Capítulo 13: "Encontrándonos con viejos conocidos"

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Llegada la noche, Samuel se encontraba reposando en sus aposentos. Cuando sonó, de vuelta el celular por enésima vez, muy fatigado agarró el aparato de la mesita de luz y contestó con poca paciencia.

- ¿Qué quieren?

-Señor Gallardo, me temo informarle que las cosas se complicaron.

- ¿Cómo? – preguntó levantándose, de un salto, de la cama.

- El señor Guanipa sabe que lo estamos investigando, pero no sabe que el infiltrado es usted. Así que le pido, de ahora en más, sea bastante discreto con sus pasos.

- ¿Qué hay que, la señorita Del Junco, esté involucrada en el caso?

El hombre somnoliento, quería con urgencia una respuesta, se arrepentía de haber involucrado, a alguien muy importante en su vida, en un caso de alto riesgo. Tratando de investigar, a un ser humano, el cual buscaba una escapatoria para saldar sus deudas. Aunque, la policía ya le estaba siguiendo la pista, de todas sus llamadas telefónicas, y demás correos electrónicos.

-Puede involucrarla porque no va ser de gran ayuda, ya que la joven trabaja en la empresa de él. – el hombre, al otro lado del celular, suspiró con resignación. – eso es lo que yo le propongo.

Samuel con la mirada perdida, en la oscuridad de la habitación, arrugó aún más las sabanas con su mano derecha. Necesitaba hablar con Andrea para plantearle las complicaciones de la situación.

-Estoy seguro, de que ella va a querer seguir con esto. Así que no puedo detenerla- se estaba quedando sin batería- esa mujer es testaruda... va a infiltrarse igual en el caso.

-Está bien, nosotros le garantizamos protección a ella y a usted- el hombre mencionó con satisfacción- gracias por su colaboración, señor Gallardo.

- ¡Adiós! – arrojó el celular a un lado de la cama.

<< Si es posible, me la llevo ahora mismo, muy lejos de esta maldita ciudad.>>

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Unos días después, Andrea se resignaba a tomar un taxi en plena avenida parisina. Con la mano extendida detuvo uno al instante. Cuando se dispuso a subirse, alguien desde el otro lado, también lo hizo. A la vez, sin darse cuenta la joven, del atrevimiento de ese muchacho adelantado por la motivación de ganar un lugar.

Al encontrarse, ambas miradas, a la joven le dio ganas de arrojarse del auto en marcha. Miró al conductor del vehículo, pero éste sólo se dispuso a preguntar la dirección del lugar, hacia a donde querían ir.

-A mi déjeme, unas cinco cuadras, más adelante- miró a Andrea para que también indicara algún sitio en especial.

- Lléveme hacia "Guanipa S.A" - trató de esquivarlo con la mirada, no se disponía a pronunciar ninguna palabra, cuando el hombre pelinegro le palmeó el brazo.

- ¡Tanto tiempo, Andreita!

La joven al escuchar, después de mucho tiempo, ese seudónimo. De inmediato, se sintió otra vez asqueada, por el tono que siempre utilizaba con dicha palabra.

-¿Qué haces aquí, Leonardo Montalvo?

- Disfruto otra vez de la vida- trató de captar su atención- sabes que la vida da segunda oportunidades- Leonardo mencionó con una gran sonrisa.

- ¿Por qué lo dices? - preguntó, con intriga, por dicha confesión instantánea.

- Porque hasta hace unos días... yo no lo creía- la miró a los ojos para incomodarla con su oscura mirada- la vida me dio, esa anhelada esperanza, de la cual creía ya olvidada. Además, ahora me siento mejor motivado para algunos asuntos.

Andrea no logró comprender su delirio inspirador. El vehículo ya se estaba acercando, a la quinta cuadra, la cual había mencionado Leonardo. Al detenerse, él entabló unas últimas palabras con la joven.

-¡Nos vemos pronto, Andreita- se bajó del coche.

Acelerando el paso, se despidió del chófer,  palmeándole el cristal de la ventanilla. Éste al bajarla, se disponía a cobrar por el viaje.

-¡Señor, me tiene que pagar! – gritó en la distancia, cuando el joven se alejaba unos metros.

-¡Paga mi prima Andrea del Junco! – mencionó, riéndose, Leonardo Montalvo.

El taxi continuó su trayecto, pero en plena marcha hacia la empresa  Guanipa S.A. El taxista agotado mencionó.

-¡Señorita!- se volteó a observarla- usted me pagará el costo del viaje, de su primo, en taxi.

Andrea, estupefacta, levantó la mirada de su celular.

-¡No es mi primo! El muy canalla me dejó con la cuenta.

CONTINUARÁ...

Notas de la autora: 

Hola, disculpen realmente la demora, no era mi intención. Es muy difícil de explicar, pero les digo que sufrí un bloqueo literario a causa de unas cosas que me ocurrieron los últimos meses. Les deseo una feliz navidad. También un gran comienzo de año nuevo. Mi meta para el próximo año es  terminar con esta historia, en la cual ustedes me apoyaron, desde el principio. Saludos y gracias por el apoyo. 

Envolviéndome en tus brazosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora