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La muerte es un destino tentador para quienes nunca se sintieron parte de este mundo...

Pero, ¿qué ocurre con quienes, en realidad, nunca pertenecieron a él?

Muerte. Odio. Sangre. Amor.

Cuatro palabras que resumen mi existencia.
No como conceptos abstractos, sino como ciclos. Como estructuras. Como algo que se repite incluso cuando intento ignorarlo.

Durante mucho tiempo creí que estaba viviendo.

Ahora sé que solo estaba regresando.

A veces me pregunto en qué momento todo se torció.
Cómo fue que aquella chica tímida —la que prefería los libros a las fiestas, el silencio al ruido— terminó atrapada en algo que no sabe nombrar sin sentir que le falta el aire.

Una beca.

Ganada con esfuerzo. Con neuronas.
No con contactos. No con privilegios.

Y el premio: estudiar en el lugar más remoto y helado de la tierra.

Alaska.

"Estás muy cerca de tu destino", me dijeron.

Como si el destino no fuera otra forma elegante de decir que algo ya está decidido por ti.

Aquí, se mata para sobrevivir.
Se tortura para sonreír.
Se condena para alcanzar una libertad que, en el fondo, nunca existió.

Mi mente es un océano oscuro.

Antes pensaba que era una metáfora. Una forma dramática de explicar el miedo.
Ahora entiendo que no lo era.

No me estoy ahogando.

Estoy descendiendo.

Y en el fondo... siempre ha habido algo esperándome.

No como una amenaza.
No como un castigo.

Como una verdad.

Hay preguntas que dejé de hacerme.

No porque encontrara respuestas, sino porque entendí que algunas cosas no están hechas para explicarse... sino para aceptarse.

¿Cómo se huye de algo que no te persigue?
¿Cómo se escapa de un rostro que es el tuyo?
¿Cómo se ignora una sensación que no desaparece... aunque cierres los ojos?

La mente es una mentirosa elegante.

Convierte recuerdos en sombras.
Sombras en culpa.
Y la culpa en algo que parece ajeno... aunque nunca lo fue.

Yo tengo un fantasma.

No uno que habita casas o pasillos vacíos.

Uno que vive en lo que recuerdo... y en lo que no.

No me observa.
No me castiga.
No me persigue.

Solo espera.

Camina a mi lado desde siempre, silencioso, paciente... inevitable.

Y lo peor de todo...

es que nunca me asustó.

Porque, en el fondo —aunque no lo entendiera, aunque lo negara, aunque intentara ignorarlo—

siempre supe la verdad.

Nunca estuve huyendo.

Nunca estuve cayendo.

Nunca estuve perdiéndome.

Estaba regresando.

Instagram: tatiana_rojasb

ERES MIA  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora