Capitulo |•14|

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Alice.

Me quedé inmóvil. No por falta de reacción, sino porque algo dentro de mí... no terminaba de encajar. Jasper seguía frente a mí, a una distancia segura, como si ambos hubiéramos entendido —sin decirlo— que dar un paso más significaba cruzar algo que ninguno estaba listo para sostener.

El silencio no era incómodo. Era pesado, como si el aire se hubiera vuelto más denso de lo normal.

—Creo que deberías descansar —dije al final.

Mi voz sonó tranquila. Demasiado tranquila para cómo me sentía por dentro.

Jasper asintió. No insistió. No intentó acercarse otra vez. Y eso... eso dolió más de lo que debería.

—Sí —respondió—. Supongo que sí.

Se quedó ahí un segundo, como si estuviera a punto de decir algo. Algo importante. Pero no lo hizo.

—Buenas noches, Alice.

—Buenas noches.

La puerta se cerró. Y el sonido fue suave, pero definitivo.

...

Me dejé caer sobre la cama, mirando el techo como si en algún punto fuera a encontrar una respuesta. No la encontré.

Porque no era Jasper. No era su beso. No era su cercanía.

Era lo otro.

Dominic.

Cerré los ojos con fuerza. Ese momento. Ese maldito instante en el que no reaccioné. No lo empujé. No me aparté. No sentí miedo.

Y eso... eso era lo que no lograba entender.

Porque si no había sido miedo... ni rechazo... entonces, ¿qué había sido?

Mi respiración se volvió más lenta. Más pesada. Como si algo en mi interior estuviera intentando acomodarse... o despertarse.

—No...

No tenía sentido. Pero tampoco se sentía como un error.

Y eso era lo peor.

El cansancio terminó arrastrándome. Pero no fue descanso.

Fue otra cosa.

...

—Rouse...

La voz no llegó desde afuera. Llegó desde dentro, como si hubiera estado ahí... mucho antes de que yo existiera.

El bosque se extendía a mi alrededor, oscuro y profundo, pero no como un lugar real. No había viento, no había sonido, no había vida como debería haberla. Era un espacio suspendido, detenido... como si existiera entre un momento y otro.

No era exactamente un bosque.

Era el límite de algo.

Las sombras no ocultaban. Esperaban.

—Apresúrate —dijo la voz—. No podemos permanecer aquí demasiado tiempo.

—Nunca podemos —respondí, avanzando.

Mi voz era firme. Antigua. No había duda en ella.

A mi lado, Nemat caminaba en silencio. Su presencia era estable... pero su energía no. Había tensión. Había advertencia.

—Esto ya no es como antes —dijo—. Están observando.

—Siempre observan.

—No así.

Eso me hizo sonreír apenas. Porque tenía razón.

Esta vez... algo había cambiado.

El bosque se abrió. Y entonces apareció la luz.

No era cálida. No era suave. Era absoluta. Pura. Inquebrantable.

No invitaba.

Exigía.

Y por eso mismo... resultaba insoportable.

Me detuve justo antes de alcanzarla. Podía sentirla. No en la piel. Más adentro. Como si algo en mí reaccionara... o resistiera.

—Rouse... —la voz de Nemat bajó—. Si cruzas, no habrá forma de volver.

—Nunca la hubo.

No lo miré. Porque si lo hacía... podía dudar. Y dudar ya no era una opción.

Mis manos temblaron. No por miedo. Por algo más oscuro. Algo más cercano al deseo.

Di el paso.

Y el mundo respondió.

No con ruido.

Con ruptura.

El aire se tensó. El bosque... retrocedió. Como si algo hubiera sido alterado en su raíz.

Entonces—

el estruendo.

No vino del suelo. Vino de arriba. Como si algo hubiera sido desgarrado en lo más alto. Como si el orden hubiera sido interrumpido.

Sentí las garras antes de verlas. Frías. Antiguas. Se cerraron alrededor de mi cuerpo con una firmeza que no buscaba herirme... sino detenerme.

—A Lilith le agradará verte...

La voz era incorrecta. No pertenecía a la luz. Pero tampoco nacía de la oscuridad.

Intenté moverme. No pude.

La luz seguía ahí. Intacta. Perfecta.

Pero algo había cambiado.

No en ella.

En mí.

Ya no podía sostenerla. Ya no podía permanecer dentro de ella sin sentir que algo se desgarraba.

Y en ese instante—

lo entendí.

No era la luz la que me rechazaba.

Era yo... la que ya no pertenecía a ella.

Y eso—

eso fue lo que me atravesó.

La risa llenó el espacio. No fuerte. No violenta. Eterna. Como si no fuera a terminar nunca.

...

Me incorporé de golpe. El aire entró de forma brusca en mis pulmones.

La habitación estaba en silencio. Oscura. Real.

Pero algo... no se sentía igual.

La alarma sonaba. La apagué con torpeza.

Me sentía agotada. Vacía. Como si algo se hubiera quedado allá. Como si algo hubiera venido conmigo.

—Als...

El golpe en la puerta me hizo girar.

Me levanté y abrí.

Elif estaba ahí, medio dormida, el cabello revuelto.

—Dejaste tu celular abajo —murmuró—. No ha parado de sonar.

Lo tomé. Miré la pantalla.

Y todo volvió de golpe.

La realidad. Las decisiones. Las consecuencias.

Varias llamadas perdidas.

De mis padres.

El peso cayó sobre mí sin aviso.

—Mierda...

Y esta vez...

no había forma de escapar.









Instagram: Tatiana_rojasb

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