1. Yuuichiro Ichinose

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En la actualidad:

Yuuichiro vivía con sus padres en una casa moderna de dos pisos y muy espaciosa.
Allí la rutina era siempre la misma: lo despertaban, iba al instituto, de vez en cuando quedaba con los amigos y volvía para la hora de la cena.

No estudiaba demasiado, lo que hacía que su padre Guren estuviera siempre de mal humor con él. Sin embargo, su otro padre, Shinya, lo intentaba animar para que estudiara, aunque fuera un caso perdido. Y es que Yuuichiro estaba ya cansado de que siempre pasara lo mismo. De que todos los días fueran igual. Aún así, esa última semana no había podido dormir bien debido a un sueño que le llevaba rondando la cabeza.
"Yuu-chan" decía. El azabache no sabía lo que pasaba ni quién o qué lo llamaba en el sueño. Y, la verdad, tampoco le importaba.

Al fin se consiguió dormir.
Aquella noche acabó y se hizo de día.

- Vamos, cariño, despierta que ya es de día - susurraba una voz amable y cálida en su oído -.

- Buenos días mami Shinya - respondió aún frotándose los ojos -.

- Hola, Yuu-kun. Ven abajo, vamos a desayunar. Hoy he hecho tortitas con nata.

- Vale, ya voy.

A Yuuichiro le encantaba cuando su "madre" era la que le despertaba. Siempre era cariñosa y tenía paciencia con él, al contrario que...

- ¡Shinya! ¡¿Se ha despertado ya el capullo de nuestro hijo?! - gritó el padre desde su despacho -.

- Sí, cariño. Y no hace falta que grites, que me entero igual.

- Buenos días a ti también, Guren - dijo el azabache bajando las escaleras hacia la cocina -.

- Venga, rápido o llegarás tarde al instituto - advirtió Sinya -.

Yuuichiro engulló las tortitas, se aseó, se vistió y se puso en camino hacia lo que parecía que iba a ser un día normal. Sin embargo, no lo era...

Iba en el coche de Guren, quien lo llevaba de mala gana cada día al instituto. Aparcó en la puerta, se despidió de su hijo y se fue.

Yuuichiro estaba caminando hacia la entrada cuando un ser maléfico se abalanzó sobre él. Era Shinoa Hiragi, la hija del director y la mejor amiga del moreno. Aunque su relación no era precisamente de cariño o afecto, se llevaban bien.

- ¿Qué pasa, te has pasado toda la noche viendo porno en el ordenador? ¿O has estado hablando con tu querida Akane por teléfono? Tienes unas ojeras que dan miedo - dijo Shinoa rodeando el cuello de Yuuichiro con su brazo mientras caminaban -.

- Calla. No he podido dormir. Otra vez la puta pesadilla esa.

- Vaya, ¿en serio? - preguntó notablemente desinteresada -.

- Sí, lo que pasa es que no logro recordar el rostro de quien me llama en el sueño.

- Puede ser alguien de tu infancia, de cuando estabas en el orfanato - añadió Shinoa -.

- No, no creo. Sabes que no recuerdo nada de aquella época y, sin embargo, la cara de esa persona me resulta tan...familiar...

Sin darse cuenta, habían llegado a su clase y ambos se encontraban de pie frente a su escritorio, esperando la llegada del profesor.

- Hola Yuu-kun - saludó un chico de pelo castaño que se sentaba a la izquierda de éste -.

- Buenos días.

Era Yoichi, uno de los amigos de Yuuichiro. Dos asientos detrás suya se encontraba Kimizuki, otro de ellos.

Shinoa se sentaba en primera fila, un asiento delante de Yuuichiro. Ella estaba a la izquierda de Mitsuba, la delegada de la clase a la que se dedicaba a acosar.

- Buenos días, clase - saludó cordialmente la delegada al entrar por la puerta -.

- Vaya, vaya, vaya, Mitsu-chan. ¿Soy yo o cada día estás más buena? - comentó Shinoa -.

- Cállate, pervertida - respondió Mitsuba, notablemente ruborizada - El profesor me ha pedido que le ayude porque va a venir un alumno nuevo. Yo me encargaré de las presentaciones y de que se encuentre cómodo en clase. Iba a venir hoy, pero se encuentra mal así que han retrasado todo hasta mañana.

- Vamos, que mañana viene un chico nuevo - aclaró Kimizuki -.

- Exacto. Y más os vale que se encuentre a gusto, porque si no os vais a enterar - dijo con tono desafiante -.

- Hay que ver lo bien que te sienta el estar seria. Realza mucho tus ojos...y tus pechos... - comentó Shinoa -.

- ¡Te juro que algún día te mato, tabla!

A pesar de todo, tanto Mitsuba como Shinoa eran buenas amigas. Ambas salían a menudo con Yoichi, Kimizuki y Yuu a tomar una hamburguesa, a alguna que otra fiesta e incluso a veces se quedaban a dormir en casa de Shinoa, ya que sus padres casi nunca se encontraban allí.

El timbre sonó, anunciando el recreo.

- Oye, ¿qué os parece si esta tarde venís a mi casa y pedimos pizza? - sugirió Shinoa -.

- Por mí bien, no tengo nada que hacer - respondió Yoichi - ¿Y tú Kimizuki-kun?

- Vale, supongo que podré ir.

- ¿Mitsuba?

- Sólo si dejas de acosarme en medio de la clase.

- ¡Hecho! Te acosaré antes y después de las clases. ¿Y tú, Yuu-kun?

- Lo siento, pero creo que paso - respondió - Esta tarde he quedado con Akane para ir al cine.

- ¿Otra vez con esa guarra? Madre mía qué ganas de sufrir que tienen algunos... - soltó Shinoa -.

- Bueno, creo que me gusta. Además yo le gusto mucho a ella, así que no hay nada más que decir.

El timbre volvió a sonar, dando por finalizado el recreo.
Las horas pasaron y las clases restantes terminaron.
Sonó la sirena una última vez, anunciando que era hora de irse.

En cuanto Yuuichiro llegó a su casa, comió, se encerró en su habitación, se echó encima de su cama y descansó las horas de sueño que no había podido conciliar por la noche, preparándose así, para lo que le venía encima por la tarde.

Creo que te Amo...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora