, nos empezamos a besar. Todo estaba bien, hasta que alguien tiró de mi brazo llevándonos a rastras. Sam no me soltó, ni yo a él, así que para mí todo estaba bien.
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Mi Princesa Ingeniosa
Fantasy"-Tienes que quedarte. Esperar y aguantar. Está en tu destino.- me dijo el madrina. -¿Y hay algo bueno después de eso?- -Sí. Algo maravilloso.- -¿Y después de eso qué?- El hada madrina suspiró con molestia -¡Lárgate! Me da lo mismo. Un deseo menos...
