Capitulo|3•|

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Llegamos a la cafetería de la universidad para comer algo antes de irnos a la siguiente clase. Elif no había dejado de hablar de lo hermoso que era Alex, uno de los nuevos. Incluso me comentó que quería invitarlo a salir, cosa que me pareció ridícula, y se lo hice saber de inmediato.

—Pues por lo menos puedes fingir que te importa —bufó, lanzándome un pedazo de pan.

La verdad no era que no me importara. Solo que no podía dejar de mirar a Dominic, que estaba al otro lado de la cafetería. Y también me estaba mirando. Les juro que, a estas alturas, ya me hacía la idea de que estábamos en medio de una guerra de miradas. Desde que ese susodicho llegó a la universidad, lo único que ha hecho es mirarme.

Al principio no lo voy a negar: me pareció halagador. Pero ahora me siento como un pequeño delfín rodeado por una enorme orca.

—Tierra llamando a Alice.

—¿Sí? —dije, metiéndome un pedazo de pan en la boca.

—Con que te gusta Dominic —pronunció con una sonrisa enorme.

—¿¡Qué mierda has dicho!? —pregunté, atragantándome con el pan.

—Pues como no dejas de mirarlo, te pregunté si te gustaba y respondiste que sí. Me sorprende tu seguridad. ¡Alice, apenas si lo conoces!

¡Pero miren quién lo dice!

—Aparte, no dejas de mirarlo —continuó mi amiga—. Sabes, hay algo que se llama disimular —comentó mientras les hacía señas a los hermanos Carson. Y, por supuesto, ellos se dirigieron a nuestra mesa.

¿Espera, qué?

—Hola, Elif —dijo Alex, dándole un beso en la mejilla, mientras ella se sonrojaba.

¡Claro! Todos saludaban a Elif, y a mí me ignoraron olímpicamente.

—¿Cómo estás? —preguntó mi amiga con cara de retrasada.

—Muy bien, preciosa. ¿Y tú?

Definitivamente no quería ver esto. ¿Era mucho pedir que se marcharan a otra parte para evitarme semejante dosis de cursilería? No soy muy romántica, que digamos. En estas situaciones me siento como el bicho raro que todos esperan que se largue rápido.

—Con permiso —dije, tratando de salir lo más rápido posible de ese lugar.

Mi huida habría sido perfecta... de no ser por un idiota que se atravesó en mi camino.

—¿Sabes? Podrías fijarte por dónde caminas —dijo una voz completamente irresistible.

No dudé en levantar la vista para ver de quién se trataba. Y para mi sorpresa, era Dominic. Estaba de pie, mirándome como si yo fuese la culpable de que hubiésemos chocado.

—Lo siento —mascullé, tratando de tragarme todo mi orgullo, bajé la mirada y traté de seguir mi camino.

—¿Solo eso dirás? Quiero recordarte que ensuciaste mi chaqueta —comentó, tomando mi brazo.

¿Pero si yo...? ¡Claro, el jugo...! ¡Maldita sea!

—Toma, puedes limpiarte con esto —le ofrecí un pañuelo. Nuevamente necesité de todo mi autocontrol para no invocar a su mamá en ese momento. Sin embargo, el muy idiota no soltaba mi brazo.

—¿Limpiarme? Es una chaqueta nueva.

Pregúntame cuánto me importa.

Dominic empezó a quitarse su preciada chaqueta, dejando a la vista sus musculosos brazos. Juro que intenté controlarme para no empezar a babear.

Es tan sexy... que si no fuera tan molesto, estaría dispuesta a violarlo en este instante.

—Tendrás que lavarla.

¿Qué? ¿Pero quién diablos se cree?

—Mira, ya te dije que no fue mi intención —tomé la charola con los residuos de mi comida y los tiré al cesto de basura, mientras intentaba rodearlo para salir de ahí.

—La traerás mañana limpia.

¿Pero este chico es sordo o qué?

—Mira, no sé si tienes algún problema de audición —pronuncié lo más cortés que pude—, pero no voy a lavarte tu chaqueta porque no se me da la gana.

Traté de zafarme de su agarre, pero fue inútil. Incluso parecía que cada vez ejercía más presión sobre mi brazo.

—Y yo te dije que tienes que hacerlo.

—No tengo que hacerlo. ¿Sabes por qué? Porque no soy tu maldita empleada. Ahora déjame en paz —grité.

Había olvidado que aún estábamos en la cafetería y todos nos observaban como si fuéramos extraterrestres. Elif —la cual, al parecer, no se había dado cuenta de que su amiga estaba siendo zarandeada por un idiota— se acercó junto a Nathan y Alex, lanzándome una mirada de desaprobación.

¿O sea que ahora yo soy la culpable?

—¿Qué fue lo que hiciste, Alice? —preguntó Elif.

¿Cómo se atrevía ella a echarme la culpa de algo que estaba pasando a solo unos metros y ni se había dado cuenta por estar babeando con Alex?

—¿Yo?

—¡Sí, tú!

—Pues yo no hice nada. Aquí toda la culpa la tiene tu amigo, que piensa que porque es malditamente sexy puede hacer lo que se le da la gana —pronuncié.

Maldita sea, creo que hablé de más... Tierra, este es el momento perfecto para que vengas y me tragues.

Dominic se dio cuenta de que se me había escapado el comentario, porque tenía una sonrisa de satisfacción en el rostro. Una sonrisa que estuvo a punto de ser borrada por mi hermoso puño.

—A ver, chicos, creo que deberíamos calmarnos —comentó Alex.

—Entonces dile a tu hermano que deje de tratar a todo el mundo como si fuera su sirviente —bufé.

—¡Alice! —gritó Elif.

—¿Qué? Es la verdad.

—De verdad lo siento. Ella no suele comportarse así. Creo que lo mejor será que nos vayamos —se disculpó Elif.

Ahora yo era la loca. Definitivamente, nunca me había sentido tan humillada en la vida.

—No me voy porque... —no pude terminar la oración. Elif me tapó la boca con su mano y empezó a jalarme para sacarme de la cafetería.

—Ahora sí me puedes decir, ¿por qué diablos te disculpaste? —pregunté molesta.

—Alice, creo que de verdad fuiste grosera con Dominic.

—¿Por qué lo defiendes? ¡Tu amiga soy yo! ¿Lo olvidas?

—Creo que deberíamos terminar esta conversación en casa. Voy tarde a clases.

Claro... ahora huye como una maldita cobarde.

Asentí y seguí caminando. Hoy perdería mi última clase. Después de todo, estaba muy molesta y lo último que quería era verle la cara al idiota de Dominic.

—¿Se puede saber qué haces por aquí? A esta hora ya deberías estar en clase —dijo Owen, acercándose a saludarme.

—Hoy decidí que es un buen día para faltar a clases. Además, me va muy bien en matemáticas —mentí—. No creo que el señor Dallas lo note.

—Supongamos que te creo.

—Owen, no te ofendas, pero si me ven por aquí, me voy a ganar un acta por faltar.

Él pareció sopesar mis palabras y luego sonrió.

—¿Qué te parece si vamos por un helado?

Asentí, y ambos salimos de la escuela. Por fin alguien se comportaba amable conmigo...

Mi instagra: tatiana_rojasb

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