Alice.
No podía creer que estuviera haciendo esto.
Salir a hablar con ellos... después de todo.
Después de la mirada de Dominic en la cafetería.
Después de la forma en que había sostenido a Cassandra como si romperle el brazo fuera apenas una opción más.
Después de esa sensación... esa maldita sensación de que algo en él no era normal.
Y aun así, ahí estaba yo, de pie en la sala, frente a los tres.
—¿Entonces? —insistió Elif, moviendo las manos frente a mí—. Te están hablando.
Parpadeé, obligándome a volver.
—¿Qué?
—Que si aceptas las disculpas —dijo ella, más despacio, como si temiera que en cualquier momento fuera a explotar.
No miré a ninguno.
—Sí. Las acepto.
Silencio.
Podría haber terminado ahí.
Pero no.
—Entonces acepta salir conmigo —dijo Dominic.
Su voz no fue alta.
No fue insistente.
Fue peor.
Fue... segura.
Como si no estuviera proponiendo algo, sino marcando un hecho que ya había decidido.
Levanté la mirada.
Y ahí estaba.
Observándome.
No como antes.
No con burla.
No con arrogancia.
Era algo más profundo.
Más inquietante.
Como si no me estuviera mirando a mí... sino a algo detrás de mí.
O dentro.
—No —respondí.
Simple.
Directo.
Definitivo.
Una pausa se abrió entre nosotros.
Nadie se movió.
Ni Alex.
Ni Nathan.
Ni siquiera Elif.
Dominic inclinó ligeramente la cabeza.
—No pregunté si querías —dijo con calma—. Pregunté si aceptabas.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
—Y yo te respondí —di un paso hacia él—. No me interesa. Ni tú. Ni tus juegos. Ni lo que sea que creas que estás haciendo.
Esta vez sí reaccionó.
No con rabia.
Con algo peor.
Con una ligera sonrisa.
—No sabes lo que dices.
—Créeme... lo sé perfectamente.
El ambiente se tensó.
Era casi físico.
Como si el aire se hubiera vuelto más denso, más pesado, más difícil de respirar.
—Dominic —intervino Alex, en tono bajo—. Ya está.
Pero él no apartó la mirada de mí.
—No —repitió, apenas un susurro esta vez—. No lo está.
ESTÁS LEYENDO
ERES MIA
ParanormaleUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
