La había escuchado en alguna parte mientras Sam hablaba. Era la voz de Naila.
No dije nada porque me apenaba la locura de amor que estaba sintiendo por ella. De todos modos, Cenicienta estaría bien con Sam.
Caminé siguiendo la voz que reía al lado de otra voz.
Entonces la vi, sentada bajo un árbol al lado de un chico.
" ¿Será acaso el que ella no podía olvidar?"
Me mantuve oculto, pero no sé por qué.
-Me alegro de que ya estés mejor. No me gusta verte triste.-
-Gracias por no dejarme sola a pesar de todo-
Eso era lo que me impedía salir. El no tener ni siquiera la seguridad que le daba el ser humano.
Me retiré mientras ella lo besaba. Que injusta era la vida. Al parecer no hay amor para los que luchamos por los demás.
Otro ruido llamó mi atención a lo lejos; era fácil de reconocer: sirenas. Seguro se están reuniendo en algún lugar no tan lejos de aquí. Suelen reunirse cuando encuentran una razón para celebrar. Son los únicos seres mágicos que matan humanos y ayudan a los animales en ésta guerra.
¡Sirenas! ¡Cenicienta! ¡Sam!
Corrí lo más rápido que pude, pero hace horas que los dejé caminar solos y no sabía exactamente por cuál camino se habían ido.
Las sirenas no son tan malas, pero odian a los humanos, ya que las obligaron a abandonar varios lagos que contaminaron.
Sentí pánico al recordar aquello y empecé a gritarle a Sam y a Cenicienta. Olvidaba que alguien podría estar escuchando y siguiendonos.
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Mi Princesa Ingeniosa
Fantasy"-Tienes que quedarte. Esperar y aguantar. Está en tu destino.- me dijo el madrina. -¿Y hay algo bueno después de eso?- -Sí. Algo maravilloso.- -¿Y después de eso qué?- El hada madrina suspiró con molestia -¡Lárgate! Me da lo mismo. Un deseo menos...
