Capitulo |9•|

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Un café con consecuencias

La habitación de visitas no era precisamente un palacio, pero después de la jornada emocional que habíamos vivido, parecía un buen lugar para caer rendidas. Tenía dos camas, una lámpara con luz cálida y un armario compartido que olía a madera vieja. Lo justo. Lo suficiente. Lo necesario.

Y sin embargo, ni el silencio del lugar ni la comodidad del colchón lograban calmar el caos en mi cabeza.

Una parte de mí intentaba convencerme de que esto tenía sentido. Que vivir en una fraternidad de hombres no era tan descabellado, que al menos me libraba del juicio constante de Cassandra, de la presión social, del desalojo del apartamento... Pero la otra parte, la ruidosa, la dramática, la que parecía tener una playlist de ansiedad a todo volumen, me gritaba que esto era una locura sin retorno.

Claro que esto siempre me pasaba. Cada vez que tomaba una decisión importante, mi mente se dividía en un combate de boxeo entre lo racional y lo impulsivo.

—¿De verdad hicimos esto? —pregunté en voz baja, más para mí que para Elif.

Ella, recostada boca arriba, me lanzó una mirada perezosa desde su cama.

—Ya estamos aquí, nena. Es muy tarde para dramas. Relájate. Peor era seguir compartiendo techo con la incertidumbre.

Toque de Elif: directo al punto, sin anestesia.

Me reí por lo bajo, justo cuando mi celular vibró en la mesita. Lo miré con desgano... y sentí un vuelco en el estómago al ver el nombre iluminado en la pantalla.

Jasp: Als, ¿me puedes decir dónde diablos estás? √√

¡Genial! Lo único que me faltaba.

—¿Es Jasper? —preguntó Elif con tono sabiondo, sin siquiera asomarse.

Asentí. Me llevé el celular al pecho como si eso fuera a protegerme de la culpa. Una parte de mí no quería decirle nada. Otra parte no quería mentirle. Y otra... bueno, otra solo quería huir a Alaska.

¿Por qué deberíamos darle explicaciones?
Es un amigo.
Un amigo que últimamente se comporta como un novio celoso no oficial.

Als: Lo siento, cariño. Se me había olvidado comentarte algo √√

¡Perfecto, Alice! El mensaje pasivo-agresivo del año. Bravo.

Jasp: ¿Ah sí? ¿Qué cosa? √√

Y ahí estaba. Frente a la pregunta que podía abrir el infierno. No le podía decir que me acababa de mudar a una fraternidad de hombres. Pero tampoco quería empezar esta nueva etapa con una mentira.

—¿Le vas a decir la verdad? —volvió a preguntar Elif con una ceja levantada.

—No sé... ¿Tú qué harías?

—Yo ya le habría bloqueado —respondió ella, y se tapó con la cobija como si acabara de resolver todos mis problemas.

Querida conciencia, te invoco:

—Por la verdad murió Cristo...

—¡Y lo crucificaron, recuérdalo! —respondí, discutiendo conmigo misma como si fuera algo completamente normal.

Als: Creo que es mejor que lo hablemos en persona √√

Eso me daría al menos unas horas para armar un discurso decente. Uno que no comenzara con: "me estoy alojando con seis hombres pero todo bien, son respetuosos... creo".

Jasp: Paso por ti a las 6:00 √√

Als: Mejor nos vemos en el café que está cerca de la universidad √√

Jasp: Ok :) Cuídate √√

Suspiré.

—Nos vemos con Jasper esta tarde —le dije a Elif, mientras dejaba el celular a un lado.

—¿Necesitas que me vista de guardaespaldas?

—No, gracias. Solo necesito que alguien me impida decir algo estúpido.

—Eso sí ya no puedo garantizarlo, amiga.

Me dejé caer de espaldas en la cama y sentí por un segundo el peso del día entero. Y justo cuando pensaba que ya tenía suficientes problemas...

—Oye, Alice —dijo Elif en tono casual—. ¿Qué vas a hacer en Navidad?

Abrí los ojos como si me hubieran echado agua fría.

¡Navidad!
¡Maldita sea, Navidad!
¡Era en una semana!

Y mañana se cumplían exactamente seis meses desde que le prometí a mis padres que volvería a casa.

—Mierda... —murmuré.

—¿Qué? —preguntó Elif, alarmada.

—Les prometí que regresaría... y mañana se cumple esa promesa.

La habitación quedó en silencio. Un silencio que pesaba. Porque ambas sabíamos que esa promesa ya no se sentía tan fácil de cumplir.

Yo había cambiado. Mi vida había cambiado.
Y quizá... no estaba lista para regresar a ser la Alice que dejé atrás.

Me senté en la cama y me quedé mirando al suelo. Sentía que estaba viviendo una vida prestada, como si este nuevo capítulo no me perteneciera del todo. Y al mismo tiempo, sabía que no quería volver atrás. No quería volver a sentirme invisible, controlada, predecible.

Elif se incorporó y me miró en serio, por primera vez en todo el día.

—Si no quieres ir, no vayas.

—Es mi familia.

—Y tú eres tú. Tu vida no tiene que pausarse para encajar en expectativas ajenas.

Me mordí el labio. Lo sabía. Pero a veces las expectativas familiares pesan más que la lógica, más que el deseo, más que el cambio.

—¿Y si voy y me doy cuenta de que ya no pertenezco allá?

—Entonces será una señal más de que estás creciendo —dijo Elif—. Y eso, amiga mía, no es nada malo.

Nos quedamos en silencio. Dos chicas en una habitación prestada, en una fraternidad masculina, con más dudas que respuestas. Pero también con algo que se parecía mucho a libertad.

Y eso, a pesar de todo, dolía bonito.




Instagram: Tatiana_rojasb

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