17 POV Sam

4 0 0
                                        

Llegamos a la guarida en cuanto nos dimos cuenta de que algo iba mal.
Todo el ejército estaba reunido y todos estábamos seguros de que la guerra acabaría hoy.
Entramos y la sangre empezó a derramarse, tanto la mágica como la de los animales.
Me escabullí para buscar a Rebeca. Necesitaba saber que ella estaba bien. Emilio me seguía, aunque su objetivo era diferente. Él buscaba a LordLob.
-Esa rata pagará todo lo que ha hecho.-
Para nuestra suerte, encontramos primero a LordLob.
-Qué gusto el volverte a ver, Emilio.- dijo LordLob, haciendo que el gesto de Emilio se endureciera.-¿Te llegó la invitación?-
-No, tuvimos que venir sin una ya que eres un anfitrión muy desconsiderado-
-No me refiero a eso. Me refiero a la de la boda de Naila.-
Al parecer la reacción de Emilio era justo la que LordLob esperaba, por que se relamió los labios con burla.
-Sí, la bella Naila se casa con el guapo cazador, ¿cómo se llamaba?-
-¡Cállate!-
-Oh, no te pongas así. Le pasa a todos los magos. Incluso le pasará al joven Sam-
"¿Cómo es que sabe mi nombre?"
-Así es, he oído hablar de ti. Te enamoraste de Cenicienta, ¿no es cierto? Lástima que justo ahora están borrando todo lo que ella está sintiendo por ti.-
-¿De qué rayos hablas?- le grité
-De que le están borrando la memoria para que pueda volver al pueblo y ser la Cenicienta que siempre hemos querido.-
-¡Ella no es Cenicienta!- le gritó Emilio mientras corría hacia él con la espada alzada.
LordLob ya lo esperaba con espada en mano y pronto inició la pelea.
-Corre a buscar a Rebeca- me ordenó Emilio mientras seguía luchando.
Corrí hacia afuera de la habitación y empecé a gritar el nombre de Rebeca.
-¡Saaaaaaam! ¡Saaaaaaaaam!- escuché su voz al final del corredor. Aceleré el paso y la vi atada a una silla mientras una cara conocida se reía de su dolor.
-¿Darika?-
-¿Sam? ¿Qué haces aquí?-
-¿Qué haces tú aquí? Hay que soltarla. Está sufriendo-
-No.-
-¿Qué?-
-No la soltaré. Ella lo merece. Es una irresponsable. ¿Cómo se le ocurre dejar su responsabilidad así como así y...-
-Yo la suelto.-
-No te dejaré. ¡Guardias!¡Guardias!-
Animales humanoides me rodearon y sostuvieron.
Traté de safarme porque Rebeca no paraba de gritar, pero fue inútil. Pronto pareció desmallarse.
-Ya terminó. Ahora ella no recuerda nada de ti-
-No...-
De repente todas las alimañas que me detenían perdieron su forma humanoide y se volvieron simples animales.
Eso sólo podía significar algo: LordLob había muerto.
Al ver esto, Darika salió corriendo. No pensaba seguirla.
Corrí hacia Rebeca. La desaté y toqué su cuello buscando su pulso.
Sentí un gran alivio al comprobar que seguía viva.
La tomé en mis brazos y la saqué de ese horrible lugar.
En el camino me topé con Emilio, con sus manos llenas de sangre.
-Lo lograste- le dije. El asintió.
-¿Cómo está ella?-
-Se desmayó y tal vez no me recuerda, pero creo que estará bien.-
-Seguro que sí-
Una puerta se abrió de golpe.
-Escuchame bien Sam; si no eres mío...- corrió hacia mí con la espada en alto. Me voltee para proteger a Rebeca esperando el dolor, pero éste nunca llegó.
-Oh, no- susurró Darika antes de salir corriendo.
Miré hacia atrás y vi como la espada estaba clavada en el estómago de Emilio.
-Emilio-
Él sacó la espada haciendo que un río de sangre llenara el piso.
-¡Auxilio!- grité mientras dejaba a Rebeca con cuidado en un sillón.-¡Alguien ayudenos!-
-Sam- me dijo Emilio.- No me queda mucho tiempo. -
-No digas eso-
-Traeme un recipiente-
Busqué a mi alrededor y pronto encontré uno de cristal. Se lo pasé.
Entonces vi lo que hacía. Él depositaba sus lágrimas en el recipiente.
-Emilio... Los magos no deben llorar...-
-Porque pierden su magia, lo sé.- Promete que le entregarás este frasco a Naila pase lo que pase.- fue como si la vida se apagara en él. La ayuda llegó poco después de eso. Demasiado tarde, como siempre
No quería dejarlo, pero Rebeca me necesitaba. No tardaría en despertar.
La llevé en mis brazos hasta orillas del pueblo y ahí no supe qué hacer. No quería perderla. No ahora que uno de mis mejores amigos estaba herido.
La miré en mis brazos y vi cómo sus párpados empezaban a abrirse.
La recosté en el pasto mientras abría los ojos.
-¿Dónde estoy? ¿Qué pasó?- se sentó lentamente y me miró con los ojos muy abiertos.- ¿Quién eres tú?- suspiré con tristeza. De verdad no me recordaba.
Ahora debía de tomar una decisión: decirle la verdad y darnos la oportunidad de tener una vida juntos o dejarla ir a seguir su destino; ver como se casa con un arrogante príncipe y se convierte en la Cenicienta que todos necesitamos... Difícil.
Porque lo que en realidad quiero es decirle lo mucho que me alegra que esté viva y que me encantaría que se quedara conmigo, que me acompañara con Emilio y dijera lo que significó Emilio para nosotros. Que no tuviera que pasar por esto yo sólo.
"-Cuando tú amas a alguien, haces lo que sea mejor para esa persona. ¿Verdad, Sam?-" sonó la voz de Emilio en mi cabeza. Suspiré.
-Mi nombre es Sam.-

Mi Princesa IngeniosaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora