Entre la cena y las decisiones
La habitación aún olía a pintura nueva y a desinfectante. Había cajas abiertas, ropa desparramada por las camas, y una ventana sin cortinas que dejaba entrar la brisa nocturna. Elif estaba sentada frente al pequeño espejo de la cómoda, revisándose el delineado, mientras yo intentaba meter mi ropa en los cajones sin hacer demasiado desorden... aunque claramente estaba fracasando.
—No tengo ni la más mínima idea de cómo decirles que no voy a ir en Navidad —murmuré, tirando una blusa sobre la cama como si eso fuera a ayudar.
Elif me miró por el espejo, con esa cara de "¿en serio sigues con eso?".
—Diles que se dañó tu vuelo, que el gato del vecino se murió y estás de luto, que la aerolínea quebró... algo. Usa la imaginación.
—Mi mamá no se va a tragar ninguna excusa. Y menos viniendo de mí. Ella siempre dice que me lee hasta cuando respiro.
—Entonces respira como alguien que no va a ir. Fin.
Yo solté una risa por la nariz y me dejé caer sobre el colchón. Cerré los ojos un segundo. Todo estaba pasando tan rápido que sentía que en cualquier momento me iba a despertar en mi antigua habitación, en mi vieja casa, con la alarma sonando a las seis para ir a clases.
Pero no. Estaba aquí. En Delta Gamma. En una fraternidad llena de chicos que parecían salidos de TikTok, con una mejor amiga que tenía más energía que una batería de litio, y un calendario que decía "diciembre" en grande, recordándome que pronto llegaría el 24.
Estaba en esas, debatiéndome entre huir del país o fingir una intoxicación, cuando alguien golpeó la puerta.
—¿Se puede? —preguntó una voz masculina, y sin esperar respuesta, Cameron apareció con su cabello revuelto y esa cara de "vengo a meterme donde no me llaman pero igual me van a amar".
—¿Tocaste solo por protocolo? —pregunté, levantando una ceja.
—Obvio. La intención es lo que cuenta. ¿Van a cenar con nosotros o van a seguir quejándose de la vida como dos viudas en luna nueva?
Elif giró en su silla y lo miró de arriba abajo. Estaba en camiseta sin mangas y pantalón de pijama, y no puedo mentir: parecía sacado de un sueño con filtro vintage.
—¿Qué cenan? —preguntó ella, desconfiada.
—Lasaña. La hizo Alan. Dice que quiere impresionar. Yo creo que solo quiere presumir que aprendió a usar el horno sin quemarse la cara.
—¿Alan cocina? —dije, fingiendo sorpresa—. ¿Y sobrevivieron todos?
—Ligeramente. Ian casi muere por comerla congelada, pero fuera de eso... fue un éxito.
—¿Y si no cenamos, qué pasa? —pregunté, cruzando los brazos.
—Que Alan se ofende, Jace se la come toda, y yo subo a darles el sermón del abandono emocional —dijo con una sonrisa torcida—. Pero si tienen otros planes...
—No, está bien —interrumpió Elif antes de que yo inventara cualquier excusa—. Vamos. ¿Tú vienes? —me miró como diciendo "no seas antisocial".
Suspiré. La verdad no tenía hambre, pero tampoco quería quedarme aquí sola con mis pensamientos y mis ganas de desaparecer.
—Denme cinco minutos —respondí, levantándome con flojera.
—Les doy seis. Pero al minuto siete empiezo a gritar —dijo Cameron antes de desaparecer por el pasillo.
Cuando la puerta se cerró, Elif me lanzó una mirada.
—¿Ves? Por eso no te puedes ir en Navidad. Mira todo lo que te perderías.
—¿Lasaña congelada y sermones no solicitados? —arqueé una ceja.
—No, boba. Gente que te hace sentir como en casa sin pedir nada a cambio.
Me quedé en silencio un momento.
—¿Y si me estoy encariñando demasiado con esto? —pregunté en voz baja.
—Entonces mejor quédate, porque eso es exactamente lo que necesitas.
⸻
Bajamos minutos después, y como prometido, todos estaban en la sala, con platos servidos y música de fondo. Alan llevaba un gorro de chef que claramente había robado de algún restaurante temático, y Erick ya estaba con una cerveza en la mano como si estuvieran celebrando la final del Mundial.
—¡Las damas llegaron! —anunció Jace, poniéndose de pie como si fuéramos celebridades.
—¡Aplausos! —gritó Ian, mientras Liam le daba pequeños golpes en la espalda para que se calmara.
Nos recibieron como si fuéramos parte de una tradición que llevaban haciendo toda la vida, y eso... eso me tocó. Me senté en un rincón del sofá con el plato en las piernas y dejé que las risas llenaran los vacíos que todavía tenía adentro.
No sabía qué venía después. Ni si iba a ser fácil zafarme de mis responsabilidades o de los compromisos familiares. Pero esta noche, justo aquí, entre desconocidos que ya empezaban a sentirse como hermanos... estaba empezando a creer que quedarse podía no ser tan mala idea después de todo.
Y sí, probablemente mi vida estaba a punto de ponerse de cabeza.
Pero por primera vez, no me daba miedo.
Instagram: Tatiana_rojasb
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ERES MIA
ParanormalUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
