3. Hogar dulce hogar Part. 1

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—Eso es todo señoras y señores—la sonrisa de Dalí reflejaba diversión—. Ahora... Hannia—me llamo—. ¿Podrías pasarme la botella de vino?, por fa

—No

— ¿Por qué no?—. Hizo un puchero

—Porque eres una maldita borracha—sonreí mirándola por el retrovisor.

Me enseño la lengua haciendo una mueca

—No importa—metió la mano bajo su asiento, sacó tres botellas—. Aquí tengo—por lo que pude ver, una era cerveza, otra vino y la última vodka.

— ¿De dónde sacaste eso?—Arantza frunció el ceño.

—De la fábrica—se encogió de hombros—. Me las robé.

— ¿Por eso estabas en la puerta trasera?— Pregunte incrédula—. ¿Por qué te acababas de robar tres botellas y las habías metido en el carro?

—Si—sonrió– ¿Quieres?

—No, gracias.

—Yo si—Arantza le arrebató la botella de cerveza.

— ¡OYE!, esa era mía.

—Era— tomo un sorbo—. Tiempo pasado.

— ¿Quieren dejar de pelear?—Diana tenía una Tablet entre las manos.

— ¡NO!—dijeron al unísono.

Rodeé los ojos, con un movimiento brusco pise el freno

—Mierda, Hannia—mire a Arantza—. Me hiciste derramar mi cerveza.

Diana y yo soltamos una carcajada, mientras que Dalí se sobaba la frente.

—No es gracioso— se quejó Paola—. Me cayó a mi casi toda—Tenía la cara empapada y se sacudía con las mano, reímos aún más fuerte.

—Eso te pasa por quitarme MI cerveza—Dalí señalo a Arantza, remarcando el "mi".

—No es tuya.

—si lo es, yo la robe, por lo tanto se convierte MIA.

—Pero TÚ me la ofreciste.

—Claro que no, le ofrecí a Hannia, pero a ti no...

— ¡Ay! Por Dios—Dijo Diana mientras se pasaba al asiento del copiloto—Hay días en los que no soporto estar ni dos segundos con esas dos.

—Te acostumbras con el tiempo—Me encogí de hombros, seguí conduciendo hasta llegar a una avenida casi desierta.

—Como sea— hizo un ademan con la mano—. Tengo que mostrarte algo— Colocó la Tablet sobre sus piernas y oprimió un botón, la imagen de la estructura de la fábrica se proyectó sobre esta en un tono azulado, amplió la imagen—. ¿Ves esto?—asentí—. Es el laboratorio, están creando sustancias muy raras, hasta donde se no son toxicas pero hay que analizarlas.

—Muy bien.

—Hay algo más—movió la imagen—. Aquí... Están creando motores súper potentes y ligeros a la vez.

— ¿Qué tan potentes?

—5 veces—me miró.

—Hazte para allá—Paola se sentó entre Diana y yo, tenía un maletín pequeño color metálico—. Miren esto—sacó dos jeringas de aproximadamente cinco centímetros de diámetro, uno tenía un líquido verdoso y otro azul ambos espesos.

— ¿Qué es eso?— pregunté.

—Esto—dijo agarrándolas—. Son uno de sus experimentos, necesito llegar al laboratorio para terminar de analizarlas.

—Muy bien, pero primero... Cámbiate de ropa—Diana la señalo de arriba abajo.

— ¿Por?

—Hueles a cerveza—conteste arrugando la nariz sonriendo divertida.

—Agh, gracias a Arantza.

—De nada— gritó divertida.

—Arantza, callate— dije.

—Uy!—su voz mostró aburrimiento.

Giré la cabeza hacia Paola.

—¿Cómo es que conseguiste eso?.

—No se si te acuerdas que estaba en el segundo piso.

—Si.

—... Y que estaba atrazada.

—Ajá.

—Pues estaba en el laboratorio... Hasta que me descubrieron.

—Por eso sonó la alarma.

—Si— se rasco la nuca alargando la "i" con un tono de voz apenada—. Lo siento.

—No hay problema, solo más cuidado porque... ¡Casi me matan!.

—Pero si saliste viva— se defendió.

—Gracias a Dalí.

Los brazos de Dalí salieron detrás del asiento de Paola, abrazándola por el cuello.

—Asi es amiga— sonrió.

Di vuelta en una esquina más poblada, sólo unos minutos más y estaremos en casa– pensé.

Me moría de ganas por estar en mi cuarto, comer pizza, escuchar música, leer mis libros, tener a Heltrudys en mi regazo y lo más importante... Dormir.

—¡¡¡Tengo hambre!!!— se quejo Dalí.

—Yo igual —podia saborear la rebanada de pizza recién hecha, el queso derretido y el sabor salado del peperoni.

—Ustedes siempre tienen hambre— se quejó Diana.

—SI— dije con orgullo.

—Comeremos llegando a casa— contestó Paola.

—Claro—contestó Arantza con obviedad.

—Pero yo quiero comer ahora— juraría que Dalí se iba a poner a llorar si no comía algo.

—Tienes tus chelas— replico Diana.

—No es lo mismo... Y ya no tengo.

—¿Te las has acabando?—Paola tenia los ojos abiertos como platos.

—No.

—¿Entonces?.

—Preguntale a Arantza.

Mire a Arantza por el retrovisor, tenía una sonrisa traviesa en la cara.

—¿Que?— preguntó.

—Dime que paso— respondí.

—Ah!... Una se derramó en la cara de Paola, otra se rompió al intentar quitársela a Dalí y la otra... Salió volando por la ventana— sacó la cabeza— y el conductor me acaba de mentar la madre.

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Holi*w*is

Capítulo corto lo sé, pero quiero dejar en sus pensó donde es su hogar.

Espero subir la segunda parte pronto.

Gracias por leer :)

por cierto Heltrudys se pronuncia con G

Experimento Secreto (Pausada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora