Capitulo 2

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 PASILLOS 


Se detienen al inicio de un pasillo, mirándose fijamente. Es la hora pico, donde los cientos de estudiantes del prestigioso Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería se cruzan entre clase y clase. Es justo la hora de pociones, y ambos están allí, porque comparten clases. Se detienen sorprendidos porque antes de dar la vuelta,justo al llegar a la esquina del pasillo, sienten un rayo de electricidad recorrerles el cuerpo. E invariablemente, sienten la presencia del otro, envolviéndoles como un haz de luz. 


La respiración se acelera, el corazón martillea como poseso en sus oídos, y cuando llegan a quedar frente a frente, ambos en cada extremo del pasillo, se quedan quietos como si temieran que al dar un paso, todo se precipitara al vacío. 


Titubean un poco, solamente lo justo para que Hermione se de cuenta de que ahí pasa algo, pero no lo suficiente para que Weasley se de por enterado, aunque conociéndolo, ni aunque lo gritaran a los cuatro vientos él se enteraría. Reanudan el paso, mirándose de soslayo cuando se cruzan, rozándose sin querer las manos (eso piensan ellos) cuando se encuentran lo suficientemente cerca. 


Harry aspira el delicado aroma a cítricos de ella, mientras la nariz de ella se llena con fuerza su olor almizclado. Caminan hasta perderse de vista el uno al otro, Pansy esperando a Draco en la esquina del pasillo, Harry, siendo Harry recargado contra uno de los muros. 


Se observan de reojo, sin querer ninguno demostrarle al otro que le importa, sintiéndose aun mas confundidos porque la situación es tan bizarra, que no saben como reaccionar. Draco y los demás Slytherin hacen su aparición, el rubio la toma de la cintura y la acerca hacia el, enterrando su fina y aristocrática nariz en los oscuros cabellos de ella, escudándose en ese gesto para observar a lo lejos a otra cabellera, castaña e indomable, cuya dueña le observa con los ojos chispeantes de furia contenida.


 Pansy suspira, porque sabe lo que Draco hace, y le enferma que la utilice para sus fines. Se siente tan desesperada del otro lado de su máscara Slytherin, que quiere ponerse a gritar en medio del pasillo. Pero se contiene cuando, en un revuelo de ropas negras, Severus Snape los observa de reojo, clavando segundos después sus fieros ojos oscuros sobre el trío dorado.


 —¡Veinte puntos menos para Gryffindor! —dice el pocionista.


 Los chicos muestran su enfado en miradas de odio, mientras Draco sonríe como si hubiera ganado un premio, ahora de buen humor. Camina frente a ellos, con el brazo firmemente cerrado en torno a la estrecha cintura de Pansy, mientras se pasea frente al Trío Dorado, una sonrisa soberbia bailando sobre sus finos labios. Pansy le hecha un vistazo al niño-que-vivió, sorprendida por sus ojos llenos de furia. Las verdes orbes siempre han sido muy expresivas, y ahora justo se encuentra perdida entre el mar bullicioso dentro de ellas. Se queda quieta y sin aliento frente a él, atrapada por el cálido resplandor que emanan esos ojos, ojos que lleva ya varias noches soñando. 


Draco la jala hacia él, molesto por su reacción, pensando equívocamente que se están retando con la mirada. Ni siquiera se detiene a pensar en el cambio de comportamiento de ella, no le interesa. Maldice por lo bajo, mientras la jala dentro del aula, desconectando el par de ojos que se habían quedado absortos en los otros. 


Los Gryffindor entran de último y se colocan en sus asientos. Harry ha quedado sentado exactamente frente a donde el rubio y la chica se han sentado,convenientemente a tiro para seguir observándola. Pansy siente el rostro arderle. Sabe que Harry la observa y siente que el oxigeno se concentra muy pesado en sus pulmones. Snape comienza a hablar, pero en lugar de escuchar su apabullante y oscura voz, sus ojos nuevamente se dirigen hacia donde el chico dorado se encuentra sentado. Parece ser que una vez más, sus traicioneros ojos la invitan a mirarlo.


 Es en una de esas miradas de reojo cuando sus ojos nuevamente se conectan. El desprecio ya no brilla en los ojos azules, ni el resentimiento en las orbes esmeralda. Algo mas profundo bulle en el fondo de ambos pares de ojos, ojos rivales. Algo que les asusta y les impide volver a observarse, al menos por el momento. 


Algo a lo que no quieren ponerle nombre, porque es tan imposible como que el sol salga de noche. Algo de lo que están tan seguros, como de que nunca podrán estar juntos.


 Están enamorados. 


 Y el conocimiento de eso, a partir de ese instante, las va a hacer más miserable aún sus ya miserables vidas...   

Cuando se miran | Hansy {COMPLETA}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora