13. Receso

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- ¿Qué? - me preguntó mi madre - ¿Qué te ha hecho ahora ese niñato?

- ‎¡No lo llames así! - respondí casi sin pensar, aunque en el fondo no le faltaba razón -.

- Por el aspecto que tienes deduzco que no te has ido del instituto porque te encontrabas mal - dijo cambiando su expresión a una más amable - ¿Te ha insultado? ¿Es eso?

- No, mamá - respondí, ya calmado - No me ha insultado.

- ‎¿Entonces? - preguntó aún más interesada - ¿Es que está molesto por no haber podido ser el activo?

- ‎¡¡¡MAMÁ!!! - grité mientras sentía cómo se encendían mis mejillas. ¿Cómo sabía lo que había hecho con Yuu? A ver, nos dejaron solos en casa precisamente para que lo hiciéramos, pero no pensé que realmente nos creyeran capaces de tal cosa. ¿Qué madre en su sano juicio deja a su hijo solo con su pareja para que tengan sexo? Además, ¿de dónde sacaba que precisamente yo había sido el activo? -.

- Bueno - interrumpió mis pensamientos - Sea lo que sea no creo que lo haya hecho con mala intención - dijo mientras se acercaba a las bolsas que había traído del supermercado para empezar a vaciarlas -.

- Lo sé... - mascullé entre dientes. Estaba en lo cierto. No creía que Yuu lo hubiera hecho porque se arrepintiera de nada, pero me había dolido mucho - M-Mamá - titubeé - ¿M-Me ayudarías a vengarme de Yuu?

- ¿A qué te refieres con eso? - preguntó extrañada -.

- ¿Podrías cubrirme y hacer como si tuviera novio? ¿O hacerme desaparecer un tiempo para que Yuu vuelva arrepentido? ¿O fingir mi muerte?

- Mira, hijo - dijo mi madre dejando las bolsas de nuevo en el suelo - Esto no funciona como en los animes que ves. Si de verdad quieres que vuestra relación vaya en serio debes poder decirle lo que piensas a la cara sin andarte con venganzas, celos ni muertes fingidas.

Una vez más, tenía toda la razón. Si no podía decirle lo que sentía a la cara, ¿de qué servía que estuviéramos saliendo?

- ¡Gracias, mamá! - dije mientras corrí hacia ella, le di un beso en la mejilla y salí de casa, cerrando la puerta tras de mí -.

Me encontraba corriendo a más no poder por las calles, camino a la casa de mi novio.

¡Qué bien sonaba eso! "Mi novio". Desde luego no planeaba perderlo por una tontería como esa.

- ¡¡¡ME NIEGO A PERDERTE!!! - grité lo más alto que pude mientras seguía corriendo, con más ganas que nunca de ver a Yuu. Quería decírselo todo. Quería decirle que era un imbécil por negar nuestra relación delante de todos. Quería saber si aún me quería, si era verdad todo aquello que me dijo cuando estábamos tumbados en la cama, sintiéndonos el uno al otro. Quería ser el único en su vida, ya que él era el único en la mía -.

Absorto en mis fantasías, llegué a casa del moreno antes de lo esperado. Jadeando por la carrera, llamé al timbre esperando con ansias una contestación.

- ¿Sí? - dijo un hombre mientras abría la puerta. Era Guren. Se quedó unos segundos observándome de arriba a abajo, extrañado. Luego espabiló - H-Hola Mika, ¿qué haces aquí?

- Q-Quiero hablar con Yuu - solté de una vez -.

- Está bien, pero... Sabes que aún está en el instituto, ¿no?

¡Mierda, era cierto! ¡Aún no habían acabado las clases! Con la emoción del momento no me había parado a pensar.

Por culpa de eso, ahora me encontraba en silencio, delante de mi suegro en una situación algo incómoda.

- ¿Quieres pasar? - me preguntó, haciéndose a un lado para dejarme paso - Puedes esperar a que Yuuichiro vuelva si quieres.

- G-Gracias - dije lo más educado posible, adentrándome lentamente en la casa -.

Creo que te Amo...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora