-Regresa al pueblo. Te asignaré otra hada madrina-
-Disculpa, pero no quiero otra hada madrina. Es decir, no necesito ningún hada madrina.-
-Claro que sí. Eres Cenicienta.-
-¿Qué quieres decir? Además, no soy cenicienta. Mi nombre es Rebeca.-
-Como sea. Tienes que volver.-
-No volveré hasta encontrar a mi hada madrina contigo o sin ti.-
-Lo que me faltaba; una chica caprichosa-
-No tengo que ser una carga para ti. Puedo hacer esto sola.-
-Olvídalo. No te dejaré sola. Vamos.-
-¿A dónde?-
-A un lugar seguro. Te ayudaré a salvar a tu hada madrina.-
-¿De verdad?-
-Sí-
Lo abracé y le di un beso en la mejilla.
-Gracias- pasaron tres segundos- ¿Lo estás diciendo para manipularme?-
-No eres la Cenicienta que esperaba-
-¡No soy Cenicienta!-
-¿Tu madre se marchó?-
-Sí...-
-¿Tú padre se volvió a casar?-
-Sí-
-¿Te dejó con tu madrastra?-
-Sí-
-¿Y conociste a tu hada madrina?-
-Sí-
-Lamento decírtelo, pero sí eres Cenicienta-
-No-de repente su nombre me sonó conocido- ¿Tú eres e mago al que Naila le delegó sus poderes?-
-¿Cómo sabes eso?-
-Ella me lo dijo ayer mismo.-
-¿Ella te hablo de mí?- noté un pequeño brillo en sus ojos.- ¿Cómo está? ¿es feliz?-
-Me parece que sí, ya que nadie la está obligando a volver.-
Creo que notó mi indirecta porque se sonrió.
-Vamos. Encontraremos a tu hada madrina.-
Me guió a una cabaña abandonada donde había más seres mágicos. Antes de entrar me susurro "ni se te ocurra decir que eres Cenicienta."
-No soy cenicienta-
Me presentó a los seres que había adentro. Una pequeña hada llamada Destelo, un duende con un nombre extraño, un chico que era mago y una chava que era bruja blanca. Todos unidos para que los animales no controlaran toda la magia. Y al parecer sólo eran una pequeña parte de todos los que estaban luchando.
-Emilio, ¿por qué trajiste a una humana?- le preguntó el chico, Sam, tratando de que yo no escuchara sin éxito.
- No tengo por qué darte explicaciones, Sam.-
-Lo siento, señor.-
-Es alarmante.- dijo la bruja blanca.
-¿Qué cosa?- preguntó Emilio.
-Lord Lob ha estado buscando el bosque encantado para poder ver a los seres humanos y así encontrar a Naila-
Emilio se vio preocupado de verdad.
-¿Qué tanto le falta para llegar al bosque encantado?-
-Está a tres millas-
-Tenemos que detenerlo-
-Podríamos enviar una emboscada para desviarlos-
-Entonces sabrán que están cerca- dije, y todos me miraron.
-¿Tú quién eres?- me preguntó la bruja.
Yo tragué saliva antes de contestar, asegurándome de que no se notara.
-Rebeca-
-De todas formas tiene razón.- dijo Sam, salvándome de las miradas acusadoras de los demás.
-Podríamos preparar un bosque encantado falso y guiarlos hacia él. Nos dará tiempo para ocultar el real.- dijo el duende y a todos les pareció buena idea.
Sin nada más que decir se pusieron a elegir el destino del nuevo bosque encantado y los señuelos.
-Sam, guía a Rebeca a una habitación.-
-Sí, señor.-
-Pero quiero ayudar.- Le dije.
-Más ayuda el que no estorba.-
Eso hirió mi ego.
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Mi Princesa Ingeniosa
Fantasi"-Tienes que quedarte. Esperar y aguantar. Está en tu destino.- me dijo el madrina. -¿Y hay algo bueno después de eso?- -Sí. Algo maravilloso.- -¿Y después de eso qué?- El hada madrina suspiró con molestia -¡Lárgate! Me da lo mismo. Un deseo menos...
