-Alejandro, ¿Qué haces aquí?
- ¿Puedo entrar?
Andrea trató de poner un pie, entre la puerta y su cuerpo, pero su contrincante fue mucho más rápido, logrando así esquivarla e ingresando en la vivienda.
- ¡Tienes ganas de jugar, chiquita! – Alejandro bromeó, al punto de comenzar a reírse.
Refunfuñando la joven respondió:
- ¡Vamos entra!
Cerró la puerta tras sí y se dirigieron hacia el bullicio que se estaba desarrollando en la cocina, con la joven guiando el camino. Al llegar, el silencio se detuvo de repente, todos miraron al invitado. Claire ya había conocido, unos momentos antes, a Samuel, con el cual simpatizó a la perfección, pero, ahora estaba su jefe; el cual ya lo conocía. Darío; por su parte, ya era amigo de Samuel, pero al fin tuvo la oportunidad de contemplar, al roedor impetuoso, de Alejandro Guanipa. Samuel, lo había visto por ahí; en una situación, cuando intentó abusar de la joven. Algo que no le gustó, hizo el intento de guardar, sus puños, para no estamparlo en el rostro del inoportuno invitado.
- ¡Chicos!, él es Alejandro Guanipa, mi jefe y el de Claire -Andrea se sintió incomoda al decir eso.
Darío, muy curioso, se acercó a su lado para saludarlo, le extendió la mano, Alejandro la aceptó, frunciendo el ceño. Después de saludarlo, se arrimó a Samuel Gallardo, deseaba poder entablar una relación comercial con el señor.
- ¡Hola, un gusto en conocerlo!
- ¡Soy Samuel Gallardo! – estrecharon sus manos, en un apretón fuerte, tratando de marcar territorio con sus miradas desafiantes.
-Disculpe la pregunta: ¿Qué es usted con Andrea? – Alejandro se volteó a observarla, la cual se encontraba con ganas de arrancarle la cabeza por su pregunta.
-Somos concuñados...
Samuel balbuceó, se había enterado que el hombre estaba muy bien informado. Hace unos días, había sido avisado de que lo estaban investigando, ya sospechando quien podría de ser.
- ¡Vaya! – se rascó la nuca- entonces viniste a cuidarla.
- ¡Sí, cuidarla de cualquier salame que quiera aprovecharse de ella! -clavó su mirada sobre él.
La tensión se notó en el ambiente, Andrea experimentó un calor sofocante en su cuerpo, su corazón empezó a latirle con más velocidad de lo normal. Inmediatamente, se interpuso entre los dos jóvenes, ya que Samuel estaba hecho una furia y en cualquier momento comenzaría una guerra allí mismo.
- ¡Samuel! – le acarició la mejilla – tranquilízate, no es la ocasión. Alejandro, creo que es hora de que te vayas.
Alejandro comprendió su orden; y sabiendo que se encontraba muy vulnerable para involucrarse en una batalla, cuerpo a cuerpo, estaba al tanto que llevaba las de perder.
-¡Adiós y disculpen mi intromisión!
Cuando ya se hubo marchado, el pelinegro regularizó su respiración y su pulso también se normalizó. Apenado, y con el rostro colorado, observó a la pareja amistosa que les sonrieron, en forma cálida, para tratar de brindarle su apoyo.
-Andre, nosotros nos iremos – habló lo más rápido que pudo, Darío.
En la habitación sólo quedaron, Samuel y Andrea, estuvieron unos instantes sin hablar, ya sentados en la mesa de mármol de la cocina, comenzaron a charlar.
-Es un tipo muy socarrón – comenzó, el pelinegro, describiendo a su enemigo.
- ¡Al extremo y muy burlón! – Andrea repudiaba todo su ser, a veces, solía darle arcadas con tan solo tener un roce con él; y ni hablar del beso fugaz que le robó la última vez.
- ¿Te gustó, esa vez, que te acorraló allá afuera para robarte un beso?
La muchacha se quedó atónita, no pensó que el supiera sobre eso, era algo que no se preguntaba sin una breve pausa.
- ¡Estuviste allí entonces! – Andrea volteó la mirada hacia otro lado.
- ¡No me esquives! – Samuel, por encima de la mesa, la tomó del mentón y la obligó a mirarla- he estado unos días observándote, ¡Tenia que protegerte! - la contempló con determinación-... y lo mejor era no revelarme hasta que, realmente, me necesitases.
- ¡Yo no te necesito! Me las apaño, muy bien, por mí misma- se deshizo, con brusquedad, del agarre.
- ¡Te necesito, todas las noches, en todos lados conmigo y sin que estés con otro! – la confesión, los sorprendió a ambos, hasta Samuel, quien no esperó que eso fuera a salírsele sin que se dé cuenta.
-Aun no es el momento- susurró, aunque el muchacho comprendió su reacción.
-Sí, tienes razón – se rascó la cabeza- tenemos que hablar del caso.
<< "El caso" lo había olvidado, como pude ser tan estúpida, eso es lo que me une, por completo, a él y a mi jefe>>, Andrea se quedó meditando por unos segundos.
- ¡Cuéntame, un poco más, sobre eso!
- La policía, al llegar aquí, se contactó conmigo. Alejandro está metido en el lavado de dinero y necesitan de alguien, que sea muy discreto, se involucre en el caso y lo investigue.
-Y tú aceptaste, ¿verdad?
-Claro, pero necesito de tu ayuda- la observó para poder ver su temor- ¡No voy a ponerte en riesgo! Si no quieres no hay problema.
Andrea no se detuvo a pensarlo y contestó:
-¡Cuenta conmigo! Ese bastardo tiene que ir a la cárcel.
Samuel sonrió y le acarició, con delicadeza para no incomodarla, la mano que estaba sobre la mesa.
-Sabes Samu, quiero darle algo de intriga y de riesgo a mi vida – se levantó para ir a lavarse las manos – ... y más sí es contigo.
Esa última palabra lo describió todo...
CONTINUARÁ...
NOTAS DE LA AUTORA:
Hola, ¿Cómo están? Cuéntenme que les pareció y gracias por leer, realmente, me ayudan mucho. ¡Saludos!
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Envolviéndome en tus brazos
Fanfiction¿Qué pasaría si todos lograron tener su final feliz en la novela, pero nuestros protagonistas favoritos aún no alcanzaron el punto culmine de la felicidad? ¿Cómo se tomaría Samuel la partida de su amada hacia el extranjero? ¿Lograría conquistarla co...
