Capitulo |•15|

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Alice.

—¡Dios...!

Lo había olvidado.

No como se olvidan las cosas pequeñas, sino de esa forma incómoda en la que algo importante se va quedando atrás, desplazado por todo lo demás hasta desaparecer sin hacer ruido.

Tenía que llamar a mis padres. Tenía que decirles que no iba a ir en Navidad.

Me quedé unos segundos mirando la pantalla del celular, con el pulgar suspendido sobre su nombre, como si eso pudiera cambiar algo. Como si, de alguna forma absurda, la conversación fuera a resolverse sola si la posponía lo suficiente.

Pero no.

Eso nunca pasa.

Respiré hondo y marqué.

—Mamá...

—Mi amor, ¿cómo estás? —respondió al otro lado de la línea.

La calidez en su voz me tomó por sorpresa. No porque no existiera, sino porque... no era lo que esperaba. No de ella. No en ese momento.

—Bien... —respondí, aunque ni yo misma estaba segura de que fuera cierto.

—Te estuve llamando para saber a qué hora llegaba tu vuelo mañana.

Ahí estaba. Directo. Sin rodeos.

Sentí cómo algo se tensaba lentamente en mi pecho, como una cuerda demasiado estirada.

—¿Mi... vuelo?

—Sí —dijo, soltando un suspiro leve—. No me digas que se te olvidó comprar el pasaje.

Cerré los ojos un segundo.

Podía mentir. Inventar cualquier cosa. Ganar tiempo.

Pero no lo hice.

—Mamá... no voy a ir.

El silencio al otro lado fue inmediato.

No incómodo.

Pero sí... definitivo.

—¿Qué?

—Me voy a quedar aquí. Solo por Navidad. En Año Nuevo viajo. Es solo una semana.

Esperé algo más. Un reproche. Una decepción disfrazada de calma.

Pero lo único que llegó fue una pausa... y luego:

—Sabes que no suelo cuestionarte —dijo finalmente—. Si es lo que quieres... está bien.

Eso me descolocó más que cualquier reclamo.

—Dale saludos a papá, a mi nana... y a Anna.

—Cuídate.

La llamada terminó.

Me quedé mirando la pantalla unos segundos más, como si esperara que algo apareciera después. Una segunda llamada. Un "espera". Lo que fuera.

Pero no pasó nada.

Y eso... pesó más de lo que debería.

No era alivio. Tampoco culpa.

Era otra cosa.

Más silenciosa.

Como si una parte de mí hubiera esperado que alguien me detuviera... y nadie lo hubiera hecho.

...

—¿Y bien?

Levanté la mirada. Elif estaba en la sala, observándome con una mezcla de curiosidad y ansiedad contenida.

ERES MIA  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora