Capitulo 12

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EL NUEVO MERODEADOR

El último mes pasó como una exhalación. Mientras la casa se revolucionaba con las cosas para el bebe, Pansy sentía la angustia de no saber cómo estaría el, sintiendo la acuciante necesidad de saber, pero sabiendo que nada ganaría con angustiarse, solo hacerse sentir mal, y también a su bebe.

Caminaba por la playa frente a la casa, cuando un desgarrador dolor en el vientre le hizo doblarse sobre sí misma. Gimió sin voz, asustada y dolorida a partes iguales, cayendo de rodillas al suelo, mientras con sus manos acunaba su vientre, que se había puesto tan duro, tratando de calmar a su hijo, quien se removía con furia dentro del mismo. Soltó un grito ahogado, tratando de llamar a su "madre", pero las palabras no salieron tan claramente como pretendía. Aun así, la mujer acudió en su auxilio, tal vez porque había sentido la angustia, o porque llevaba mirándola por la ventana durante un largo rato, como venía haciendo desde hace varios días ya.

—¡Samantha!

Pansy gimió nuevamente, doblándose aún más por el dolor. Apenas noto la humedad que se deslizaba entre sus piernas, el charco formándose a sus pies.

—¡Thomas! ¡Thomas!

El hombre castaño salió corriendo de dentro de la casa. Con manos temblorosas la tomo en brazos, caminando con rapidez hacia la casa nuevamente. La mujer había corrido delante de ellos, dispuesta a llamar al médico. Había visto el charco sobre los pies de su hija, relacionándolo con el rompimiento de la fuente y el próximo nacimiento de su nieto. Cogió el teléfono al vuelo, mientras buscaba afanosamente la pequeña tarjetita que le había dado Claire, la amiga de su hija. Un pensamiento fugaz paso por su mente, el pensamiento de que esa chica castaña parecía más su hija que la propia, pero lo aparto ante la urgencia de llamar al médico.

Marco los números con rapidez, y mientras esperaba que contestaran, sonrió ante el próximo nacimiento, pensando entre los dos atuendos que había elegido para ese momento, sin decidirse por el azul cielo, o el verde pálido, saliendo de sus pensamientos cuando una chillona voz femenina atendió del otro lado de la línea





















Alzo los ojos al cielo, oteando en las estrellas por algún tipo de ayuda, pensando en el dios muggle que le habían enseñado a adorar durante su infancia. Aun le quedaban varias horas de guardia, y mientras tanto, ella seguía pensando en los últimos acontecimientos.

Finalmente, había sido sincera con Ron. Los resultados habían sido los esperados, en mayor o menor grado, en este caso, lo peor que había pensado no había pasado. Si, había enfurecido, destrozando a su paso todo lo que encontraba, si, había maldecido, a ella, a Draco, a Harry. No podía olvidar su mirada azul, tan destrozada, tan traicionada, tan dolida, las palabras tan hirientes que habían salido de sus labios las esperaba, es más, era lógico que eso sucediera, pero no dolía menos.

Había contado todo, desde el principio, como habían comenzado dejando a un lado la hostilidad, reuniéndose para hacer los deberes de transformaciones que les habían asignado, pasando tiempo juntos después de que habían encontrado cómodo el compartir el espacio al estudiar, hablando sobre cosas sin importancia primero, después sobre hipotéticos acontecimientos. Compartiendo risas furtivas, pensamientos cada vez más profundos, conocimientos y gustos, miradas cómplices. Hasta que un buen día, de la nada, sin saber quién de los dos había comenzado, se besaron. Fue solo un roce de labios, pero había sido lo más intenso para ella hasta ese momento. Se observaron a los ojos, asustados y confundidos, pero antes de pensar siquiera en huir, ambos estaban enzarzados en un beso más profundo y demandante, dando y recibiendo, sintiendo miles de sensaciones a la vez.

Cuando se miran | Hansy {COMPLETA}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora