Capitulo |9•|

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Alice.

La mudanza fue más rápida de lo que esperaba.

Tal vez porque no había mucho que llevar.
Tal vez porque ninguna de las dos quiso pensarlo demasiado.

Un par de maletas, algunas cajas improvisadas y ese acuerdo silencioso de no mirar atrás más de lo necesario.

Cuando terminamos, el apartamento se sentía... ajeno.

Como si ya no fuera nuestro.

Como si nunca lo hubiera sido del todo.

No nos despedimos.
Solo cerramos la puerta.

...

Cuando llegamos a la fraternidad, dejamos las cosas en la habitación de visitas casi sin hablar. Todo había pasado demasiado rápido como para procesarlo en el momento.

Y, de alguna forma, eso ayudaba.

Mientras acomodábamos lo básico, no pude evitar recordar la conversación con el famoso "presidente".

Si es que a eso se le podía llamar conversación.

Habíamos llegado temprano, con la intención de formalizar todo, tal como Erick nos había dicho. Yo esperaba algo más estructurado. No sé... reglas, preguntas incómodas, algún tipo de filtro.

Pero no.

El presidente —alto, relajado, con esa seguridad tranquila de quien nunca ha tenido que preocuparse demasiado— nos observó unos segundos antes de sonreír.

—¿Ustedes son las nuevas?

—Sí —respondimos al mismo tiempo.

Asintió, apoyándose contra la puerta como si aquello fuera una charla cualquiera.

—Perfecto. Mientras no rompan nada importante y paguen a tiempo... todo bien.

Parpadeé.

—¿Eso es todo?

El chico soltó una risa ligera.

—¿Esperabas algo más formal?

Elif también se rió.

Yo no.

—Bienvenidas a Epsilon Theta —añadió—. Aquí las cosas funcionan bastante simple.

Y con eso... quedamos aceptadas.

...

—Al menos no es más caro que el apartamento —comentó Elif, dejando su maleta a un lado.

—Eso explica por qué todos terminan aquí —respondí.

—Y por qué nadie parece preocupado por nada.

—Exacto.

...

La habitación de visitas no era precisamente un palacio, pero después de todo lo que había pasado ese día, parecía suficiente.

Tenía dos camas, una lámpara con luz cálida y un armario compartido que olía a madera vieja.

Nada especial.

Pero tampoco hacía falta.

Me dejé caer sobre el colchón, dejando que el cuerpo se relajara antes que la mente.

Eso siempre tardaba más.

—¿De verdad hicimos esto? —pregunté, mirando el techo.

Elif, recostada boca arriba, giró la cabeza hacia mí.

ERES MIA  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora