Capítulo 2: Rumbo a París

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Tres semanas pasaron desde el nacimiento de Ángela Gallardo Del Junco. La familia se encontraba muy feliz, sus primos derrochaban más que alegría, ya tenían una compañera de travesuras, pero tendrían que esperar hasta que la niña cumpla el año para jugar.

Andrea en ese período de tiempo, aprovechó para conocer más fondo a su sobrina y para empacar sus maletas. A la vez se fue despidiendo: de su madre, sus hermanas, su queridísimo abuelo, sus sobrinos y de los Gallardo.

-¿Cómo qué se va a ir?- gritó sorprendido Samuel.

-Lo que oíste, hermano. Irina me lo dijo y no es por qué alarmarse, ella se va para ser feliz y encontrar la paz. A lo mejor, los dos en este tiempo se permiten no verse y así todos estamos en paz y no hay peleas, porque tú aún no paras de discutir con ella.- respondió Flavio.

-¿Quieres decir que ella se va por mí?- Samuel se hallaba aturdido. La noticia le continuaba haciendo estragos.

-Carnal, tú nunca cambias. Déjala tranquila, es lo mejor para todos.- Flavio salió de su oficina.

Samuel se quedó pensativo. Quería romper las cosas, deseaba amarrarla a una silla. Hasta que en medio de la bronca, una idea tocó a su puerta.

-Te dejaré ir, pero en París nos encontraremos- y después de repetirse eso., continuó trabajando.

Andrea ya tenía todas las maletas listas y su pasaporte al día. Los peones del rancho la ayudaron, a subir sus cosas al auto para así ella poder despedirse, otra vez, de su familia.

-¿Tienes todo listo?- preguntó Sofía.

-Sí, Sofi. Te voy a extrañar- se acercó a ella y Sofía la recibió en sus brazos.

-Todos lo haremos, pero sabes una cosa- le levantó la barbilla- en este viaje encontrarás la felicidad.

-Gracias, sólo cuídame a mis sobris.

Cayetana se arrimó llorando hacia sus hijas.

-Andre, bebé, espero que te pongas en contacto cuando llegues- también la abrazó, pero con más fuerza.

-Mami, te quiero mucho- su preciada hija lloró junto con ella.

Don Felipe vino en su silla de ruedas, con una tristona Irina, detrás. También se unieron a la despedida de su nieta.

-Andreíta, quiero que hagas este viaje para poder verte con una sonrisa en tu hermoso rostro.- le tomó de las manos y Andrea se agachó para besarle la mejilla.

-Abuelo, como te voy a extrañar- y se enterró en su pecho.- Iri, cuídame al abuelo.

-Lo haré. Ven acércate a despedirte.

Andrea la apretujó, y ambas se permitieron llorar a mares.

-Por favor, de corazón te pido, se feliz y vuelve cuando realmente encuentres a tu otra mitad.-Irina la reconfortó con su humor.

-¿Qué acaso me estás echando?- Andrea rió y le despeinó el cabello.

-Era broma.

-Bueno ya es hora de irme.-Andrea se despidió una vez más y se subió a su coche.- ¡Adiós!, volveré en unos meses. ¡Los amo!

-Adiós- dijeron al unísono la familia.

-Nueva vida allá vamos- se cruzó de dedos y empezó a conducir para dirigirse hacia el aeropuerto.

Al aterrizar el avión, en suelo francés, la joven recogió sus maletas y se decidió a tomar un taxi. Al parar uno, este la llevó a un lujoso edificio casi a las afueras de la ciudad.

-Aquí es, señorita.- el taxista le mostró el lugar.

-¡Oh, sí!, gracias. ¿Cuánto es?

-Treinta euros.

-Aquí tiene, adiós.

Se bajó del taxi y levantó la vista hacia el piso más alto del edificio.

-Allí debe ser- se encaminó hacia la entrada.- antiguo, pero con estilo.

Una semana pasó desde la llegada de Andrea a París. En esos días se permitió conocer la ciudad, visitar a viejos amigos, ordenar y decorar su departamento.

-Sí, Horacio ya voy a verte. ¿Ah, Darío también está?- agarró sus llaves y cerró la puerta- bueno, encontrémonos en el centro.

Salió a la calle pidió un taxi y se marchó en el. Al llegar vio a sus amigos sentados en un restaurante frente a la plaza. Cruzó la calle y se reunió con ellos.

-¡Amigos!- los saludó a los dos- Me alegro de que estén aquí.

-Ay, Andre, yo también. Además, te digo que yo me quedaré un largo tiempo. Tal vez...-se apretó los dedos- podamos hacernos compañía.

Un silencio atónito invadió el lugar, a pesar de los sonidos ensordecedores de los autos y del tráfico en la rústica ciudad del amor. Andrea tragó saliva y dirigió su mirada hacia Horacio. Este se encontraba tecleando en su celular, muy absorto en sus movimientos, que nisiquiera tuvo tiempo de seguir el hilo de la conversación.

-Claro, ¿Cómo no?- se llevo un mechón de cabello detrás de la oreja- Sí, pero una pregunta: ¿Qué vas hacer aquí... en éste lugar?

-¡Ay, chiquita!- le palmeó el brazo derecho- no es obvio- enarcó una ceja- voy a diseñar ropa, ya hice mi traslado aquí. Hasta ya alquilé la boutique para vender las prendas.- Darío muy emocionado respondió.

-Bueno, y ahora... quedaría ver el lugar donde vivir, ¿no?- Andrea continuó mirando a Horacio, quería que al menos, la ayudara a salir de esto.

-Todo fue joda, ya tengo un lugar y Horacio sólo se quedará unos días.- Darío rió divertido.

El muchacho dejó el aparato a un lado y se unió a la risa ruidosa de su hermano.

-Andre, disculpa no haberte saludado. Toda era parte de un plan de este tarado- le arrojó una servilleta a Darío- y bueno... ¿Cómo estás?

La chica no quería parecer mal educada, pero no se esperaba esta jugarreta. Ella, por el momento, quería permanecer sola y no agobiarse con la presencia de alguien en este nuevo entorno .

-Muchachos, no hagan más eso- resopló con resignación- bueno... vine, a este sitio, para descansar y también ya mande las solicitudes de trabajo a algunas empresas.

Horacio con calidez le frotó los dedos que estaban posicionados encima de la mesa.

-¿Supongo qué trabajarás de contadora?- preguntó en un tono muy suave.

-Sí,- miró la hora en su celular-¡Oh!, ¡Ya es muy tarde! Me tengo que ir, adiós.

Se levantó de su asiento y a la vez se despidió para luego dirigirse a su apartamento. Al llegar, se subió en el ascensor, cuando estaba a punto de llegar a su puerta. Sin darse cuenta, ya se encontraba en el alfombrado suelo.

-¡Oye!, ¿Qué te pasa?- muy adolorida levantó la cabeza.

Al mirar a su oponente, de inmediato, su corazón empezó a latir con prisa.

CONTINUARÁ...

Envolviéndome en tus brazosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora