Capítulo 4: Adaptándonos a la rutina.

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Ingresaron en el despacho. Andrea observó, en los pocos segundos, cada detalle de la habitación en donde se encontraba. Al levantar la vista, se llevó una sorpresa que realmente no esperaba tener.

-Buenos días- habló el jefe muy animado- Señorita, ¿usted es la nueva contadora?

-Buenos días- pronunció en un tono inaudible- Sí, soy la nueva vacante.

Se colocó en una posición cabizbaja, su cara se tiñó de un color rojizo, le ardían las mejillas y en ese momento sólo quería abrir la puerta y salir corriendo de ese preciso lugar.

-¡Ya puedes irte!- le ordenó en un tono severo, el jefe a su empleado.

Este sin decir nada y con apuro se despidió, perdiéndose en la distancia y a partir de ese momento a Andrea le empezaron a flaquear las piernas.

-Siéntese- trató de sonar lo más amable posible- ya nos conocemos y veo que no te esperabas esto, pero estás muy capacitada para el puesto. Leí tu currículum y traes muy buenas recomendaciones de varias empresas muy conocidas.

Andrea se ruborizó más con las palabras del hombre, se había alistado para causar una buena impresión y era cierto, que después de finalizar sus estudios universitarios, se dedicó a trabajar en algunas empresas. Sin embargo, después del fallecimiento de su padre tomó la decisión de administrar el rancho familiar, para así, lograr contribuir como una gratificación al legado familiar.

-Sí, señor. Estuve trabajando en algunas compañías de la zona en el estado de Texas- se miró el esmalte en sus dedos. En esos momentos, tenía unas ganas tremendas de morderse las uñas.

-Con respecto a lo del otro día, podremos seguir teniendo una relación de jefe-empleada, ¿Me especifico?- su mirada, cuando invadía a alguien, llegaba a ser profunda.

-Sí... como no- las manos, en ese instante, le temblaban, pero desde cuando se comportaba así frente a un hombre << ¿Dónde está Andrea la fuerte?>>- No hay de qué preocuparse.

No muy convencido, continuó observándola con determinación.

-Bueno, pero puedes decirme Alejandro- bajó el tono de su voz- sólo cuando no haya nadie presente. Somos vecinos eso no será problema, así te podré mantener vigilada.

-¿Qué?- Andrea, con los minutos, se quedaba más atónita por la osadía de su nuevo vecino.

- Eso, me gusta mantener bajo control a mi personal. Igual, uno de estos días, podemos salir a tomar algo. No es una cita. Es una cena más bien de negocios. Sólo deseo conocerte mejor.

<< Se me está insinuando>>, la joven agradeció el encontrarse sentada, porque si no ya se hubiera encontrado en el suelo como la última vez.

-Bueno, ¿Dónde puedo trabajar?- miró el pomo de la puerta.

-Vaya de vuelta a "Recursos Humanos", y pídale a Javier que le muestre su oficina- mencionando eso se despidió.

Andrea se levantó de su asiento y casi trotando salió de la habitación. Al hacerlo, su jefe observó su trasero bien moldeado y, de inmediato, una sonrisa libidinosa surcó su rostro.

-Inteligente y hermosa, ¡Justo lo que necesito!- murmuró Alejandro, perdiéndose en el silencio de su oficina.

Una hora después, Andrea ya se encontraba instalada en uno de los cubículos de la parte administrativa del edificio. Tenía una buena vista hacia los demás recintos vecinos de sus compañeros. Todos ubicados en hileras, pero dejando algunos espacios para que sea fácil transitar y salir de ellos.

-Está bien- observó el panorama- si se quiere empezar de abajo.

Su mirada... oh sí que era penetrante, tiene unos ojos color café muy brillantes, pero su determinación no es muy convenible en estas circunstancias. Debo concentrarme, sólo espero que mi estancia aquí sea confortable. Ojalá que no continúe con su galantería.

-Tengo que comenzar con mis obligaciones- muy animada inició sus actividades.

El avión despego del "Aeropuerto Intercontinental George Bush", Samuel se hallaba en uno de los asientos de la primera clase rumbo a Francia. Haciendo creer a sus familiares que se dirigía a Inglaterra por cuestiones de trabajo.

-Bueno una mentirilla, de vez en cuando, no viene nada mal.

Al decir eso, una señora al lado suyo, lo observó con extrañeza. Él se recostó más en el asiento, logrando así cerrar los ojos, para concentrarse en el movimiento que producía el despegue de un avión. Las azafatas, a su alrededor, iban ofreciendo los refrescos que se servirían durante el viaje y eso lo esperanzó, a un más, para ir por su objetivo.

<<Allí, voy>>, de inmediato se durmió.

Unas horas después y con la cara recién lavada, se encontraba a las afueras del "Aeropuerto de Paris-Charles de Gaulle". El tráfico ensordecía el ambiente y el agotado muchacho se dirigió a las zonas de taxis. Al parar uno, se marchó en el y este lo llevó hacia su departamento que había alquilado, temporalmente, en dicho país.

-Gracias, adiós.

Se bajó del vehículo, pagó al chofer y se dirigió hacia la zona residencial.

-Francia no es lo mío- murmuró con pesadez- sólo lo hago por ti.

Agarrando su equipaje, se encaminó hacia el cuarto piso del edificio. Al encontrarse adentro de su nuevo hogar, admiró el sitio con detenimiento en cada parte.

-No está mal.

Sacó de una bolsa una fotografía y en ella contempló la imagen, posicionando su oscura mirada sobre una muchacha pelinegra.

-¿Qué estarás haciendo? No puedo presentarme así no más, seguro te enojarás.

Se dirigió hacia el ventanal y observó la panorámica de la población parisina.

-Muy pronto nos veremos- pronunció para perderse en las penumbras de la habitación.

CONTINUARÁ...

Notas de la autora:

¡Hola!, ¿Cómo están? Quiero agradecer a todos los que se toman el tiempo de leer esta historia. Saludos y espero que tengan un lindo día.

Envolviéndome en tus brazosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora